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Las rutas de la discordia

Si un ciudadano argentino se guiara por la publicidad electoral o por las declaraciones del presidente de la Nación puede llegar a creer que vivimos en un país que está llevando a cabo una revolución en materia de obras viales. Los videos que saturaron las pantallas televisivas durante el período previo a las PASO no pararon de mostrar a trabajadores y maquinarias desplegadas a lo largo y lo ancho de toda la geografía argentina abocadas a la loable tarea de mejorar las comunicaciones terrestres. Lo mismo los discursos del jefe de gobierno, quien no dudó en afirmar que bajo su mandato se construyeron más de 7.600 kilómetros de carreteras lo cual -según sus propias palabras- supera todo lo realizado en los últimos 65 años. Un sitio web, nada opositor, se encargó de poner las cosas en su lugar cuando aportó los datos que desnudaron semejante exageración: 461 kilómetros, bastante menos que el promedio anual de obras viales realizadas bajo el kirchnerismo.
Lamentablemente la realidad de los hechos concretos está muy lejos de ese mundo de fantasía, pletórico de imágenes y palabras que solo buscan un impacto emocional en los ciudadanos en busca del voto. Este diario informó a lo largo de la semana pasada los infructuosos intentos del gobierno pampeano por obtener alguna respuesta por parte de la Dirección Nacional de Vialidad con relación al calamitoso estado de las rutas que dependen del gobierno central. Ese abandono de la red vial nacional influye directamente en la provincial pues el tránsito -especialmente el pesado, que es el que más afecta el estado de las carreteras- hace bastante tiempo que se viene desviando de una a la otra para evitar los tramos en pésimo estado que ponen en riesgo la seguridad de los vehículos.
Pero este panorama lamentable no solo se ofrece en La Pampa sino en casi todo el territorio del país. Y así lo vino a corroborar el Consejo Vial Federal al plantear un duro cuestionamiento a las autoridades nacionales y responsabilizarlas del profundo deterioro que presentan las rutas bajo su responsabilidad. El organismo, en donde están representadas todas las provincias, enfatizó que ese problema se traduce en perjuicios presupuestarios para los Estados provinciales que ven aumentar el deterioro de sus rutas a partir del incremento del tránsito que opta por esquivar las carreteras nacionales.
En lo que concierne a La Pampa, todavía están frescas en la memoria aquellas palabras del presidente de la Nación cuando demandó que los arreglos urgentes que necesita la ruta nacional 152 corran por cuenta del tesoro provincial porque «ustedes tienen plata».
Entre el abandono de la infraestructura vial nacional y la despreocupación mostrada al -ni siquiera- responder los apremiantes requerimientos de las provincias, queda en evidencia el desinterés del gobierno nacional por este aspecto tan relevante para la economía nacional y la seguridad de los argentinos. En verdad, no es algo diferente a lo que también se observa en otras áreas estratégicas como salud, educación, industria o ciencia y tecnología.