La Pampa ante una marginación regional

Cuatro entidades oficiales de prestigio acaban de acordar la creación de la llamada Unidad Integrada para la Innovación del Sistema Agroalimentario de la Patagonia Norte. Se trata de la Universidad Nacional de Río Negro, la Universidad Nacional del Comahue, el INTA y el Idevi, las tres primeras preponderantemente investigativas y la última -Instituto de Desarrollo del Valle Inferior del río Negro- orientada al impulso económico de una región. La entidad procurará “generar sinergias entre las cuatro instituciones, enfrentar debilidades microinstitucionales y potenciar las fortalezas individuales”.
El anuncio, que tuvo lugar la pasada semana, deja para La Pampa un sabor amargo a dos puntas: primero porque las entidades mencionadas se ubican en una franca identidad con el sur de nuestra provincia. Esa identidad no es solamente paisajística sino también productiva y se recordará que hasta no hace demasiado tiempo se hablaba con esperanza de la complementariedad entre las cuencas de los ríos Negro y Colorado, una buena idea que hoy parece olvidada. En segundo término porque sigue sin concretarse en los hechos la controvertida inclusión de la provincia en la región patagónica y ésta hubiera sido una interesante posibilidad.
Tanto los actores como el lugar tornan imposible no pensar que el quinto integrante ideal de un organismo semejante hubiera sido el Ente Provincial del Río Colorado, que desde sus mismos comienzos apuntara a la integración regional. Lamentablemente aquella entidad dinámica y esperanzadora, promotora principal medio siglo atrás de un cambio socioeconómico en la provincia, se ha degradado a una condición burocrática, desjerarquizada y de escasa o nula iniciativa. Puede parecer un diagnóstico pesimista pero para avalarlo solamente basta contabilizar la cantidad de hectáreas bajo riego puestas en funcionamiento después de tanto tiempo.
Cabe preguntarse qué fue lo que llevó a una entidad inicialmente prestigiada a una situación como la actual, de endeblez técnica y pasividad administrativa en la que ha llegado a denunciarse hasta la falta de tomeros que manejen el sistema de regadío. La respuesta siempre ha estado allí: las sucesivas malas administraciones, a menudo en manos ineptas ubicadas por fines o favores políticos.
Sin embargo todavía se está a tiempo de reactivar el funcionamiento del organismo en base a una revitalización técnico-política. En la nueva situación de la cuenca del río Colorado, condicionada por la sucesiva baja de caudales y el egoísmo de la provincia de Mendoza de manejarlos y aprovecharlos en su exclusivo beneficio, el Ente podría tener un papel nada menor. Ya ha sonado una voz de alarma -algo insólito por cierto- en los regantes rionegrinos y, a poco que tomen conciencia efectiva, se escucharán los bonarenses, que promueven el mayor polo agroeconómico de la cuenca, con ciento treinta mil hectáreas regadas en el valle inferior del río.
Ante semejante panorama, el EPRC, retomando su antigua y efectiva función, bien podría liderar o al menos ser el motivador principal de la necesaria unión de fuerzas que enfrenten las posturas políticas e hidrológicas que amenazan a la cuenca.