La expectativa de vida no deja de crecer y se acelera

La duración promedio de la vida humana no deja de crecer. Podría decirse que esto sucede “a pesar de todo”.
¿Cómo puede ser así si vimos que nunca deja de haber guerra en uno o más lugares de la de la Tierra que tienen población humana estable? Y cuando ahora que hay pueblos enteros que dejan sus tierras tradicionales, ya porque han perdido toda fertilidad, ya porque los grupos dominantes en ellas han generado condiciones insoportables. Y cuando sabemos que son cientos de millones los humanos que padecen hambre crónica.
Sin embargo, las estadísticas confiables de las Naciones Unidas (OMS y otros organismos mundiales) dicen que cada vez hay más habitantes, que son más los que nacen y sobreviven y más es la duración promedio de la vida de varones y mujeres. Y que, además, mejora la posibilidad de vida de los recién nacidos y que decrece el impacto de las enfermedades.
Se recordará que en el soneto satírico de Trilussa se marca el engaño que encerraría la estadística. Pueden decirnos, según Trilussa, que según la estadística anual nos toca un pollo y medio cada mes y que si el pollo en nuestra mesa no se hace presente, entramos en la estadística igualmente “porque hay alguno que se come tres”. Claro: la estadística no dice que hubo un pollo y medio por año en cada mesa de los vivientes. Se trata del promedio anual, que prescinde del individuo de carne y hueso. En todo caso, es lo que podría tener si el reparto fuese igualitario. La estadística de expectativa de vida expresa un promedio del tiempo medio de vida.
El promedio del que informa la estadística es una abstracción, pero siempre nos administramos reduciendo la realidad a abstracciones y tales números dan cuenta real de si hay avances o retrocesos. No se ocupan de las realidades diferenciales; lo que quieren decir y dicen es si esas abstracciones matemáticas aumentan o disminuyen o se mantienen sin cambios.

Diferencias
De todas maneras, las estadísticas de población no ocultan las diferencias. Por ejemplo, dicen que el término medio de vida en todo el mundo aumentó en seis años entre 1990 y 2012 (veintidós años). Que la tasa de niños que mueren al nacer se redujo en un 50 por ciento en el mismo lapso. Que siguen naciendo más mujeres que varones, que las mujeres nacidas en el mundo en 2012 pueden esperar vivir 73 años y los varones 68. Y dicen que en la Argentina esas cifras, también expresadas como promedio, son algo mejores que el promedio mundial: la esperanza de vida en nuestro país era en 2012 de 73 años para la mujer y 69 para el varón. Las mismas estadísticas nos dicen que si se nace en un país rico se puede esperar vivir 16 años más que los nacidos en un país pobre, y que si se nace varón se vivirá estadísticamente menos que la mujer; que las que viven más en el mundo, son las mujeres japonesas, cuya expectativa promedio es de 87 años, y que el mejor lugar para el varón que quiera vivir mucho es Islandia, donde el término medio es de 80 años. En Japón el promedio de vida (promediando hombres y mujeres) es de 84 años, pero en Africa subsahariana no se espera vivir más de 55 años, siempre promedio. En general, las estadísticas, advierten que si usted puede influir en la cigüeña que lo trae, convendrá que le pida que lo lleve a país rico. Repiten que, en promedio, en los países de alta renta se puede esperar vivir hasta 16 años más.

Enemigos
Lo que más mata en el mundo, siempre término medio, son las enfermedades coronarias, las infecciosas, las respiratorias del tracto inferior (neumonía, por ejemplo) y el infarto cerebral. Como se aprecia las guerras y los accidentes matan a mucha gente, pero en promedio no compiten con las enfermedades.
En la Argentina ha mejorado el promedio de vida (expectativa o esperanza de vivir). Era de 69 años el varón y de 73 mujer en el período 1990-2012, pero venía ascendiendo y en el año 2012 ya fue de 75 y 79, varón y mujer. El mejor impacto en esta materia dado en nuestro país se verifica en cuanto a la mortalidad infantil, que ha disminuido mucho: era de 16,8 en 2003 y bajó a 11,1 en 2012, según la Organización Mundial de la Salud.
Estadísticamente, a la humanidad le va yendo cada vez mejor, si es que se mide en términos de duración promedio de la existencia. Queda claro, sin embargo, que es mejor nacer en país desarrollado y, hasta, dentro de cualquier país, mejor nos va en el minoritario grupo de buenos ingresos que más abajo en la escala socioeconómica.
La calidad de vida se mide también con otros parámetros, pero siempre es visible la conveniencia de tratar de coimear a la cigüeña.
JOTAVE