Las artimañas del Indec de Cambiemos

ESTADISTICAS QUE DEJAN MAS DUDAS QUE CERTEZAS

La pretendida “objetividad” del Indec macrista está lejos de ser real. Muchos índices revelan un procesode digitación para disimular una realidad adversa.
El IPC nacional dio como resultado 3,9% de aumento para agosto. Un número que deja gusto a poco. En primer lugar, porque el proceso devaluatorio siguió su curso el mes pasado con un aumento del dólar del 9,1%. En una economía altamente dolarizada el traspaso a precios del dólar debería tener mayor incidencia.
En segundo lugar, porque fue un mes de muchos incrementos en precios regulados: electricidad (25% promedio), transporte (15%), prepagas (7,5%) y dos rondas de ajustes en los combustibles en surtidor (aproximadamente 10%). Independientemente de las inquietudes sobre los números que arroja cierto indicador, debemos poner el foco en las metodologías que arrojan un halo de oscuridad sobre el accionar del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Técnicas amañadas.
Se trata de índices que presentan técnicas amañadas o metodologías un tanto sesgadas, de modo tal de evitar que determinados indicadores reflejen números tan dramáticos como realmente existen. Dicho esto, es aconsejable repasar algunos de estos índices que despiertan inquietudes.
El indicador macroeconómico de evolución del PBI fue uno de los que tuvieron una “revisión metodológica” en 2009. En ese marco, se corrigieron hacia atrás todos los números del PBI de años anteriores. Esta revisión redujo muchos porcentajes de crecimiento de la economía en el ciclo kirchnerista.
El año 2009 es paradigmático y donde el Indec macrista consigna una caída del 6%. Si bien es cierto que en ese año había golpeado de lleno la crisis financiera internacional, convalidar un derrumbe del 6% sería aceptar que la economía se paralizó al doble de velocidad que en 2016 o en este mismo año 2018. Cuando se analiza el resto de las variables como ser empleo y producción industrial, la caída de aquel año no estuvo ni cerca de parecerse a la de los dos años mencionados de declive macrista.
La construcción del IPC que mide la inflación tiene vicios de origen muy llamativos. Por un lado, se parte de lo que se llama una “estructura de ponderadores” totalmente añeja (del año 2004) y poco representativa de la coyuntura actual. Se trata de coeficientes que deberían reflejar la incidencia de cada rubro sobre el consumo. Por ejemplo, un servicio como la energía eléctrica tiene una participación originaria del 0,35%. Esto quiere decir que la tarifa de energía eléctrica, según el Indec, representa menos del 1% del gasto promedio de los hogares. Si bien la metodología implica su actualización parcial a medida que se modifican los “precios relativos”, estas correcciones captan de forma muy imperfecta fenómenos de movimientos tan abruptos como son los tarifazos de los últimos tres años.

Calmar expectativas.
Otro indicador de precios completamente obsoleto es el Indice de Precios Mayoristas que utiliza un “año base” de medición de hace 25 años. Además de la evidente homogeneidad que se va perdiendo en las series, dada semejante extensión temporal, se destaca la poca consistencia de sus componentes ya que no tiene punto de comparación la economía de aquel entonces con la actualidad.
Para muestra alcanza un botón: la incidencia de los rubros importados es de tan solo el 7,3%. En una economía totalmente abierta como la nuestra, resulta inverosímil que los componentes mayoristas importados pesen sólo un 7,3% sobre el total. La razón de no actualizar esta estructura es clara: en lo que va del año, el aumento del tipo de cambio (y por ende de los productos importados) supera el 110%.
Pero la inflación nunca fue un problema para el macrismo. De hecho, para “calmar las expectativas” ideó un indicador para medir “los sentimientos de los analistas” sobre la evolución de las diferentes variables monetarias. Nos referimos al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica mensualmente el BCRA mostrando, entre otras variables, las expectativas de inflación de los analistas del establishment.
Sistemáticamente esta medición de expectativa arroja números muy por debajo de los niveles inflacionarios que luego se materializan. Por caso, los analistas de mercado que participan del REM marcaban un 14,1% en 2016, un 15,2% en 2017 y 26,3% promedio en lo que va de 2018. Con el final del año cada vez más cercano, ya se estima que el alza de precios posiblemente termine encima de los 45 puntos porcentuales.
El índice de salarios tampoco está exento de señalamientos. El año pasado midió un llamativo 31,5% de aumento para los trabajadores no registrados (informales). Además de ser un número llamativo, por estar casi 7 puntos sobre la inflación del 2017, llama la atención que se posicionó también más de 4 puntos arriba del segmento de trabajadores registrados (en blanco). ¿Es lógico pensar que el año pasado a los trabajadores en negro les fue mejor que a los que están blanqueados?
La medición del déficit fiscal también concita inquietud. Desde que llegó al poder, Cambiemos modificó tres veces la metodología de cálculo, a pesar de que la anterior ya respetaba los estándares que marcaban, por ejemplo, los manuales del FMI. El macrismo decidió igualmente mover algunos rubros de manera tal de minimizar lo que se conoce como “déficit primario” que es el que típicamente es usado por los analistas para analizar el grado de desajuste fiscal de una economía.
Pero la “engaña-pichanga” de esconder el déficit fiscal y llamarlo “déficit financiero” es un artilugio muy corto. El mercado ya se expidió sobre la insustentabilidad del modelo, retirando millonadas de inversiones financieras de nuestro país por el riesgo latente de default, megadevaluación e hiperinflación.

Indices políticos.
La intención de este escrito es poner en discusión esa pureza impostada por Cambiemos para instalar una pretendida objetividad de las estadísticas públicas. Independientemente de cuestiones de medición, lo cierto es que la mayor posibilidad de digitar o establecer tendencias sesgadas en los indicadores fue, es y será siempre a partir de las decisiones de índole metodológica. Todo índice es político y negar eso sería tan necio como objetar al Indec kirchnerista haciendo oídos sordos a los aspectos opacos señalados en estos párrafos. (Sergio Chouza-Santiago Fraschina. EPPA, Universidad Nacional de Avellaneda).