La globalización como la imposición de la realidad

Señor Director:
En Roma, en la reunión durante la cual la FAO distinguió a los países que mejor han satisfecho la pauta de disminuir la pobreza, nuestro país fue uno de los pocos que recogieron ese lauro.
La presidenta argentina concurrió a esa reunión por considerarla una ocasión para hacer algo más que recibir tal distinción. En su discurso ante autoridades de las naciones distinguidas y de la FAO (ente de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) expresó su esperanza y su propuesta implícita de que se llegue a una regulación internacional (global, dijo) de la especulación con los alimentos. Empezó por señalar lo que sucede en nuestro país, donde parte importante del alimento que producimos permanece retenido a la espera del momento más propicio para vender. Y que esto sucede en un mundo donde el hambre hace estragos. No enumeró otros casos de esta especulación, quizás porque son muy conocidos. La FAO y otras organizaciones han dado cuenta que existe la capacidad de producir alimentos para una población mundial mucho mayor que la actual, pero que, al mismo tiempo, subsisten enormes bolsones de pobreza y también de hambre.
Lo que dijo CFK con respecto al mundo, se repite dentro de cada nación. En la Argentina, que puede generar alimento para una parte importante de la población mundial, hay también bolsones de pobreza y si bien hemos mantenido el nivel del hambre por debajo del 5 por ciento (conforme propusieron las Naciones Unidas en 1996), entre el 2 y el 3 por ciento, lo cierto es que estos porcentajes contrastan con la notoria capacidad que tenemos de alimentar a una población mucho mayor. La presidenta reconoció que en el estado actual, el gobierno argentino no puede obligar a vender lo que se retiene especulando con que llegarán momentos de mayor necesidad en los que podrán elevar los precios y acrecentar la ganancia del sector que especula. Dado que esta imposibilidad se repite en todos los gobiernos, CFK dijo que es necesario abordar una regulación internacional, como se ha hecho en muchos otros casos.
En un comentario reciente (en Caldenia) desarrollé la idea de que la colisión que se produce entre los derechos humanos (consagrados por las Naciones Unidas) y un comercio internacional que se atiene a la ley de la ganancia y da lugar a la especulación en gran escala, genera un estado de cosas que está produciendo las condiciones para que se avance paulatinamente hacia un gobierno mundial. Lo que las naciones no pueden regular dentro de sus jurisdicciones, se hace en el nivel mundial y esto significa que ya coexisten un gobierno mundial y los gobiernos nacionales. El caso más notorio es el de los derechos humanos, consagrados formalmente por la ONU y aceptados como legislación válida por numerosos gobiernos. La existencia de un tribunal internacional de justicia es otro caso de globalización aceptada a partir de coincidir en que es necesaria. También lo es la regulación del proceso de pago de la deuda soberana, que la Argentina ha propuesto a las Naciones Unidas, dando lugar a que se genere un comité especial para elaborar el proyecto encaminado a ese fin.
Debe entenderse, pues, que cuando la presidenta argentina habló de una regulación global para frenar la especulación con el alimento, aplicó la misma lógica que llevó a su gobierno a resistir la presión de los fondos buitre, que son el nombre de la especulación en este caso específico. Dado que ese comité ad hoc está avanzando en la elaboración del proyecto que se le ha encomendado, puede esperarse que sea presentado a la asamblea general en poco tiempo más. No resolverá nuestro actual problema con esos especuladores, pero generará un estado de cosas más equitativo hacia el futuro. Así, lentamente pero con aceleración visible, se avanza hacia la formalización de un gobierno mundial que sería compatible con los gobiernos nacionales.
Atentamente:
JOTAVE