La política hace de piel de la sociedad
Señor Director:
Le cuento que venía leyendo a Zigmunt Bauman para entender eso de la sociedad líquida, que sería la de nuestra época, al tiempo que acumulaba notas sobre la actualidad política.
El estado de liquidez de una sociedad, según Bauman, se expresa porque sus estructuras no perduran (son flexibles, volubles) y dejan de servir como marcos de referencia para los actos humanos. Hice la relación con las noticias que dan cuenta de la visibilidad de las líneas de fractura que se tornan tan notorias en los partidos políticos. La liquidez, dice Bauman, se traduce en inseguridad y vulnerabilidad: en precariedad. Los individuos ya no pueden "incrustarse en estructuras sólidas". La sociedad líquida exige individuos flexibles, que cambien habitualmente de tácticas, compromisos, lealtades. ¿No es eso lo que venimos viendo en los partidos o, mejor dicho, en el comportamiento de muchos militantes? Me dije que, siendo así, los partidos vendrían a ser la superficie o, mejor, la piel de una sociedad, donde el buen observador puede encontrar las señales de lo que pasa adentro, en las profundidades del individuo o del grupo social. Siempre he pensado a los partidos como la piel de la sociedad. O el rostro. Lo que se viene observando es la falta de consistencia, que no inspira ni sustenta las lealtades duraderas. Hay, pues, usando el idioma de Bauman, un estado de liquidez en las lealtades. Bauman dice que este fenómeno es del conjunto y que resulta determinante de la conducta de los individuos. Un efecto de la liquidez es la renuncia al pensamiento y la planificación a largo plazo. El estado líquido exige individuos flexibles, genera el miedo a las relaciones duraderas y esto afecta a la relación de parejas (el amor, digamos, cuando éste supone aceptar compromisos de por vida) y a toda forma de relación solidaria. Bauman dice también que estimula el olvido pues olvidar se convierte en una condición para el éxito.
Este polaco, establecido desde joven en Inglaterra, es talentoso. No estoy en condiciones de decir si es original o ha tenido la virtud de poner en un orden el pensamiento que se ha estado gestando sobre lo que está aconteciendo en el mundo presente. Nada tan difícil como entender lo que está con nosotros o en nosotros, pero hay muchos ensayos valiosos en el pensamiento contemporáneo. Para terminar de explicar el título de esta nota, diré que entiendo que asistimos a un momento de crisis de viejas y consolidadas estructuras y a ensayos de reemplazo que se hacen con suerte diversa. Por eso, al detenerme en los tránsfugas políticos, tan frecuentes, me dije que o bien los partidos son una de esas estructuras que han perdido consistencia o, como prefiero pensar, partidos y acción política son superestructura o piel de la sociedad y, como tales, reflejan lo que sucede adentro. Digo que reflejan o traducen con señales algo, sin creer que esto sea visible para todos. Siempre son pocos los que, frente a una persona con la que acaban de entrar en relación, saben con qué buey tendrán que arar (algunos dicen que hay que mirar los ojos o bien las manos, algunos los pies, otros ciertas tonalidades de la piel). No habría tantos engañados si todos fuésemos capaces de una lectura así; no prejuiciosa, sino docta.
Siempre se ha distinguido en los partidos políticos los sectores de derecha, centro e izquierda. Ahora asistimos a desprendimientos, rupturas y a un notorio debilitamiento de la confiabilidad. En estos días se mira hacia la UCR, uno de nuestros dos partidos realmente nacionales por su presencia en todos los distritos. Su derecha olfatea hacia una derecha que se hace cada vez más explícita para mostrarse como opción ante esos poderes que gobiernan desde afuera, según Hollande, en tanto que la tradición y lo que sería su izquierda, pujan por seguir siendo núcleo y hacer las alianzas de ocasión con sectores definidos como progresistas.
Atentamente:
Jotavé
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