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Las detenciones de espías duraron lo que un suspiro

LA SEMANA POLÍTICA

La veintena de acusados por actos de espionaje ilegal a cuenta del macrismo y posible asociación ilícita estuvieron sólo cuatro días detenidos. Ojalá el proceso penal se profundice. Estuvieron presos lo que dura un suspiro.
SERGIO ORTIZ
La Cámara Federal de La Plata con el fallo de uno sus integrantes decidió apartar de la causa por espionaje ilegal y posible asociación ilícita al juez federal de Lomas de Zamora, Federico Villena. El delicado expediente pasó a otro juez federal de esa localidad, Juan Pablo Augé, quien derivó la investigación a los fiscales Cecilia Incardona y Santiago Eyerabide, que venían actuando en la causa.
Villena dejó margen para ser recusado por la defensa de tres espías. Sin embargo su apartamiento es preocupante porque ya había acumulado muchas pruebas contra la banda de exagentes de Inteligencia, policías, miembros del Servicio Penitenciario y exfuncionarios macristas.
Entre otros había detenido a Susana Martinengo, ex coordinadora de Documentación Presidencial; Darío Nieto, secretario privado de Mauricio Macri y Alan Ruiz, un jefe de la AFI. Según algunos imputados, la información colectada por esa asociación ilícita era entregada a Martinengo, quien vía Nieto, la hacía llegar a MM.
Tenían mucha impunidad. Varias reuniones de los espías y Martinengo se hicieron en la Casa Rosada y se asentaron en el libro de ingresos.
Villena recolectó bastante material probatorio. Se lo hizo ver a varias de las personas espiadas, entre ellas Cristina Fernández de Kirchner, Moyano padre e hijo, y Diego Santilli. Es que la banda «Súper Mario Bros», si bien tenía la mira puesta en el kirchnerismo, sus aliados Camioneros y los presos políticos de esa pertenencia en Ezeiza y Marcos Paz, también husmeaba en la vida del vicejefe de gobierno de la CABA.
Con toda esa prueba en su poder, el juez ordenó esa veintena de detenciones entre lunes y martes de fines de junio. El estrépito político se sintió en todo el planeta macrista, porque los detenidos eran de ese palo político, aún cuando no hubieran sido apresados Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, los dos jefes del sótano inundado de la democracia. Entre los macristas más preocupados por la posible detención de su jefe, estuvo Luis Barrionuevo, que alguna vez fue gastronómico.
El apartamiento de Villena y la llegada del nuevo juez hizo que a última hora del viernes y madrugada del sábado, todo el lote menos Ruiz volviera a sus domicilios. Hubo alivio en la tropa amarilla, sobre todo en su jefe. También respiraron aliviados, aunque no saben por cuánto tiempo, los periodistas – de alguna manera hay que llamarlos – Luis Majul, Jorge Lanata y Daniel Santoro, que se nutrían y comercializaban la pesca de esa red.
Las detenciones duraron lo que un suspiro. De todas maneras la veintena no podrá cantar victoria porque lo actuado por Villena no fue anulado y las pruebas recogidas están en manos del juez Augé y la fiscal Incardona. Ojalá que la causa no decaiga con estos funcionarios. Para ello deberán tener fuertes convicciones porque creció la campaña de la derecha política, judicial y mediática presentando las detenciones como una cruel «persecución de los K».

