La vice atrasa

Las recientes declaraciones sobre el aborto de la vicepresidenta Gabriela Michetti provocaron un temporal de indignadas réplicas desde los más variados sectores. Es que al ser preguntada respecto a la posibilidad de que las mujeres víctimas de violación pudiesen acceder al aborto legal la respuesta fue tajante: “No. Lo dije claramente siempre. Lo podés dar en adopción, ver qué te pasa en el embarazo, trabajar con psicólogos, no sé”.
Además de mantener una cerrada posición en contra del derecho de las mujeres, la vicepresidenta ha decidido ignorar que desde 1921 el Código Penal establece lo contrario a su forma arcaica de pensar. Pero donde la ausencia de sensibilidad de la funcionaria alcanzó un límite inaudito fue cuando expresó que “entendía” el dolor ante esos casos pero lo comparó con “tantos dramas en la vida que uno no puede solucionar”; y remató: “no me parece que porque exista ese drama, digamos que a uno se le terminó la vida. O sea, podés dar en adopción el bebé y no te pasa nada”.
Esas palabras revelan un nivel de insensibilidad que no pasó desapercibido en las numerosas respuestas que merecieron, pero además quedó claro que su postura está en sintonía con lo que expresara una legisladora de su mismo espacio político durante la discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo en la Cámara de Diputados: “cuando una mascota queda preñada enseguida salimos a buscar a quién regalarle los perritos”.
El pensamiento reaccionario puede manifestarse de diversas formas, sin embargo pocas veces alcanzó estos niveles de brutalidad que ahora expresa nada menos que la vicepresidenta de la Nación.

México se rebela
A la homogeneidad política instalada en América Latina por el neoliberalismo le están apareciendo síntomas extraños. Por un lado el visible fracaso económico de los gobiernos de ese signo en Argentina y Brasil con la consecuente agitación social, y por otro la reciente elección en México de Andrés López Obrador, un hombre identificado con una orientación política popular, moderada aunque comprometida con la equidad social.
No es poca cosa. En principio porque se trata de una país que, aunque fuerte en sus posibilidades, siempre debió lidiar con la influencia poderosa de los Estados Unidos. México fue el primer país del mundo en producir una gran revolución por la tierra, prontamente neutralizada por las fuerzas reaccionarias comunes a toda América. Salvo excepciones su Partido Revolucionario Institucional -notable contradicción en su propia denominación- siempre fue condicionado por su vecino, que puso su mirada en los cuantiosos recursos naturales mexicanos y, de paso, le robó una enorme porción de su territorio, alrededor de un millón de kilómetros cuadrados.
El nuevo presidente, que logró un triunfo contundente al obtener el 53 por ciento de los votos, ha provocado inquietud en Washington desde donde el poder financiero global, y cuando todavía restan varios meses hasta la asunción del mandato, le ha lanzado advertencias para que no se atreva a tocar las ataduras que ligan al país al FMI desde hace años. En su primer discurso López Obrador dijo que no traicionará sus promesas; es claro que el vecino del norte hará lo imposible por impedírselo.