Las economías regionales siguen de mal en peor

LOS PROBLEMAS NO SON LOCALES SINO NACIONALES

Lo que sucede en los circuitos productivos regionales no es un problema regional, sino nacional pues afecta
los niveles de producción y precios. Desde lo económico tampoco son problemas específicos de cada producción.
CLAUDIO SCALETTA *
Uno de los pasajes más recordados de Adam Smith es probablemente el de la fabricación de alfileres con el que comienza “La riqueza de las naciones”. Smith sintetiza allí que la mayor riqueza en el capitalismo naciente se originaba en el aumento de la productividad del trabajo provocada por su división. Luego, esta división al interior de la fábrica se extendía al mercado nacional y global. El segundo pasaje célebre, también del primer capítulo y el que interesa citar aquí, deriva de la extensión del mercado: es el de “la chamarra del jornalero”, uno de los primeros registros escritos de la globalización productiva y en el que se relata cómo en la producción de una simple prenda de lana intervenía una multitud de trabajadores y mercaderes de todo el planeta en su versión siglo XVIII; en los albores de la revolución industrial. Definidas las causas de la generación de la mayor riqueza, Smith seguía a lo largo de su obra con las medidas de política: liberar a los mercados de sus trabas y barreras que impedían expresarse a la división del trabajo en el taller, entre los individuos y entre las naciones.

Invasión extranjera.
El eco smithiano retumba hoy con fuerza en los supermercados de la Argentina amarilla. En las góndolas se manifiesta, a simple vista, el mercado mundial. En los escaparates ya no hay sólo productos de las economías regionales, sino también cerdos daneses, pollos brasileños, manzanas chilenas, naranjas españolas y frutillas polacas, entre otros tantos productos planetarios. Para que el prodigio sea posible, el debate económico local retrocedió décadas. Junto con las mercancías exóticas reaparecieron los defensores de la apertura económica como herramienta de disciplinamiento de precios internos o de incentivo a la competitividad. Imposible no recordar la publicidad de las sillas importadas de tiempos de José Alfredo Martínez de Hoz. Resulta asombroso tener que volver a dar en el presente el mismo debate que hace 40 años. No sólo por el paso del tiempo, sino porque ahí está la historia para conocer de antemano los resultados que tuvieron estas políticas sobre el aparato productivo y el empleo.

Peor que antes.
El discurso aperturista contrasta, sin embargo, con la insistencia de campaña sobre la necesidad de recuperar las economías regionales. Sucede que las nuevas importaciones no se limitaron a productos elaborados, insumos de procesos industriales, o bienes que no se producen localmente, sino que como lo manifiesta el supermercado, alcanzan a carnes, frutas y hortalizas que compiten con economías regionales ya deprimidas por la contracción de sus mercados de destino, locales y mundiales. El supuesto pro regionalismo del nuevo gobierno funcionó en realidad como un ariete discursivo destinado a justificar la devaluación y la quita de retenciones para el agro pampeano. Salvo excepciones, a pesar de la mejora en el tipo de cambio efectivo, en los últimos ocho meses las regiones empeoraron su situación y su comercio exterior. Como fue advertido, las medidas cambiarias y arancelarias sólo provocaron un efecto riqueza para los exportadores, pero ninguna mejora en el valor agregado ni en el comportamiento interno de los circuitos productivos. La apertura comercial, con importaciones de productos competitivos con las regiones, representa un nuevo agravante. Un segundo problema es que a diferencia del agro pampeano, las producciones regionales no son de ciclo anual, piénsese por ejemplo en la fruticultura, la viticultura o el sector lácteo, por lo que los procesos de destrucción que hoy se registran serán de reconstrucción lenta.

Quién gana.
Resta una pregunta clave: si no fueron cambiarios y arancelarios, ¿cuáles son los problemas de las economías regionales? Una respuesta es que las dificultades se encuentran en la distribución de la renta al interior de los circuitos productivos. Si el precio que recibe el productor primario es un porcentaje marginal del precio que paga el consumidor es altamente probable que existan problemas de rentabilidad lo suficientemente fuertes como para disuadir el ingreso de nuevos capitales a la producción primaria. Existen muchos casos en que estas dificultades se resuelven “naturalmente” por medio de “la mano invisible del mercado”, es decir; con integración vertical. Los productores primarios independientes desaparecen y la producción termina controlada por grandes empresas, incluidos los supermercados. Son procesos de integración de arriba hacia abajo que favorecen a la sección de la cadena con más capacidad en la determinación del precio. Normalmente se cargan las tintas sobre el supermercadismo, pero existe también una sumatoria de intermediarias, como procesadoras y distribuidoras, que con mayor o menor énfasis, participan de la apropiación de la renta primaria. Dos ejemplos son las usinas lácteas y las empacadoras frutícolas, las que controlan cartelizadamente el precio primario por medio de la propiedad de activos estratégicos.

Un problema común.
Un déficit de la anterior administración fue no involucrarse con lo que sucedía al interior de estas cadenas. Especialmente en los últimos años la conducción económica tuvo conciencia de la situación, pero desde la política se optó por no abrir nuevos frentes de batalla. Tradicionalmente el poder central decidió que los problemas de los territorios eran potestad de los caciques territoriales. Los peronismos provinciales son fuerzas conservadoras con estrecha relación con los poderes económicos locales, lo que redundó en “no meterse” con las cadenas de valor. Mirando hacia el futuro deberán considerarse dos dimensiones. La primera es que lo que sucede en los circuitos productivos regionales no es un problema regional, sino nacional en tanto afecta los niveles de producción y precios de los bienes salario. La segunda es que desde la perspectiva económica no son problemas específicos de cada producción. No hay una problemática de la leche, otra de las frutas, la yerba o el tabaco: lo que existe es un problema común de apropiación de renta primaria que, en principio, se resuelven con una ley nacional de comercialización de productos perecederos, una legislación que, una vez sancionada, debe ser “militada” en cada territorio.

* EPPA (Economía Política Para la Argentina).