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Las piezas del rompecabezas

La exposición de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner ante el Tibunal Oral Federal 8 tuvo la virtud de presentar un conjunto de acontecimientos vinculados entre sí que por lo general, e interesadamente, se muestran en forma separada y hasta desconectada. A saber: la acusación de encubrimiento del atentado a la AMIA mediante el Memorándum con Irán, formulada por Alberto Nisman (y estrechamente vinculado a ese hecho, la acusación de «asesinato» del fiscal); la reapertura de la causa, que estaba prácticamente desactivada ante la falta de pruebas, por parte de los jueces Hornos y Borinsky; las visitas frecuentes de ambos magistrados al expresidente Mauricio Macri; el reclamo de los fondos buitre que no aceptaron el canje de deuda con el gobierno argentino; la llamada «mesa judicial» para presionar, designar y remover jueces por fuera de los mecanismos constitucionales; el «sorprendente» sorteo de causas contra CFK que recaían invariablemente, en el juzgado de Claudio Bonadío…
En su alocución la vicepresidenta encastró las muchas piezas del rompecabezas para presentarlas ordenadas y darles coherencia como partes de un todo. De tal forma quedó expuesto el entramado de intereses que confluyó en lo que es quizás el ejemplo más acabado de «lawfare», es decir la guerra o persecución mediante el aparato judicial para hostigar y desprestigiar a dirigentes con la complicidad imprescindible del aparato mediático hegemónico. Idéntico mecanismo se utilizó en Brasil contra Lula Da Silva y en Ecuador contra Rafael Correa.
Las embestidas contra la expresidenta de jueces y fiscales, en perfecta sintonía con un persistente acoso de los grandes medios porteños, se replicaba en el ámbito internacional con una intensa campaña publicitaria dirigida por la llamada «task-force» -grupo de tareas o fuerza especial- armada por los fondos buitre que pretendían cobrar más que los acreedores que habían acordado una quita con el gobierno argentino. Con enormes avisos en los principales diarios del mundo se acusaba de «complicidad» a la expresidenta con el «régimen iraní» para dejar «impune» el atentado explosivo a la AMIA. La gigantesca mentira del «levantamiento de las alertas rojas» contra los acusados iraníes fue desbaratada por el exdirector de Interpol, Ronald Noble, quien nunca fue citado a declarar en la causa a pesar de su intención expresa de hacerlo.
El recuerdo de Héctor Timerman, a quien le negaron la salida del país para un tratamiento oncológico en Estados Unidos, fue uno de los picos emotivos del intenso discurso de CFK y de otras alocuciones que se escucharon en la misma audiencia. La muerte prematura del excanciller fue la exacta medida de la impiedad que alcanzó la persecución política-judicial-mediática desatada por los poderosos intereses del exterior y de nuestro país.
El objetivo final de tanto ensañamiento fue -en palabras de la vicepresidenta- volver a someter a nuestro país al cepo de la deuda externa, y con ello condicionar su capacidad de decisión soberana. John Adams, presidente de EEUU entre 1797 y 1801 había dicho: «Hay dos formas de conquistar y esclavizar una nación. Una es la espada, la otra es la deuda».