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Las dos caras de la moneda

RECOMENDACIONES DEL PAPA A EMPRESARIOS CRISTIANOS

El Papa dio un mensaje para una entidad que está integrada básicamente por accionistas o directivos de grandes empresas, algunas de ellas registradas en los refugios offshore que el pontífice objeta.

Por Horacio Verbitsky

El Papa Francisco leyó un mensaje dirigido a la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), dependiente de la Iglesia Católica, en el que instó a los patrones a no fugar sus ganancias a los paraísos fiscales. En cambio, los exhortó a privilegiar a las pymes e invertir para crear trabajo en el país. Es una recomendación muy apropiada para este momento de la vida política y económica de la Argentina. Y no solo de la Argentina.
Tanto la historia como el presente de esa ACDE difieren de tan bellas palabras: está integrada básicamente por accionistas o directivos de grandes empresas, algunas de ellas registradas en los refugios offshore que el Papa objeta, y, entre quienes financian sus actividades, figuran las mayores fortunas del patronato local e internacional.
En la política local es norma que no sea oro todo lo que reluce. Lo mismo se aplica a los flamantes candidatos Facundo Manes y Florencio Randazzo.

Los fundadores.

ACDE postula dejar de lado la confrontación y fomentar la conciliación de posiciones, pero su historia ha sido de combate contra el peronismo y sus políticas. Su fundador fue Enrique Shaw, nieto del ingeniero belga Ernesto Tornquist, cuya empresa de transporte Villalonga condujo de ida las provisiones para los soldados expedicionarios de Roca que exterminaron a los aborígenes para apoderarse de sus tierras y llevó de vuelta a los indígenas capturados como mano de obra esclava a Tucumán. También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esas condiciones. Cuando Roca fue Presidente, le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de sus empresas. Uno de sus hijos, tío de Enrique Shaw, se ordenó sacerdote. En abril de este año, el Papa lo declaró Venerable, paso previo a su beatificación. Como directivo de la Cristalería Rigolleau, Shaw consiguió que la central estadounidense desistiera del despido de 1.200 trabajadores. ¿Será ese el milagro que reclama el protocolo vaticano?
Desde el papado de Pío XI, iniciado hace 99 años, al mismo tiempo que Mussolini llegaba al poder en Italia, la Iglesia Católica agrupó a sus laicos en organizaciones representativas de distintas actividades, para desarrollar la actividad política que la modernidad no permitía ejercer a los obispos. Esas entidades eran manejadas con la larga mano episcopal. Eso, que entonces fue una gran novedad, hoy es de rutina.
El instrumento escogido fue la Acción Católica, dividida a su vez en ramas de hombres, mujeres y jóvenes; con especializaciones para obreros, campesinos, empleados, patrones y profesionales. Una de esas estructuras fue la Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas (Uniapac). Para Antonio Gramsci, la Acción Católica representó «la reacción contra la apostasía imponente de masas enteras, vale decir contra la superación masiva de la concepción religiosa del mundo. No es más la Iglesia quien fija el terreno y los medios de lucha; debe aceptar, en cambio, el terreno impuesto por sus adversarios o por la indiferencia, y servirse de armas tomadas en préstamo del arsenal de sus adversarios (la organización política de masas)».
Hombres de la Acción Católica Argentina crearon la ACDE (que por entonces significaba Asociación Católica de Empresarios) y la adhirieron a la Uniapac en 1952, cuando ya era evidente el desencuentro entre la conducción episcopal y el gobierno de Juan D. Perón. Los fundadores fueron 67 hombres y ninguna mujer. A la Iglesia Católica todavía no la atribulaba la ideología de género.
Desilusionado por la deriva peronista, que adquirió los tintes de una religión laica, en cuyos altares las dos personas de la pareja presidencial substituyeron a las tres de la santísima trinidad católica, el Vaticano impulsó la creación de un Partido Demócrata Cristiano, a semejanza de los que en la Europa de la segunda posguerra mundial habían conseguido frenar en las urnas el avance del comunismo, con apoyo político, económico y de inteligencia de Estados Unidos, y que también se implantaron con éxito en Chile y Venezuela. Perón reaccionó con furia ante esta incomprensión de que el casillero del anticomunismo ya estaba bien ocupado en la Argentina y el conflicto escaló hasta hacer eclosión a fines de 1954.
Entre las seis docenas de fundadores de la ACDE abundan los apellidos de
grandes terratenientes (Rafael y Jorge Pereyra Iraola, Jorge Pereda, Saturnino Llorente);
propietarios de ingenios azucareros del norte en torno de los cuales crecieron pueblos (Alfredo Miguel Nougués, quien se jactaba de hacer representar obras de Moliere en su ingenio San Pablo); poderosos industriales textiles (Aloys y Jorge Steverlynck, que también fundaron un pueblo en torno de su algodonera Flandria, tal vez la primera empresa que pagó vacaciones y aguinaldo a sus trabajadores); comerciantes (Luis y Francisco Muro de Nadal, de la sastrería Muro, que Luis dejó por un tiempo para sumarse al alzamiento franquista en la guerra civil española); banqueros (Hernando Campos Menéndez, Enrique Shaw Tornquist y Fernando Tornquist); agentes de bolsa (Enrique Algorta); joyeros (Manuel Escasany); financistas (Ernesto Díez Miralles); petroleros (Carlos y Jorge Pérez Companc, Juan Bustos Fernández); petroquímicos (Carlos Enrique Dietl); constructores de viviendas suntuosas en las avenidas Alvear, del Libertador y Figueroa Alcorta (Juan Carlos Corral Ballesteros); cabañeros (Raúl Lanusse) y profesionales que les prestan servicios (Mario Luparia, quien sería vicepresidente de Acción Católica durante la última dictadura; Federico Videla Escalada, nombrado por los golpistas de 1976 para integrar la Corte Suprema de Justicia, a la que La Nación propuso que volviera en 2003).

