La violencia como un tema con mucho jugo

Señor Director:
El tema de la violencia (si somos una sociedad violenta o pasamos por una racha de violencia) es ahora uno de esos que invitan a meterle diente.
Lo abordé el martes 13 en esta columna y luego escribí para mi página en Caldenia acerca de un aspecto del tema. Después leí una nota que se decidió a publicar el rector de la universidad Católica, obispo Víctor Manuel Fernández. La tituló “La violencia de no saber leer” y se dirige a la opinión en general por creer que la declaración episcopal, en la que dice eso, que la Argentina “está enferma de violencia”, ha sido leída prejuiciosamente. Se refiere a que sectores opuestos políticamente al gobierno (cree que antes de leer el documento de los prelados) lanzaron por medios igualmente opositores la idea de que los obispos denuncian un estado de violencia del que sería responsable el gobierno, luego de lo cual algunos oficialistas, aceptando este punto de vista como válido, salieron a refutar a los obispos. Esto me hizo pensar en mi primera interpretación (la que se pudo leer aquí el martes citado), en la que consideré discutible la afirmación de una Argentina “enferma de violencia”, pero luego digo que los obispos argentinos “parecen” adoptar el pensamiento del papa. Si bien Francisco no se refiere específicamente a la Argentina, en su exordio del pasado marzo, tuve entonces la impresión de que daba un giro generalizador a partir de su conocimiento de la actualidad argentina. Ahí es donde él advierte que los temas de la violencia son presentados por medios influyentes para adjudicar el pecado de origen al gobierno o a los pobres. Dado que los obispos utilizan frases semejantes a las papales, escribí que entendía que ellos tienden a ajustar su posición con la de Francisco.
V. M. Fernández, el obispo rector, dice que en el plenario del que salió la declaración del colegio los obispos pusieron especial cuidado en no aparecer respaldando la posición de políticos y medios de comunicación opositores del gobierno argentino. Y creyeron que la manera apropiada de lograr este propósito consiste, en el tema de la seguridad, en hacer un llamado a reflexión de todos los actores y sectores sociales para que sea pensado de manera amplia. Esto fue así, cuenta, porque entendieron que la violencia es de toda la sociedad y creen que cada uno debe sentirse interpelado antes de culpar al otro. “No nos ayuda culpar a los demás”, dice. Por eso se optó por repudiar claramente los hechos de la llamada justicia por mano propia, por defender a los pobres y por deplorar la tendencia al individualismo y el egoísmo. Que cada uno se sienta llamado “a sanar sus propias violencias”, a “trabajar todos por la paz”. Al final, el rector y obispo Fernández deplora que no seamos capaces (los argentinos) de escucharnos porque esta disposición es también una de las formas de la violencia. También dice advertir mucha degradación cultural en los sectores medios y profesionales de nuestro país.
La visita que los obispos hicieron después a la presidenta en Olivos, el viernes 16, les permitió ratificar su voluntad de ser entendidos de esta manera. Hay que recelar de ciertos comunicadores y, también, admitir la posibilidad de que el papa Francisco ha estado atento.
No llevaré más adelante el análisis de estas expresiones acerca de un problema que inquieta al país tanto como al mundo. He compartido la idea de que la violencia, traducida como inseguridad, es un problema de todos y que la capacidad de entenderlo así puede ayudar a procesar un estado de cosas complejo que afecta a la propia trama social. Por eso es peligroso que se lo asuma como arma para la lucha (a cara de perro) por el poder político. Desde este punto de vista valen las expresiones del papa Francisco y las que ahora formula el episcopado argentino. La presidenta argentina, CFK, ha hecho repetidas citas de este pensamiento en algunos discursos recientes.
Atentamente:
JOTAVE