viernes, 18 septiembre 2020
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Las contradicciones del Departamento de Irrigación

PUNTO DE VISTA

A primera lectura, la explicación del Departamento General de Irrigación publicada el 29 de julio de por qué La Pampa no tiene que esperar agua tampoco esta primavera parece sólida, impecable, sin espacios para ‘peros’. Sin embargo los hay.
Si la nevada histórica no garantiza agua para los ríos pampeanos -ello aún cuando Mendoza estuviera dispuesta a dejarla correr- entonces urge la pregunta: ¿para qué construir represas?
El argumento central ha sido siempre que las represas sirven para garantizar el escurrimiento de los ríos en tiempos de caudales bajos. Esos tiempos han llegado pero pareciera que, según la explicación de Mendoza, no van a beneficiar a La Pampa. No aportaron agua en tiempos de vacas flacas pero tampoco ahora, que hay mucha más nieve que lo habitual.
Y la respuesta no pasa por la ausencia de represas, porque en el cauce del río Atuel hay dos diques importantes, El Nihuil y Valle Grande, ambos con sus respectivos embalses.
Como es evidente -no solo en Argentina sino en todo el mundo-, las represas no garantizan la dotación de agua en todos los tramos de un río, sino que quien lo hace es la gestión responsable del recurso hídrico, sea a través de esas obras de infraestructura, de nuevas tecnologías o de un uso medido del agua.
Uno de los últimos párrafos del informe del DGI aporta una respuesta a este dilema. Es cuando dice que en los meses de primavera se compensan los ingresos a los embalses con las salidas. ¿Cuáles salidas? Las erogaciones para regar las zonas productivas mendocinas, seguramente, pero ¿qué hay respecto a las salidas para que a La Pampa llegue el caudal ambiental mínimo que le corresponde?
Una vez más, el DGI no ha tomado en cuenta este mandato legal en la administración de los ríos que cruzan las dos provincias y los embalses de su territorio.

Arriba y abajo.
Una lectura detallada del informe del DGI muestra otra arista que Mendoza también esquiva y que representa el nuevo paradigma en el manejo del agua: la gestión de los recursos hídricos debe ser ‘integral’, no solo en su extensión territorial -el río Atuel desde que nace en la montaña hasta que descarga en el Salado-Chadileuvú, por ejemplo- sino también en la vertical, es decir, entre recursos hídricos superficiales (ríos, lagunas, embalses) y los subterráneos (acuíferos).
El documento mendocino lo demuestra con claridad: no se puede hablar de recursos superficiales ignorando los subterráneos, como si fueran compartimentos estancos, desconectados entre sí. La segmentación vertical puede ser útil para el estudio de la dinámica de cada subsistema, pero no puede ser una excusa para una administración egoista.

Portezuelo si, Nihuil no.
El informe también es contradictorio, por lo menos desde la lectura pampeana, en otro aspecto que incumbe no solo a La Pampa sino a Neuquén, Río Negro y Buenos Aires. Si la existencia de dos grandes embalses en el curso del río Atuel no garantizan agua para La Pampa, ¿para que construir Portezuelo del Viento, sobre río Grande, en la Cuenca del Colorado?
El argumento con el que Mendoza quiere convencer al resto de la cuenca -ya lo ha logrado con los regantes de Corfo y del sur bonaerense- es que allí se acumulará agua para disponerla cuando haya años pobres. Por lo visto ese argumento funciona para el río Grande pero no para el Atuel.
¿Mendoza va a almacenar agua del río Grande en Portezuelo en años ricos para entregarla en años y dejar a todos contentos, pero no puede hacerlo en el río Atuel? Insólito por donde se lo mire.