Un semillero de funcionarios.

Varios de ellos (Llorente, Jorge Salimei, Videla Escalada, Basilio Serrano, quien fue administrador del Episcopado) ocuparon cargos en las dictaduras que se sucedieron luego del derrocamiento de Perón en 1955, por un golpe que organizó la Iglesia Católica, para el que pudo reclutar a unos pocos militares en retiro. En 1976, el presidente de ACDE era el terrateniente y directivo de empresas locales e internacionales José Alfredo Martínez de Hoz, que de allí saltó al Ministerio de Economía.
En 2008, ACDE apoyó en forma activa el alzamiento de las patronales agropecuarias contra las retenciones móviles del ministro de Economía de Cristina, Martín Lousteau, para lo que contó con el estímulo del entonces cardenal Jorge Bergoglio, quien presidía la Iglesia Católica Argentina. Durante la reunión de ACDE a mediados de 2008, ocho de cada diez asistentes encomiaron el desempeño de las patronales agropecuarias y el 96 por ciento consideró regular o mala a la dirigencia política. Presidía ACDE el consultor Adolfo Ablático, ex directivo del Grupo Bulgheroni, quien promovió una «autocrítica empresarial» por no haber acompañado lo suficiente a la Mesa de Enlace. Esta era la línea oficial del Episcopado, cuya comisión de Justicia y Paz estaba a cargo del poderoso empresario de la soja transgénica Eduardo Serantes, ahora miembro del Consejo Directivo de ACDE. Ablático advirtió contra el efecto inflacionario de los aumentos salariales, se opuso al proyecto de ley de Héctor Recalde que reglamentaba el artículo constitucional sobre participación obrera en las ganancias de las empresas; objetó la denuncia de CFK por Papel Prensa (cuyo Consejo de Vigilancia integraba como vicepresidente), y apoyó a Techint en su denuncia contra las medidas de lucha de los camioneros de Hugo Moyano.
Durante la segunda presidencia de Cristina, el presidente de ACDE fue Pablo Taussig, de la consultora estadounidense Spencer Stuart, especializada en selección de personal de dirección. Sus principales definiciones fueron apoyar la resistencia del Grupo Clarín a la ley audiovisual y denunciar avances del Poder Ejecutivo sobre la Justicia. Lo sucedió Juan Pablo Simón Padrós, de la misma consultora, cuya bandera de lucha fue oponerse a cualquier restricción del derecho patronal a despedir trabajadores. Los líderes pasan, la línea queda. Este año cuestionaron la reforma a la ley del Ministerio Público Fiscal y la presión impositiva, que consideran excesiva. De los 30 oradores del programa, sólo uno no era empresario, sacerdote, militante o funcionario de Juntos por el Cambio. Se llama Emilio Pérsico, se distingue por una larga barba blanca, fue recibido varias veces en Roma por Bergoglio y pronunció en la reunión de ACDE un escalofriante discurso machista, que atribuye la delincuencia masculina a los planes sociales focalizados en las mujeres.

