La historia y los historiadores

Un discurso pronunciado por la Presidenta de la Nación hace casi un mes, ha venido a generar un acalorado debate histórico sobre las causas de la ascención del nazismo en Alemania, en el que han tomado intervención varios especialistas, todos ellos simpatizantes o militantes de la oposición política.
Fue el pasado 5 de agosto que, en ocasión de inaugurarse una planta fabril de la firma alemana Mercedes Benz en el conurbano bonaerense, la jefa del gobierno nacional citó la opinión del economista británico Maynard Keynes para aseverar que la principal causa del ascenso de Hitler al poder, no fue la inflación imperante en el país, sino las humillantes condiciones impuestas a Alemania -tras su derrota en la Primera Guerra Mundial- en el Tratado de Versailles. Los historiadores que cuatro semanas después se han tomado el trabajo de corregirla, señalan el dato obvio de que, sea cual fuere el hecho histórico que se analice, raramente puede atribuírselo a una sola causa determinante.
No es habitual que un político en el poder provoque debates académicos con sus opiniones. Raúl Alfonsín solía quejarse de que -en su caso particular- el poder embrutecía, ya que su ejercicio le dejaba muy poco tiempo para la lectura y el estudio. La presidenta acababa de salir de un período de convalescencia por enfermedad, que acaso le haya permitido dedicarle más tiempo a los libros.
Como quiera, esta tardía reacción de los historiadores mediáticos, tiene el defecto de haberse centrado en un pequeño párrafo de un discurso que fue bastante extenso, y en cuyo desarrollo hubo muchas otras aristas para el análisis. En realidad, la mención marginal al nazismo, y a la Segunda Guerra Mundial que éste originó, fue hecha dentro de otro relato más extenso, el de la historia de la empresa automotriz cuya nueva planta se estaba inaugurando.
Tras recordar los orígenes de la firma, y su rol durante la guerra, la presidenta destacó que fue en Argentina que Mercedes Benz inauguró su primera fábrica fuera de Alemania, en 1951. Luego bromeó con la posibilidad de que la empresa fuera “peronista”, ya que el golpe de estado de 1955 intervino la fábrica y no la restituyó a sus dueños alemanes sino tres años después. Lamentablemente, el relato -bastante laudatorio- de la relación entre la automotriz alemana y nuestro país, concluyó allí, en 1958.
Si a los historiadores argentinos los desvela tanto la posibilidad de polemizar con la presidenta, bien podrían haber señalado que, al truncar de tal modo el relato histórico, se omitió señalar un episodio mucho más importante, reciente y pertinente para la sociedad argentina, cual fue el rol que le cupo a Mercedes Benz durante la última dictadura militar.
La firma ha sido señalada, en varias ocasiones -incluso ante la justicia norteamericana- como cómplice en la desaparición, en 1977, de varios de sus operarios de la planta de González Catán, incluyendo a todos los integrantes de la comisión interna gremial. Aún cuando en Alemania la investigación judicial fue archivada, continúa aquí en curso, en el Juzgado Federal 2 de San Martín, la acusación contra Mercedes Benz de complicidad con los secuestros y torturas a 17 trabajadores, 14 de los cuales continúan desaparecidos. También se la acusa por la apropiación de tres niños y la sustitución de identidad de Paula Logares, nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo.
Es de suponerse que la presidenta prefirió no enturbiar la oportunidad de un momento festivo como la inauguración de una fábrica, con estos recuerdos poco felices. Lo curioso es que los historiadores que salieron a refutarla, prefieran debatir sobre hechos ocurridos en la lejana Alemania de la década de 1920, antes que detenerse en estos asuntos tanto más cercanos en el tiempo y el espacio.