El mundo del revés.
Vivimos en el país del revés. La derecha macrista espió a la oposición (secundariamente, como suele hacer el ingeniero, también a miembros de su familia y algunos aliados), tal como se acredita en esta causa. Y usó esa información ilegalmente obtenida con fines aún más nefastos, de demonización para encarcelar a personas que consideraba opositores. Estos, aún estando presos, no se salvaban de que los pabellones fueran «alambrados» y ser espiados en sus comunicaciones, aún en sus celdas.
Como dato de color, color sangre, el espía Ruiz hacía de productor caído de «La Cornisa». Los audios pescados ilegalmente en ese y otros programas televisivos y radiales se pasaban a toda hora.
Y cuando todo eso se destapó como parte de una asociación ilícita, los espías se quejaron de ser perseguidos, procesados y detenidos. Dijeron ser objeto de una persecución política, del supuesto «Ministerio de la Venganza» que dirigiría la expresidenta.
Ayer la Sociedad Interamericana de Prensa (o sea Clarín, La Nación y la OEA) sacó un comunicado quejándose «por el hostigamiento y la estigmatización en contra de periodistas argentinos por parte de funcionarios del gobierno de Alberto Fernández». Así tratan de proteger a los Majul y otros que están hasta las manos por su estrecha relación con Ruiz.
Los macristas no fueron los únicos que cuestionaron las detenciones. Haciendo hincapié en cuestiones formales, incluso personas muy respetadas como Horacio Verbitsky, cuestionaron los modos con que la veintena fue llevada al juzgado. En El Destape Radio comentó: «estoy muy preocupado con el regreso de Patricia Bullrich al Ministerio de Seguridad».
Cuando el cronista leyó el título de esas declaraciones creyó que Verbitsky había chicaneado a Sergio Berni. El médico y militar había vuelto a la notoriedad en la semana con su aparatosa y mediática intervención en el puente La Noria; y en la semana anterior había aparecido en los medios con un fusil en sus manos. Berni tuvo varias polémicas y cruces con la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, que en general defiende posiciones garantistas.
Comparar el fondo y la forma de estas detenciones en Lomas de Zamora y los procedimientos macristas llevando a sus víctimas a Comodoro Py, supone un serio error.
En el fondo, porque para apresar a exfuncionarios K no había pruebas como las que hay ahora para detener a los espías macristas. Y en la forma, porque a Martinengo no la filmaron detenida en su casa en pijama como a Amado Boudou.
Queda la duda sobre cómo seguirá esta causa del espionaje. Ojalá su desarrollo sea diferente a la historia del caso Vicentin, donde el gobierno nacional anunció una intervención y futura expropiación, hoy más vidriosas y lejanas que nunca. Son dos cosas diferentes, porque lo del espionaje es un trámite judicial y el destino de la agroexportadora es un asunto político-económico-judicial. De todos modos, la comparación es pertinente: se empieza muy bien y después la derecha reacciona, frena y vuelve todo para atrás.

¿Deuda eterna?
Trascendió que mañana el gobierno oficializará ante la SEC estadounidense su propuesta «final» para la renegociación de la deuda externa en dólares en bonos de fondos extranjeros, por 64.800 millones de dólares.
La primera oferta que hizo Martín Guzmán fue en abril y mejorada en junio; la venidera será la tercera. ¿Será la vencida? ¿Quién será el vencedor?
Inicialmente la propuesta significaba pagar unos 38-40 centavos de dólar y bajo presión acreedora se elevó a 48. Ahora será de 50 centavos y con algunos endulzantes implicará un pago de 52-53 centavos.
Esos retrocesos gubernamentales significan unos 14.000 millones de dólares extras para los bonistas. O sea que, aunque el gobierno lo presente como «honrar la deuda sin comprometer al pueblo argentino», supondrá un serio perjuicio a las arcas estatales. Eso es grave, mucho más en tiempos de crisis y pandemia, cuando el Estado necesita más recursos para hacer gastos e inversiones sociales prioritarias.
¿Tiene claro Fernández que la prioridad la tienen los argentinos, especialmente los millones de pobres, antes que los fondos nucleados en ACC, Ad Hoc y Exchange? Una familia tipo necesita 45.546 pesos para no ser pobre…
Por otro lado, ya en la segunda proposición Guzmán y Fernández aceptaban que el período de gracia no fuera de tres años sino de dos, y comenzar los pagos en 2021. Resulta que hasta el FMI admite que el PBI argentino caerá 10 por ciento en 2020 (otros economistas citados por el BCRA hablan de 12) y que el año próximo sólo aumentaría 5,4 por ciento.
O sea que Argentina reanudaría los pagos de la deuda en 2021, cuando la economía estaría recuperando apenas la mitad de lo perdido en 2020. No parece ser el mejor momento para volver a pagar grandes vencimientos de deuda, que Fernández nunca cuestionó ni exigió auditar para saber qué le están (nos están) cobrando.
El 13 de julio se cumplirán 20 años desde que el juez Jorge Ballestero, en la causa iniciada en 1982 por denuncia de Alejandro Olmos, elevó su fallo a Diputados, diciendo que debía investigar la deuda externa por odiosa e ilegal. Así era la deuda engordada por José A. Martínez de Hoz y el dictador Videla, que aumentaron Menem, De la Rúa y especialmente Macri. ¿Y se pagará sin chistar, sin auditoría ni investigación? Fea la actitud…
Todavía no se sabe si los nuevos fondos buitres aceptarán o no la oferta del gobierno. Desde el punto de vista del dinero a desembolsar, no hay una gran diferencia y podría ser que varios fondos acepten. Hoy el problema mayor es que algunos acreedores, especialmente BlackRock, quieren incluir mayores garantías en los contratos de los nuevos bonos, para que en caso de incumplimientos puedan ir mejor blindados a pleitear a Nueva York. Estos buitres están calculando nuevos incumplimientos argentinos ante tamaños pagos.
Si había alguna duda de que lo que está a punto de firmarse es cuestionable y dudoso, allí está la prueba. Esta deuda luce eterna. Eterna debería ser la gratitud a patriotas como Olmos por su investigación y denuncia de la estafa.