Pasado y presente.

Si el pasado de ACDE es elocuente, en la actualidad no desentona. Su actual presidente es Gonzalo Tanoira, hijo del polista homónimo y de María Luisa Miguens Bemberg. Según el ranking de las mayores fortunas de la revista Forbes de 2018, la de la familia Miguens Bemberg ascendía entonces a 820 millones de dólares. Tanoira es tataranieto de Otto Bemberg, quien junto con los Pereyra Iraola fue el arquetipo del empresario enfrentado con el peronismo. La secretaria de ACDE es Silvia Bulla, de la petroquímica estadounidense Dupont.
Durante los años del menemismo, Tanoira trabajó en la emisión de acciones para compañías latinoamericanas del banco Bear Stearns en Nueva York. Las principales empresas de Tanoira son la Citrícola San Miguel, que se declara líder entre las exportadoras de limones del mundo; la Central Puerto, principal generadora privada de energía eléctrica del país, que la familia adquirió tras la venta de la Cervecería Quilmes; la bodega Peñaflor, el banco Quilvest que el grupo Miguens-Bemberg posee en Estados Unidos y Europa. También es Director Financiero y CEO de la minera inglesa Patagonia Gold PLC.
En el libro del exilio La fuerza es el derecho de las bestias, Perón escribió que la familia Bemberg es «un inmenso pulpo venenoso que todo lo va emponzoñando y ocupando. La corrupción de funcionarios públicos fue su especialidad. La coima es una institución bembergiana. Penetró el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Mediante este procedimiento delictuoso llegó a amasar una gran fortuna». En el juicio sucesorio de Otto Bemberg, «con gran sorpresa para el fisco, su fortuna se reducía sólo a seiscientos mil pesos». El Estado denunció esta simulación para evadir impuestos. «El juicio durmió el sueño de las cosas olvidadas durante quince años», hasta que Perón asumió la presidencia. Las demandas por defraudación al fisco y por monopolio terminaron con condenas a la sucesión Bemberg y la liquidación de sus bienes. Cuando «se comprobó que algunos testaferros actuaban para adquirir para Bemberg lo que el mismo Bemberg vendía», el Congreso sancionó una ley que permitió «una real liquidación de los bienes». El Sindicato de Cerveceros compró «las cervecerías y los establecimientos afines, pagando un precio justo y convirtiéndose en propietarios, mediante el sistema cooperativo», agrega Perón. Los golpistas de 1955, entre cuyos ministros estuvo el entonces joven Martínez de Hoz, devolvieron los bienes a los Bemberg.

Los limones de la felicidad.

En 2018 Maurizio Macrì viajó a Tucumán, para celebrar la primera exportación de limones a Estados Unidos, consecuencia de su gestión personal ante Donald Trump, quien no se privó de gastarlo en público, remedando el pregón de un buhonero que ofrece su mercadería: «Limones, limones». Macrì habló desde la planta de Argenti Lemon, cuyo origen fue Citrus Trade Famaillá, creada por Franco Macrì y Álvaro Carlos Bulacio. Luego se llamó San Miguel. Socma le vendió su parte al Grupo Bemberg y tanto Argenti Lemon como San Miguel tuvieron como director a Fernando Orís de Roa, a quien Macrì designó embajador en Estados Unidos. El 7 de julio de 1998, la edición local del diario de negocios Wall Street Journal Americas informó que uno de los accionistas de San Miguel era Darby Overseas, del ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos Nicholas Brady, quien ideó una de las renegociaciones de la deuda externa argentina, que culminó con la hiperinflación de 1989. Otro socio es Martín Otero Monsegur, de la familia que vendió el Banco Francés al vasco BBV. Otero presidió la reunión anual de ACDE en 2019 y tanto él como Tanoira integraron el grupo de WhatsApp Nuestras Voces, formado ese año por dos centenares y medio de dirigentes de empresas que intentaron en vano rescatar del abismo electoral a Maurizio Macrì. Una de sus actuaciones principales fue solidarizarse con el operador judicial del Grupo Clarín, Daniel Pedro Santoro, cuando fue procesado por extorsión, como parte de la banda del agente de inteligencia Marcelo Sebastián D’Alessio, como si estuviera en juego la libertad de expresión.
Además, Tanoira es directivo de la Red de Acción Política (RAP), que con apoyo de las embajadas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Suiza y España y de empresas de la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense (Amcham) se propone «ocupar espacios de poder para transformar el país», y ha organizado viajes a Estados Unidos de políticos antikirchneristas, como Margarita Stolbizer, Gabriela Michetti, Paula Bertol, Mónica Fein o Walter Agosto.

