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Las claves del modelo ideológico del macrismo

¿APLICA EL GOBIERNO LA RECETA NEOLIBERAL?

El neoliberalismo es un proyecto con pretensiones hegemónicas. La sociedad de mercado se reduce a la
sumatoria de los comportamientos individuales guiados para maximizar las utilidades y minimizar los costos.
CARLOS ANDUJAR
Si uno le preguntase a un funcionario del actual gobierno si es neoliberal puede obtener dos repuestas. La primera, enojo mediante, será decir que no existe tal neoliberalismo, que es un invento nostálgico de quienes piensan que en pleno siglo XXI todavía perduran las ideologías. La segunda, «coucheo» y sonrisa de por medio, será destacar que lo importante es hacer cosas por la gente sin encasillarse en ninguna clasificación, «sólo somos personas comunes con una gran responsabilidad y queremos lo que todos quieren, que a la Argentina le vaya bien», suelen decir sin ruborizarse.
A pesar de ello, el gobierno de la Segunda Alianza Cambiemos implementó en estos dos años y medio de gestión diversas políticas que, sin ánimo de exhaustividad, se mencionan a continuación:
-Quita de retenciones a la exportación.
-Reducción del Impuesto a los Bienes Personales.
-Intentos de flexibilización laboral.
-Eliminación de los controles a la circulación de capitales.
-Despidos de empleados públicos.
-Recorte de gasto.
-Quita de los controles al mercado cambiario.
-Ataque discursivo a los sindicatos.
-Desregulación de precios.
¿Son estas medidas producto aislado de funcionarios que vinieron a «gestionar» la cosa pública sin ideologías? Con la finalidad de aclarar un poco la cuestión repasemos en qué se basa ese proyecto político al que ningún funcionario dice pertenecer.

Claves.
1. El neoliberalismo es un proyecto político, económico, social y cultural que tiene pretensiones hegemónicas, generando consensos y sentidos comunes que muestren como natural e inevitable lo que tiene carácter político e histórico. Intenta instaurar una sociedad de mercado en la que los comportamientos humanos estén regidos por un sistema de precios de mercado que premia y castiga a cada integrante en función a la contribución que haga a la sociedad.
2. El criterio de eficiencia es más importante que el de justicia. Asimismo, el criterio de justicia se reduce a que cada individuo debe llevarse de la sociedad en función a su contribución.
3. La contribución que cada uno haga al conjunto social está determinada por la productividad de cada acción humana. Dicha productividad queda reducida, a su vez, a lo que determinen los precios de mercado.
4. Es el mercado quien determina qué comportamientos valen, cuáles no, y cuánto valen. La sociedad de mercado se reduce a la sumatoria de los comportamientos individuales guiados por la maximización de utilidad y la minimización de los costos.
5. Los proyectos que promueven, sean estos populistas o comunistas, la injerencia del Estado en el sistema de precios o en el reconocimiento de derechos, levantando la bandera de la justicia social o el bien común, son falsos. Levantan banderas ficticias, coartan libertades individuales sin ningún argumento válido.
6. El Estado, además de las funciones clásicas liberales de defender la propiedad privada, administrar justicia y defender los derechos individuales, debe encarar el objetivo central de demoler lo construido en etapas históricas anteriores a través de un proceso de mercantilización de todos los espacios (por ejemplo, privatizaciones, liberalización de los mercados de capitales y cambiarios, flexibilización laboral).
7. El proceso de destrucción de los colectivos encarado por el Estado neoliberal más allá de incluir la destrucción de parte del aparato estatal, debe socavar sistemáticamente la acción de los sindicatos dado que también intentan interferir en el sistema de precios (el salario lo es) de mercado y en el sostenimiento o reconocimiento de derechos.
8. La desigualdad lejos de ser un problema es el resultado esperable de los distintos niveles de productividad, esfuerzo, laboriosidad e ingenio de los distintos integrantes de una sociedad y, además, el incentivo para que los menos productivos mejoren imitando el comportamiento de los que tuvieron éxito. Por ello las políticas sociales deben ser muy acotadas a determinados grupos poblacionales, dado que si se universalizan se desincentiva el esfuerzo y la iniciativa y, «premiando al ocio», se destruye la «cultura del trabajo».
9. Los impuestos progresivos (los que pagan más quienes más tienen o ganan) son un castigo al esfuerzo, el trabajo y el ingenio y por lo tanto deben reducirse o eliminarse.
10. Al mercantilizar todos los espacios, el individualismo, la competencia, la productividad y la meritocracia se presentan como valores indiscutibles. Dichos valores se transforman en criterios y parámetros que organizan la vida misma, desde las políticas de salud o educación hasta el mundo de las artes, el deporte y la cultura.

Crisis y orden.
Escribía Milton Friedman en 1962: «Sólo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable».
Escribía Eduardo Galeano en su célebre obra «Las venas abiertas de América Latina», en 1971: «La derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin; y la tranquilidad, de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambriento.
Ambos decían la verdad. (Extractado de Página 12).