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Las «polémicas» de los fabricantes de mentiras

Una vieja canción del dúo Sui Generis menciona a un «fabricante de mentiras». La expresión cabe como anillo al dedo para hablar de los que hoy inventan «polémicas» a fin de poner en cuestión la eficacia de las restricciones sociales para contener el avance del Covid-19.
La evolución de la pandemia ha mostrado ser dinámica y estar sujeta a parámetros que pueden ser controlados, dentro de ciertos límites, por el comportamiento social. Casi todos los gobiernos del mundo así lo han reconocido, con excepción de aquellos conducidos por liderazgos mesiánicos y carentes de sensibilidad social -Estados Unidos y Brasil son los ejemplos paradigmáticos- que han terminado pagando un altísimo costo en vidas y en saturación de los sistemas de salud las desacertadas decisiones políticas.En nuestro pago chico las cosas no han sido diferentes. Luego de los altos niveles de contagio que se verificaron semanas atrás ha llegado una fase de descenso, lento pero sostenido, producto de las limitaciones a la circulación social que adoptó el gobierno provincial. La prohibición taxativa de las reuniones familiares y sociales y de la circulación nocturna fue la base del nuevo operativo. Cumplió con el propósito de reducir la tasa de contagio de la enfermedad sin afectar las actividades económicas, ya bastante maltrechas por la extensa pandemia.
En sentido contrario, también quedó harto demostrado que la ausencia de cuidados fue la causante de la propagación del virus. El estallido de diciembre obedeció a una combinación de factores como el aumento de la llegada de personas desde otros puntos del país, la mayor movilidad social y las fiestas de fin de año. Los primeros días de enero reflejaron cabalmente ese comportamiento colectivo desatento al cuidado. Los picos que superaron la barrera de los 400 contagios diarios eximen de todo comentario.
Estos resultados deberían servir para terminar de una buena vez con las «polémicas» superfluas, inconducentes, que demandan enorme energía social sin aportar nada constructivo. Por lo general son fogoneadas por los grandes medios de confusión porteños que, trivializando el problema, estimulan la producción en serie de discusiones carentes de sustento. En nombre de la suprema libertad del individuo se han generado debates disparatados, se ha atentado contra la salud pública y contra los intereses de la comunidad. Y lo peor es que todo tiene lugar apelando a la manipulación y a las noticias falsas (fake-news) para inducir conductas nocivas que atentan contra las propias personas y, por extensión, la sociedad.
En nuestra provincia los hechos son contundentes como para valorarlos mucho más que las palabras venenosas. Pero también están los ejemplos muy claros de los países socialmente más desarrollados, como los europeos, en donde la contención de la propagación masiva de contagios se viene realizando con medidas restrictivas a la circulación de las personas y controles mucho más severos que los que se practican entre nosotros.
Ya son demasiadas las evidencias y está harto demostrada la utilidad de los cuidados sociales como para seguir gastando saliva en las polémicas artificiosas que propagan los grandes «fabricantes de mentiras».