Las capacidades diferentes en los muchos casos de autismo

DOMINICALES

Desde que, hace ya años, vi por primera vez a un chico autista, he estado intrigado por el problema que plantean.
Cuando, más tarde, leí acerca de lo que se llama “capacidades diferentes” me pregunté si el autista, más que un negado (a ciertas capacidades habituales) puede tener una diferencia que sería necesario conocer para encaminar la acción de todos cuantos se relacionen con ellos. Siempre entendiendo el problema desde la perspectiva que genera el conocimiento de capacidades diferentes, punto éste que vale para todos los casos en que alguien padece los efectos de alguna carencia, pero dispone de algunas capacidades.
De hecho los seres vivos tienen capacidades diferentes, tanto con respecto a sus semejantes como con referencia a otras especies. Rodrigo Fresán da cuenta de un caso en su nota de los martes en Página/12 cuando está mencionando al norteamericano Charles Baxter, autor de un cuento reciente donde una mujer que ha estado observando a su perro va enumerando las capacidades que tiene, hasta descubrir una de sus imposibilidades; su perro no puede entender qué es eso del planeta Marte, por más que se lo muestre. Y no puede, dice, porque su cerebro no está condicionado para ese saber. En cambio, nos supera en otras capacidades, como las olfativas. Sabemos que hoy algunos perros son adiestrados para colaborar en el control del tráfico de drogas. Y que se comportan con mucha eficacia.
Es posible, pues, que el cerebro humano esté también imposibilitado de llegar a la comprensión de ciertos aspectos de lo real o de lo imaginado como posible. Fresan dice que esto puede pasar con lo que llamamos Dios y también con el universo. Y deja abierta la posibilidad de que no lleguemos a entenderlos nunca.
Diré también que los individuos humanos no somos calco de un modelo invariable. Algunas mutaciones han sido decisivas en el desempeño de nuestra especie. En educación el buen maestro puede preguntarse si ese alumno que tiene gran dificultad para marchar con los otros en el aprendizaje posee capacidades diferentes, esto es alternativas que hay que descubrir a fin de crear las condiciones para su desarrollo.

Fausto.
El pasado jueves se estrenó en el cine Gaumont (espacio Incaa) el filme documental titulado “Fausto también”, del realizador Juan Manuel Repetto.
Fausto es el nombre de un chico autista. Un chico real, de una familia de La Plata, que se representa a sí mismo en la película. Al principio, cuando tenía dos años, le dijeron a la madre que era sordo y que por eso no podría desarrollar el habla. La mujer buscó confirmar la sordera y pudo saber y comprobar que tenía un oído absoluto, tanto que hoy es pianista y estudia música en el conservatorio de La Plata.
Fausto superó penosamente la escuela primaria. Su madre le buscó alternativas y, luego, dispuso afrontar la secundaria, para lo cual eligió una escuela técnica de La Plata, donde pudo cursar su carrera completa y participar del viaje de egresados. Ingresó luego a la universidad donde inició la carrera de Informática, pero cambió a Diseño Multimedial, que está cursando. Ahora se lo ve como un genio de la computación y también estudia música, como ya se dijo.

Clave.
La clave para estos desempeños comienza por los padres, que no buscaron ocultar su problema, sino que lo asumieron, y por una madre que nunca se dio por vencida. En la secundaria halló la comprensión y el apoyo de la dirección y de algunos profesores, así como la de compañeros que entendieron la importancia de su papel de acompañamiento. La clave se expresa con la palabra “inclusión”, o sea que no se excluye al diferente sino que se lo reconoce como tal y se lo acompaña. Otro tanto sucedió en la universidad, donde desde el inicio tuvo la comprensión y apoyo de la autoridad, de algunos docentes y de compañeros. Incluirlo era reconocerlo como persona con capacidades diferentes, en vez de excluirlo por diferente. Fausto tropezó también con docentes excluyentes, pero la madre y la autoridad docente buscaron crearle el marco para que alcanzase sus objetivos desde lo que tiene en vez de cerrarle caminos por lo que no tiene.
Fausto, pues, también pudo: “Fausto también”. Pudo a partir de una madre que asumió el problema y no se dio por vencida. Pudo, desde luego, porque Fausto disponía de “capacidades diferentes”, expresión que fue leída de otra manera. Como si se dijera: “Entonces, el problema es nuestro, porque hemos creído que hay una única manera de hacer las cosas y hemos organizado nuestro mundo a partir de lo que consideramos normal. Hemos estado excluyendo al diferente”.
Jotavé