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La solidaridad como una ética para salir adelante

LA SEMANA PAMPEANA

I – Hoy se abrirán los períodos de sesiones en los tres niveles institucionales. El presidente Alberto Fernández lo hará primero en el Congreso, luego lo hará el gobernador Sergio Ziliotto en la Legislatura y finalmente el intendente municipal Luciano di Nápoli hará lo propio ante el Concejo Deliberante. Serán tres versiones de un mismo proyecto político que el pasado año logró imponerse en las elecciones en los tres niveles luego de cuatro años en el que los dos extremos, el nacional y el municipal, fueran dirigidos por la derecha autóctona y sus aliados radicales.
II – En el corto lapso de poco menos de tres meses, el presidente tiene para mostrar una larga lista de decisiones encaminadas a reparar la matriz distributiva regresiva que caracterizó al gobierno de Mauricio Macri así como la recuperación de instrumentos de desarrollo social que no dejan dudas que se trata de un gobierno que presta atención a las mayorías. En este lapso se ha recuperado el consumo de alimentos básicos como leche, pan, carne y verduras y se ha recuperado la dignidad nacional encarando una negociación de la deuda externa asfixiante tomada por el macrismo, que deja en claro que no se va a pagar a costa del hambre de la población como hasta ahora.
III – La inyección de dinero en la base de la pirámide con la nueva pauta de aumento a jubilados, los aumentos a las asignaciones y la tarjeta alimentaria se vio complementada con la iniciativa de terminar con las jubilaciones de privilegio de la corporación judicial y de aumentar impuestos y tarifas a los sectores que pueden hacer ese esfuerzo. Sobre el fin de semana se aprobó la ley de góndolas que permitirá una mayor competencia y una mayor participación de pymes y de pequeños productores de alimentos en la oferta de productos a los consumidores. El impuesto sobre los gastos en divisas llevó a una temporada de vacaciones récord con una ocupación hotelera y hasta de los camping que excedió por muchos a la de años anteriores. Resta mucho aún para recuperar el movimiento económico que heredó Macri en 2015 y destruyó, y falta mucho más para encaminar los pagos de la deuda que tomó irresponsablemente para crear una falsa primavera electoral en 2017 que terminó en la debacle unos meses después de su triunfo electoral.
IV – (La historia recordará la elección de 2017 como la más cara de la historia argentina: más de 100 mil millones de dólares tomados a intereses altísimos y a plazos de hasta ¡100 años! de los cuales 88 mil se fugaron por el sistema económico delincuencial del carry trade que idearon para crear la ilusión de que todo estaba bien aunque bajo la superficie el volcán estaba a punto de erupcionar).
V – Pero está claro para la mayoría de la población que hay un gobierno que, a diferencia del macrismo que solo miraba a los sectores concentrados del poder económico, ahora presta atención a sus habitantes de a pie empezando por los más necesitados. Es, aunque no se ha expresado de esa forma, una forma de hacer honor a la prédica de Raúl Alfonsín que intentó sin éxito imponer una «ética de la solidaridad» para salir de la crisis de la deuda con la que debió luchar todo su gobierno. Esa ética de la solidaridad es la que adoptan naturalmente como herramienta de subsistencia los sectores más postergados organizándose como cooperativas, pero es también la que resisten los sectores más beneficiados de la economía que se niegan a pagar impuestos y amenazan con cortes de rutas.
VI – Los anuncios que se esperan para este inicio del año legislativo nacional van en ese sentido. La ética de la solidaridad que emana de las medidas que el gobierno del Alberto Fernández toma cada día preocupado como está por restaurar un equilibrio perdido en la balanza de la distribución de la riqueza, debería contar con la simpatía de los que admiraron, dentro y fuera del partido radical a Raúl Alfonsín y, por lógica, con el rechazo de los sectores que erosionaron su gestión. Paradojalmente, si se piensa con perspectiva histórica, la continuidad de aquél primer gobierno suyo de recuperación democrática, no puede rastrearse en ninguna de las dos gestiones que su partido protagonizó con De la Rúa primero y con Macri más recientemente. Ambos fueron lo contrario al pensamiento alfonsinista y, en cambio, sí lo fueron en buena medida, los que hoy intentan imponer sin decirlo su prédica de la ética de la solidaridad como fórmula para sacar al país adelante. (LVS)