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Las secuelas del neoliberalismo

Las secuelas del neoliberalismo no son fáciles de reparar; los argentinos lo sabemos muy bien. Tres veces padecimos esa pandemia en el país y las tres veces salimos maltrechos. Cada vez que un gobierno -militar o civil- aplicó el dogma neoliberal terminamos más pobres, más desiguales y más endeudados. Imposible zafar de ese resultado con ese recetario; aquí y en cualquier país del mundo subdesarrollado.
Otra propiedad distintiva de estos experimentos económicos es la muy diferente velocidad de entrada y de salida. Al pozo neoliberal se puede caer muy fácil y rápidamente. El problema es la salida, la reparación de los daños. Eso es un proceso largo y costoso, en términos de sacrificio social y de tiempo. En síntesis: las condiciones de bienestar popular se pueden destruir con gran rapidez, en cambio la reconstrucción es, indefectiblemente, muy lenta.
La última dictadura militar, la década de Menem-De la Rúa y el cuatrienio de Mauricio Macri fueron tres momentos de degradación neoliberal. Los tres acarrearon idénticas consecuencias y los gobiernos que los sucedieron tuvieron que remar muy trabajosamente para restaurar los graves daños provocados. Y no todos lograron salir del pozo. El desempeño económico del gobierno de Alfonsín y su dramático final lo atestiguan.
Esta introducción viene a cuento a partir de las recientes declaraciones del ministro de Educación de la Nación, quien señaló que nuestro país no está en condiciones de planificar un sistema de educación virtual como sí lo están haciendo muchos países europeos porque entre nosotros el gobierno de Macri eliminó el programa Conectar Igualdad.
En este período excepcional que plantea la pandemia, la virtualidad es una poderosa herramienta educativa para compensar la pérdida de clases presenciales. Pero la desigualdad económica que caracteriza a la sociedad argentina impide poner en marcha un sistema de esas características porque amplios sectores populares no tienen acceso a la tecnología por falta de recursos económicos. El abandono de aquel plan de distribución masiva de computadoras entre los estudiantes de todo el país durante el cuatrienio de Cambiemos es otra de las consecuencias negativas de ese gobierno que significó un fuerte retroceso en el sistema de educación pública. La eliminación de ese programa tuvo lugar muy rápidamente, en cambio la recuperación llevará tiempo y esfuerzo en un país empobrecido y endeudado. Es el axioma de siempre: la destrucción neoliberal es expeditiva, en cambio, la reconstrucción con sentido popular demanda plazos muy extendidos.
La educación no fue el único campo que sufrió la depredación macrista: la salud pública, el desarrollo científico, el nivel de empleo, la actividad industrial, el arte y la cultura… No hubo actividad que estuviera a salvo de ese gobierno que solo pensó y actuó en provecho de la elite económica. La pregunta que cabe formular es si los sectores populares mayoritarios habrán desarrollado los anticuerpos necesarios para enfrentar, y rechazar, otra epidemia neoliberal en el futuro. La memoria y la conciencia política es el remedio más eficaz para lograrlo.