La torre en llamas advierte acerca de otro terrorismo

DOMINICALES

La torre de Londres que ardió en una trágica madrugada ha agregado al horror el hecho de que todavía hoy se desconoce a ciencia cierta el número de víctimas fatales. En la mañana del pasado viernes ya se contaban treinta muertos, pero seguía habiendo “desaparecidos”.
No era un edificio en torre espectacular. Tenía 27 pisos, pero ya sumaba años desde su construcción, tanto que fue objeto de una actualización para superar deterioros y deficiencias que venían siendo denunciadas por los inquilinos, todos ellos personas de limitados recursos. Incluía a un número considerable de sirios de la más reciente inmigración. Un detalle que destacaron algunos medios fue que la mayoría de los vecinos que acudieron primero a prestar auxilio en la trágica madrugada, eran de ascendencia árabe.
El alto de esta construcción era más bien modesto si se lo compara con las torres que hoy compiten en altura, en particular las que construyen los países árabes ricos en petróleo y gas, entre ellos Qatar, el más pequeño en territorio y el más rico del mundo, según una estimación. Es difícil de imaginar qué pasará con tanta fastuosidad una vez que se agoten los hidrocarburos o que sean reemplazados antes de su agotamiento por el uso de la electricidad y otros medios no contaminantes.
Lo que puso en evidencia la torre londinense fue el grado de riesgo que suponen estas construcciones cuando no tienen un control estricto en materia de seguridad. Esta construcción ardió en su totalidad, al parecer porque en un arreglo de hace pocos años las paredes interiores fueron recubiertas con una pintura plástica, cuya combustibilidad explicaría la velocidad de la propagación del fuego. “Creíamos que habían puesto una lámina de metal, pero el fuego y el olor del humo revelaron que lo que se quemaba era plástico”, según el relato de una mujer sobreviviente.
El gobierno londinense y el del Reino Unidos soportan ahora una andanada de críticas porque su política de extremar la reducción de los gastos en seguridad se ha terminado pagando con esta tragedia.

Qatar.
Se da una situación curiosa en este país, que es el más rico pero que debe importar casi toda la alimentación necesaria para su población. Le sobran recursos para comprar, pero si la hostilidad que ahora le manifiestan Arabia Saudita, Egipto y varios emiratos, extrema el aislamiento, pueden aprovechar este tendón de Aquiles para imponerse a la autonomía con que se maneja el reino catarí en sus relaciones exteriores.
Cuando estalló este conflicto entre países árabes, la pregunta era qué haría Estados Unidos. Podía ser que el presidente Trump hubiese aconsejado esta acción contra Qatar, pero también había que tener en cuenta que USA tiene una importante base aérea en la capital catarí, con la que controla vuelos y navegación de toda la región. Esta semana se supo que ha cerrado negocio con Qatar para venderle una flota de aviones de caza F-15. Pocos días antes, se había acordado entre Trump y el gobierno saudita la venta de buques de guerra y todo tipo de armamentos por un monto de 30 mil millones de dólares.
La explicación puede ser que USA quiere tener como aliados a los países árabes, pero no halla conveniente permitir que uno de ellos se torne demasiado fuerte. En todo caso, el compromiso principal de Estados Unidos en esa región es con Israel y a este estado tampoco le puede interesar que los países mahometanos adquieran fuerte predominio en Medio Oriente.

Putin.
El presidente de Rusia está completando su tercer mandato. Para renovarlo tiene que acudir a la elección a realizarse en marzo de 2018.
El gobierno ruso actual no se maneja como en los tiempos de Stalin. Putin convocó la pasada semana a una reunión con la prensa y con representantes de varias regiones de ese inmenso país y soportó todo tipo de preguntas, muchas verdaderamente insidiosas. Las pasó por alto y dijo lo suyo sin anticipar si será candidato otra vez.
Rusia es un país rico y fuerte, pero no toda la población tiene un nivel de vida aceptable.

Libro.
En estos días, en Internet, se hace mucha propaganda a un libro del norteamericano Jim Richards, ex asesor de la CIA. Se titula “La gran caída” en su versión en nuestra lengua. No se trata de un relato histórico. La gran caída a que hace referencia se estaría produciendo en nuestros días y se agudizará, con perjuicio principal para las naciones que han contraído fuertes deudas. Esta “gran caída” está motivada principalmente por la Reserva Federal de Estados Unidos al subir los tipos de cambio.
Jotavé