La patria es también una idea a encarnar

Señor Director:
Patria es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. Para la etimología, patria es la tierra paterna, pero el uso remite a la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado y que encierra la historia de los antepasados, sus luchas, sus miedos, sus logros y sus frustraciones.
Esta palabra de tanto uso (incluso propagandístico) es compleja y no se deja asir de primera intención. El patriota es la persona que ama a su patria y quiere su bien, pero esto tampoco simplifica el proceso de comprensión porque la conducta de las personas está determinada por la educación recibida, sus experiencias de todo tipo y la índole personal determinada por factores internos y externos. Algunos lo expresan declamatoriamente, otros no se manifiestan oralmente y remiten a sus actos. También los hay indiferentes. Creo que hay algo en la condición humana que nos hace establecer lazos con nuestro contorno, incluso con las cosas, los paisajes naturales y las obras del hombre, aparte de los seres convivientes. De esta observación se derivan teorías más complejas que en algunos casos sugieren que el arraigo (esa tendencia a echar raíces) es señal de nuestra incompletitud y la subsiguiente necesidad de integrarnos como camino a una realización personal.
Reflexionaba sobre esta idea de patria mientras miraba escenas de la conmemoración del reciente 25 de Mayo en la metrópoli, donde parecía operar el poder de atracción de una oferta diferente de festejo. Esta vez se ofrecía una atrayente muestra de distintos aspectos de la realidad actual del país, una suerte de exposición encaminada a mostrar, junto a los testimonios históricos, el punto a que hemos llegado. La formidable atracción lograda por esta propuesta fue, a la vez, el testimonio de que la patria no es una idea abstracta sino que estamos ante otra expresión que da cuenta de la condición humana como ser histórico, esto es que nos realizamos con la suma de las experiencias por las que pasamos, de las cuales retenemos algunas, que ni siquiera siempre son las mismas. Digo esto porque hay momentos en que la celebración maya procura destacar ciertos momentos del pasado y, en casos, a dirigir la atención para provocar o acentuar el reconocimiento o la veneración hacia los sucesos y las figuras que tuvieron protagonismo en ellos. En los casos tan frecuentes de nuestra historia en que hubo un predominio militar, lo destacado fueron las guerras y los guerreros. Cuando hay un predominio civil se tiende a poner la mirada en la sociedad en general y en el papel que las multitudes anónimas cumplen para sustentar formas de vida. La idea del héroe no se integra con el de la multitud, aunque está claro que el héroe no es un ente solitario que obra prodigios. Sin el sustento masivo de soldados o ciudadanos no tendría posibilidad de manifestarse.
Nuestros monumentos dan cuenta de esas etapas. Menos visibles son los mensajes implícitos en las celebraciones, los cuales parten de los sectores dominantes en cada momento y suelen tender a congelar la historia en los estados más compatibles con su idea de lo mejor, lo que debería reconocerse como modelo final e insuperable. Los mensajes políticos de circunstancias no faltan nunca, sea que se expongan abiertamente o que sean inducidos por el discurso y las propuestas icónicas.
El aire de feria que tomó la celebración reciente y que se repite desde el bicentenario, no desmerece la idea de patria. Las ferias han sido siempre los lugares de encuentro de los hombres en la diversidad de sus creaciones, a través de las cuales toma forma una identidad colectiva. Cuando nos reconocen como un igual nos sentimos gratificados. La patria propone la afirmación de la igualdad en el reconocimiento mutuo y en la disposición para compartir memorias y proyectos.
Atentamente:
JOTAVE