La política como horno para fundición del todo

Señor Director:
Veamos un caso para justificar el título de esta nota.
El punto de partida fue dado por un discurso de la presidenta de la nación. Cristina dijo, al abordar la actualidad económica, que el ascenso de Hitler al poder no fue un efecto de la inflación sino la consecuencia de la severidad de las condiciones que los aliados impusieron a la nación alemana por el tratado de Versalles al término de la II Guerra.
El lunes 31 Alejandro Corbacho, director de un departamento de la universidad del CEMA, publicó en Clarín “Cristina y sus lecciones de historia”. El propósito de esta nota en ese medio no podía ser otro que desacreditar el conocimiento histórico de la presidenta. El mismo día lunes Cristina replicó en sus espacios de Facebook y Twitter para decir que Corbacho no ha leído a Keynes en su libro titulado “Consecuencias económicas de la paz”. En este libro Keynes fundamenta su participación inicial en las negociaciones de paz que culminaron con el tratado de Versalles. Como sus objeciones a las condiciones impuestas a Alemania por los vencedores no fueron atendidas, John Maynard Keynes renunció a su participación en Versalles y en 1919 publicó el libro mencionado para fundamentar su posición y para decir que el tratado de Versalles tendría las peores consecuencias para Alemania y para el mundo. El ascenso de Hitler al poder y la Segunda Guerra Mundial le dieron la razón.
Tenemos, pues, un discurso de CFK, un artículo en Clarín que desacredita su saber histórico y una réplica de ésta, remitiendo su afirmación a Keynes. El pasado martes hubo otro aporte, esta vez en apoyo a CFK: un artículo que Mario Rapoport publicó en el diario Página/12, para hacer pie en el argumento de que la dureza de Versalles fue determinante del ascenso del nazismo alemán. Rapoport investiga la historia económica, política y social de la Argentina y otros países y en las relaciones internacionales. En Wikipedia se enumeran treinta libros suyos. Se desempeña en la UBA y el Conicet. En 2014 publicó Bolchevique de salón, una biografía de Félix J. Weil, que he comentado aquí. Weil, nacido en la Argentina, de familia de judíos alemanes establecidos como exportadores de granos, tuvo largo desempeño y dejó una obra escrita sobre la economía argentina. En Alemania fue fundador de la llamada Escuela de Frankfurt, que subsiste y reúne a pensadores destacados.
Remitiré al artículo de Rapoport, que puede encontrarse en Internet, pues no cabe detallarlo aquí. Parte de afirmar que el uso de la historia para explicar el presente es absolutamente necesario aunque se den en contextos diferentes. Los fenómenos históricos no se repiten, pero pueden ser similares. Lo decisivo es conocer bien la historia. Su argumento básico es que las crisis económicas no son consecuencia de fenómenos inflacionarios, sino deflacionarios. Así sucedió en l930 (la gran crisis mundial) y en 2001 en la Argentina. Hechas estas afirmaciones, que confirmarían lo expresado por la presidenta, Rapoport pasa a exponer el pensamiento fundante de esta interpretación (el de Keynes). Recuerda que el presidente Roosevelt, que afrontó la crisis de l930 en su país y se basó en Keynes, en 1937 analizó el colapso de 1929 y la depresión que lo siguió y sostuvo que la sobreproducción y la sobreespeculación de prácticamente todo lo usado o consumido por el hombre, produjo millones de desocupados por haber excedido el poder de compra. Había de todo, pero no compradores. Se sabe que Roosevelt salió de la crisis sin devaluar. Lo hizo creando empleo, inversiones y mayor poder de compra. También se puede ver que básicamente ésta es la fórmula a que acudió la Argentina para superar la crisis de 2002. Y en gran medida, éste es el ombligo de la actual disputa política.
Es seguro que habrá más repercusiones del tema. No es solamente una cuestión entre economistas. Es la política, que se alimenta de todo.
Atentamente:
JOTAVE