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Ladran por Vicentin

La intervención de la megaempresa Vicentin por parte del gobierno nacional y el anuncio de su próxima expropiación provocaron furiosos ladridos en la derecha político-empresarial. El grupo de choque mediático de esa escudería, integrado por conocidos periodistas, políticos y hombres de negocios, se lanzó a morderle los tobillos al Presidente de la Nación por tan «inaceptable avance del Estado sobre la actividad privada».
Eso sí, nadie mencionó ni siquiera al pasar que el grupo empresario intervenido fue el mayor aportante de dinero para la campaña electoral de Mauricio Macri. Tampoco fueron muy explícitos a la hora de hablar de los cuantiosos créditos que recibió del Banco Nación durante el gobierno anterior cuando Javier González Fraga -el mismo que acuñara aquella frase sobre «el empleado medio» a quien «le hicieron creer» que con su sueldo podía vivir dignamente- le facilitó el acceso a préstamos por más de 18 mil millones de pesos a sola firma. Una parte sustancial de ese monto -5 mil millones- se la entregaron en noviembre del año pasado, cuando Macri ya había perdido la elección, estaba en víspera de irse de la Casa Rosada y la empresa se encontraba en cesación de pagos con todos los bancos cerrándole las puertas. Hay una causa abierta en la justicia que investiga a González Fraga por su sospechosa generosidad con dineros ajenos.
Tampoco explica ninguno de los enojados con esta medida del gobierno por qué Vicentin escaló posiciones vertiginosamente bajo el gobierno de Macri hasta ubicarse primera en el ránking de exportadoras para experimentar un repentino e inexplicable desplome el último año de la gestión de Cambiemos. Un avezado periodista económico lo expresó así: «Nadie podría explicar cómo una empresa que exporta más de la mitad de su producción, en un año con buena cosecha, después de una megadevaluación (…) y con semejante financiamiento estatal en noviembre, puede haber caído en cesación de pagos en diciembre».
El salvataje que ahora intenta el Estado sin dudas que provoca alivio en los miles de trabajadores que veían peligrar su fuente de empleo, en los también miles de productores rurales a quienes Vicentin dejó colgados con deudas, en sus numerosos proveedores y en una amplia zona del litoral en donde la empresa generaba un enorme movimiento económico. Pero no faltan los que no quieren saber nada con esta medida. Son los competidores que querían quedarse con la empresa quebrada por centavos, grandes multinacionales de los agronegocios todos ellos.
La jugada del gobierno implica una mirada estratégica pues va a permitirle al Estado -a través de YPF Agro, que va a llevar adelante la gestión de la empresa- monitorear de cerca el opaco mundo de la exportación de productos agropecuarios, un gigantesco negocio hiperconcentrado en muy pocas manos en donde abundan las maniobras de triangulación con sedes extranjeras, las operaciones de sobre y subfacturación y la especulación con divisas. No puede ignorarse que estamos hablando de una de las puertas principales de ingreso de dólares al país.
Por eso chilla tan fuerte nuestra derecha, porque quiere un Estado bobo, que se mantenga lejos de sus negocios y que «no interfiera en el mercado». Pero su ideología no es idealista, al contrario, está sólidamente atada al interés de sus insaciables bolsillos.