domingo, 22 septiembre 2019
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La sombra de Portezuelo

El interés de dos gigantes de la producción vitivinícola para producir en la zona bajo riego pampeana seguramente traerá a la memoria de los más veteranos los grandes cambios que se han producido en aquella región desde los lejanos inicios de la explotación de las aguas del río Colorado bajo la modalidad de la «colonización social». Las profundas transformaciones económicas que se registraron en el país y en el mundo, más algunos problemas propios en la planificación y ejecución del Estado provincial, hicieron que aquella forma de encarar el uso de las aguas del río fuera superada. Hoy las innovaciones tecnológicas, las grandes inversiones necesarias y la escala requerida para hacer rentable una actividad exigen un enfoque diferente.
Es innegable que esta posibilidad que aparece en el horizonte productivo es una buena noticia pues permitirá sumar nuevas superficies de laboreo a las explotaciones ya en marcha. Si además se considera el arribo a la zona de 25 de Mayo de un emprendimiento industrial de gran escala para abastecer a la actividad petrolera, se puede decir que en aquella «lejana» región del oeste comienza a vislumbrarse la tan ansiada, como demorada, diversificación productiva.
Pero hay un factor que no puede dejar de considerarse con inquietud. Se trata de, nada menos, el agua. El río Colorado está atravesando un período de bajante desde hace varios años en coincidencia con un fenómeno climático más extendido y que afecta a todas las cuencas que nacen en los Andes en estas latitudes. Es un desequilibrio natural que, cabe esperar, sea superado en un tiempo prudencial. Sin embargo los pampeanos tenemos otro motivo de preocupación, y nada menor, porque no es de carácter natural sino político: el embalse de Portezuelo del Viento.
Mendoza viene empujando ese proyecto a pesar de los serios cuestionamientos que nuestra provincia ha planteado. Con el apoyo incondicional del gobierno nacional y del comité de cuenca del Colorado -el Coirco- los cuyanos han logrado imponer su punto de vista en un proyecto que presenta innumerables objeciones: la generación de energía está muy sobreestimada, el costo de generación será el más alto del país y la falta de un dique compensador será extremadamente negativo aguas abajo porque no permitirá una regulación racional de los caudales para atender las demandas ambientales, agrícolas y de consumo humano.
La postura firme de La Pampa al presentar en todos los niveles políticos sus objeciones no ha sido acompañada por el resto de las provincias que integran la cuenca. La sumisión a las políticas nacionales las ha vuelto pasivas observadoras de un grave problema ambiental en ciernes. Todos conocen los antecedentes de Mendoza con relación al manejo de los recursos hídricos interprovinciales. La desertificación del oeste pampeano, producto del robo del río Atuel, es el mejor testimonio. Pero ni siquiera semejante calamidad ha convencido a las otras provincias, y a Nación, a reformular el proyecto.
La sombra de Portezuelo ya se extiende sobre toda la cuenca. Es de desear que proyectos de inversión tan interesantes como estos que se han anunciado contribuyan a sembrar un poco de cordura.