No hagan Bulla.

Quien acompaña a Tanoira como secretaria de ACDE es Silvia Bulla, quien hasta febrero de este año fue presidenta de Dupont Argentina y de Danisco. Integra el Board de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham) y la conducción de IDEA y acompaña al sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga en la iniciativa solidaria Seamos Uno.
Du Pont de Nemours fue creada hace dos siglos como fabricante de pólvora, luego viró hacia la petroquímica y en 2017 se fusionó con su principal competidor, Dow Chemical. Dupont Argentina es una de sus subsidiarias. Danisco produce alimentos, suplementos dietéticos, biocombustibles y productos farmacéuticos y desde 2011 forma parte de Dupont, que la adquirió por 6.300 millones de dólares. El Papa no tiene por qué saber que Dupont está registrada en Delaware, que permite la inscripción de compañías con sede en cualquier otro lugar de Estados Unidos o del mundo. Es decir, uno de esos lugares que Francisco menciona como paraísos fiscales, en una mala traducción, ya que en inglés no se denominan tax heavens sino tax havens, es decir guaridas fiscales.
Una empresa que ofrece registrar compañías en Delaware por apenas 700 dólares, online o por teléfono y en dos días, dice que «las leyes fiscales permiten que las corporaciones tributen a una tasa baja en Delaware y eviten impuestos más altos en sus Estados de origen. Delaware no requiere que las empresas revelen los nombres de los directores o accionistas de la corporación. Por lo tanto, esta información es completamente confidencial». Delaware, también tiene un tribunal especial que resuelve casos relacionados con el derecho corporativo.
Por declaraciones como la que dirigió a ACDE, el pontífice argentino se ha convertido en el ídolo de los deshilachados restos de la izquierda europea, que mira al Vaticano como un aliado en una batalla desigual. Si Bergoglio lo hace a sabiendas de que queda bonito pero prevalecerán los intereses de siempre, o si sus bases empresariales lo escuchan como quien oye llover, es una cuestión secundaria y opinable. Los hechos no admiten discusión. El principal problema de la Argentina es un patronato transnacionalizado y financiarizado cuya agenda pasa por la reducción de sus aportes al bien común y la resistencia a cualquier acción estatal que regule el funcionamiento de la economía y mejore la calidad institucional. Está dispuesto a la dádiva, pero nunca al reconocimiento de derechos, que considera inseguridad jurídica, porque concibe al Poder Judicial como garante de sus privilegios.

De la cabeza.

