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La universidad resiste en la calle

«El límite del ajuste es la capacidad de resistencia de los ajustados». La frase pertenece al economista y exdiputado nacional Carlos Heller y parece estar poniéndose a prueba en la Argentina de nuestros días. El gobierno nacional, prisionero de su vendaje ideológico y de la ya notoria ineptitud de sus funcionarios para dirigir la economía del país está sometiendo a un ajuste brutal a todos los que no pertenecen a la elite de los grandes empresarios. Ni siquiera los sectores más postergados o necesitados de la sociedad escapan a esa tarea de demolición de derechos que, bajo la mirada vigilante del Fondo Monetario Internacional, se ha impuesto realizar el macrismo con energía digna de mejor causa.
Hasta las personas con discapacidad están sufriendo la vulneración de sus logros como lo expresaron a viva voz frente al Congreso de la Nación. La postal de esa movilización, que los medios de comunicación porteños prefirieron ocultar, fue la muestra más elocuente de la ausencia de sensibilidad del gobierno. Hay más de cien mil chicos y adultos con discapacidad afectados porque se adeudan las pensiones desde hace seis meses e incluso hay compromisos impagos que corresponden al año pasado.
Pero en donde la movilización popular alcanzó una respuesta mucho más contundente fue en la lucha por la defensa de la universidad pública. En todo el país las plazas y calles fueron el escenario de enormes concentraciones que resultaron imposibles de ignorar. Hasta la prensa oficialista -que viene ocultando o minimizando la protesta social creciente- tuvo que hablar de esas marchas que, solo en Buenos Aires, reunió a centenares de miles de estudiantes, docentes, no docentes y ciudadanos identificados con el reclamo.
La Pampa no estuvo ajena a esa efervescencia y su capital mostró un torrente humano muy numeroso circulando por sus calles. La tradición movilizadora de la universidad pampeana volvió a ponerse en evidencia para sumarse a una protesta que alcanzó dimensiones extraordinarias y debería ser un toque de atención para el gobierno que ajusta salarios y presupuestos sin reparar en sus consecuencias.
La universidad pública gratuita y laica tiene un significado muy especial en Argentina. No solo porque es el país que generó, hace exactamente cien años, la Reforma Universitaria, un hito reconocido en todo el mundo, sino porque ha sido el motor que posibilitó un crecimiento económico, intelectual y espiritual de la sociedad de este país como en casi ningún otro lugar. Por eso, ante esta agresión de un gobierno de derecha y neoliberal, la reacción ha sido tan decidida y multitudinaria. No están solos estudiantes, docentes y no docentes en su lucha. Hay una sensible mayoría de los argentinos que los acompaña. Y es eso lo que se vio el jueves en todas las ciudades del país en donde existe una sede universitaria.
Quizás aquellas palabras del exdiputado Heller hayan comenzado a cristalizar con esta defensa activa de la universidad pública. No sería de extrañar porque es una bandera que identifica a los argentinos como muy pocas otras.