Las armas y el “efecto Bolsonaro”

“El que quiera andar armado, que ande armado”. Que esta expresión se escuche en una discusión de café no es demasiado grave, más allá de revelar el pensamiento violento de quien la sustenta. Pero que sea pronunciada por la más alta autoridad en materia de Seguridad del país ante el periodismo es muy distinto. Para colmo, luego de la lluvia de críticas que levantó, la enmienda fue peor que el soneto. Al tratar de justificarse la ministra habló de “cambio de paradigma” y dijo que, en cuanto a las armas, se estaba refiriendo -válgame Dios- a las “personas de bien”.
Para peor las declaraciones de Patricia Bullrich tuvieron lugar durante la “Semana mundial del desarme” dispuesta por la ONU, la máxima entidad política mundial que brega contra el armamentismo con información contundente. Uno de los estudios respaldados por el organismo revela que tener un arma aumenta la probabilidad de ser víctima de un ataque armado, y otro trabajo ofrece un aporte concluyente: los poseedores de armas tienen 43 veces más posibilidades de matarse o matar a alguien de su familia antes que a un delincuente. En tanto un experto argentino aportó otro dato estremecedor: uno de cada cuatro femicidios se comete con armas de fuego.
Pero ninguno de estos argumentos tan sólidos parece alcanzar para que la ministra de Seguridad modere su discurso belicoso. Y tampoco es la única en el gobierno que piensa de tal forma ya que no faltan voces oficiales que apoyan sin tapujos este tipo de “soluciones”. En sus declaraciones la funcionaria volvió a defender, con el mismo énfasis de siempre, el accionar del policía Luis Chocobar quien mató por la espalda a un ladrón cuando este huía sin constituir peligro. Esta renovada defensa del homicidio tuvo lugar a escasas horas de que la Corte Suprema ratificara el procesamiento al uniformado y lo enviara a juicio oral.
Los informes que vienen de Estados Unidos, un país que liberó el uso de armas por influjo de la Asociación Nacional del Rifle y la industria del armamento, dos poderosos lobbistas y aportantes de las campañas electorales, no pueden ser más negativos. Las muertes ocasionadas por el uso de armas de fuego en poder de la población superan largamente las que provoca el “terrorismo” en todo el mundo. Lo dijo el anterior presidente -Barak Obama- en su frustrado intento por terminar con esta “libertad” letal.
Lo único positivo de esta nueva avanzada de la ministra de Seguridad fue la lluvia de críticas que recibió desde amplios sectores políticos y sociales. Con apelaciones al respeto a la vida como bien supremo, fueron múltiples los repudios a la irresponsabilidad de fomentar en la sociedad argentina la proliferación de armas que solo aportarán más muerte y dolor.
Este “efecto Bolsonaro” que se manifiesta en las declaraciones de la funcionaria -y, reiteramos, en muchos otros integrantes del gobierno nacional- parece estimulado por las usinas del marketing político del macrismo. En el afán de provocar “impacto” en los sectores de la sociedad proclives al uso de armas -minoritarios pero ruidosos- no miden las consecuencias riesgosas de sus actos y los efectos devastadores que pueden desencadenar en la sociedad.