Al aproximarse la cita electoral, la oposición busca caminos alternativos para al menos achicar las distancias con el oficialismo que, contra todos los vaticinios, ha mantenido la unidad, que le dio la victoria en 2019. Una novedad es el lanzamiento del ex ministro de Transporte e Interior Florencio Randazzo. Ya lo hizo en 2017, con la jefatura de campaña de Alberto Fernández y la activa participación del Movimiento Evita, la organización social antikirchnerista que más fondos recibió del gobierno de Maurizio Macrì, con el que firmó un acuerdo de paz social. Pero apenas logró el 5% de los votos. Ahora, Randazzo afirma que no le interesa ocupar la avenida o la bicisenda del medio entre el kirchnerismo y el macrismo, sino que va a otro lado. Las credenciales que exhibe son sus actos de gestión como ministro de Cristina: la emisión de documentos de identidad con un software propio, rápido y a bajo costo, y la renovación de los ferrocarriles.
Omite que su predecesor, Aníbal Fernández, dejó todo listo para poner en marcha la operación Pasaportes y DNI, y que luego de que un tren chocara con los paragolpes de una terminal ferroviaria, dejando medio centenar de muertos y casi un millar de heridos, Cristina le otorgó un presupuesto de más de 1.000 millones de dólares para adquirir cuanto antes material llave en mano en China, desde vagones hasta durmientes.
La semana pasada, el portal El Disenso lo rebautizó Randa$o, en una nota en la que afirma que es director titular de una empresa especializada en contrataciones directas millonarias con el Estado, denominada GMS.
En 2014, el ministro Randazzo le otorgó una Adjudicación Directa por 226 millones por la «adquisición de insumos para la elaboración documental del pasaporte electrónico nacional argentino para la Dirección Nacional del Renaper», y otra por 1,4 millones por la «Provisión de la infraestructura criptográfica PKI para la Dirección Nacional del Registro Nacional de las Personas».
En 2017, el gobierno de Maurizio Macrì contrató con GMS el servicio de «Análisis y mantenimiento de la plataforma de PKI del Renaper».
El actual gobierno contrató en forma directa con GMS el «Servicio de Digitalización de Expedientes Administrativos de Pensiones por Invalidez», en 2020 por 23,3 millones de pesos y en 2021 una «Solución Integral para la administración y gestión de prestaciones de discapacidad y soporte» por 59,4 millones de pesos.
Su presidente es Jorge Omar Panelli. Pero en mayo del año pasado, el propio Randazzo fue designado director de GMS. La nota concluye que el otro hombre de Chivilcoy «sabe cómo vender bien cara una derrota».

El candidato del FMI.

En la Ciudad Autónoma, Horacio Rodríguez Larreta está a punto de imponer la candidatura del Hada Buena, tal como anticipó El Cohete hace seis meses. Patricia Bullrich amenazó con una interna pero tan atemorizada por una derrota en la Capital como El Hada Buena en la provincia, tiene cada día menos entusiasmo por una postulación, que la dejaría fuera de carrera para 2023. Maurizio Macrì demostró su proverbial solidaridad y calor humano tomándose vacaciones en el momento de la decisión y anunciando por carta que no opinará sobre internas. En la provincia de Buenos Aires, Diego Santilli deberá medirse en las Primarias con el mediático Facundo Manes y, tal vez, también con el primo inteligente de Macrì, el intendente de Vicente López.
Manes será el candidato de la Unión Cívica Radical, donde lo proclamaron Ernesto Sanz y el carcelero jujeño Gerardo Morales. Pero además de la UCR, Manes será en esta elección el hombre del FMI. En 2002 fundó el Partido 1810, cuya primera acción fue una carta dirigida al Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, en la que le pedía que condicionara cualquier apoyo a la Argentina a la realización de las «reformas estructurales» que planteaba el Fondo Monetario Internacional, entre ellas la reducción del gasto público y una reforma política para garantizar Que se vayan todos. Junto con Manes, firmaron esa verdadera proclama el ingeniero graduado en Harvard Marcelo Bomrad, ex director de Repsol y del laboratorio Novartis, que militó en la rama universitaria de la UCeDé, UPAU; el empresario Darío Curátola y los abogados Sergio Gregov y Gastón Manes. Todos se jactan de sus posgrados en universidades de Estados Unidos e Inglaterra, que les proveerían del «conocimiento del mundo» que no tendrían los políticos argentinos. El senador Eduardo Duhalde, que entonces estaba a cargo en forma interina del Poder Ejecutivo, «se maneja con una cultura barrial», declaró Facundo Manes al diario La Nación. La clase política «es muy limitada, no entiende el pensamiento de un yanqui. Cree que lo va a seducir con una chicana barrial. Hay que conocer el mundo». Con una soberbia que los años no han atenuado, dijo que bastaban seis días, como en el Génesis, para hacer las transformaciones necesarias. Antes, se proponía ganar las elecciones presidenciales con el 40% de los votos. «Si no nos metemos nosotros en política se van a meter los Menem, De la Rúa y Rückauf de nuestra generación», concluyó. Elisa Carrió, que lo conoce bien, dijo que en dos años Manes quiere desembarcar en helicóptero sobre la Casa Rosada. En una nota de «El cohete a la luna», Jorge Elbaum cuenta cómo Manes hizo la acumulación primitiva, firmando un certificado falso para encerrar en un manicomio por demencia a una millonaria.
Que 20 años es nada, cantaba Gardel. Desde el lanzamiento de aquel partido político han pasado sólo 19, uno menos que nada.