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La tercera ola llegó con fuerza

La tercera ola de contagios de coronavirus llegó con mucho más fuerza que las anteriores. Esta vez el foco estuvo en Catriló, la localidad que limita con la provincia de Buenos Aires que es la que tiene, por lejos, el mayor número de casos del país. El brote que se detectó días atrás en la población de Pellegrini, no habría evitado que algunos pampeanos desoyeran las recomendaciones de las autoridades sanitarias -y la prohibición expresa de salir o entrar de la provincia sin autorización- y tuvieran contacto directo con los vecinos bonaerenses.
El límite interprovincial está perforado por infinidad de caminos vecinales por donde, presumiblemente, pasaron los que se convirtieron luego en los importadores del coronavirus a territorio pampeano. Consultado en la conferencia de prensa, el gobernador no pudo disimular su molestia cuando señaló que no fue un problema de la policía -que controla las principales vías de comunicación terrestre- sino de quienes no asumen un compromiso social ni toman recaudos básicos ante una enfermedad tan contagiosa.
Lo cierto es que la cifra dada a conocer ayer por la mañana de doce nuevos contagios, además de la pareja catrilense que inició el foco, impactó entre los pampeanos. Luego se daría a conocer otro número inquietante: casi 80 personas están bajo vigilancia epidemiológica por haber entrado en contacto con los portadores del virus, entre ellos el intendente de Catriló.
Ante la magnitud del nuevo escenario que se instaló en la provincia las medidas restrictivas de protección social no extrañaron demasiado. Catriló volvió a la fase 1, es decir, el régimen más severo de aislamiento social, y el resto del territorio provincial se quedó sin reuniones familiares y sociales y sin gastronomía, con excepción de las compras con envíos domiciliarios. En cambio las recientemente habilitadas actividades turísticas -con la salvedad de las visitas al Parque Luro- quedaron de pie.
Entre las autoridades sanitarias locales y nacionales existe la convicción de que son las reuniones sociales y familiares las principales difusoras de la epidemia. No son pocas las personas que, por descuido o negligencia, se resisten a incorporar los hábitos de cuidado imprescindibles para tener a raya a un virus tan agresivo como el que hoy tiene a mal traer a toda la humanidad.
En nuestra provincia no estaba descartada en absoluto la posibilidad de nuevos episodios de contagio. La ubicación geográfica de La Pampa en el centro del país, como zona de paso lindante con jurisdicciones que tienen alta circulación de la enfermedad, tornaba altamente probable este escenario. Las investigaciones sanitarias, como las que seguramente iniciará la Justicia, determinarán la forma en que esta vez ingresó el virus a nuestra provincia. No se trata de fomentar la persecución o el afán punitivista sino de ajustar los procedimientos sanitarios defensivos y mejorar los niveles de conciencia y solidaridad social, aunque también de deslindar responsabilidades penales si las hubiere.
La salud pública es un bien supremo, y no puede ponerse en riesgo con apelaciones exaltadas a las libertades individuales.