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Las secuelas del odio

El explosivo que estalló en el local partidario del Frente de Todos en Bahía Blanca es un mensaje que la sociedad, y en especial la clase política, no debería ignorar. El hecho ocurrió en pleno centro de la ciudad durante la madrugada del martes último. Tanto por la hora como por las restricciones a la circulación establecidas por las autoridades sanitarias, no debería ser difícil identificar a las personas que pusieron la bomba con solo revisar las cámaras de seguridad de la zona y efectuar un rastreo de las antenas de telefonía celular. Así las cosas, es de esperar que las pesquisas avancen con rapidez pues resulta imperioso conocer las manos que cometieron semejante acto de barbarie.
No menos necesario es que todo el arco político que dice defender la democracia se exprese con claridad y contundencia. Frente a estas acciones no puede haber titubeos ni medias tintas.
El país está viviendo momentos angustiantes. Hay dos factores que suman sus efectos para que así sea. Uno de ellos es la pandemia de Covid-19 que está arreciando con la llegada de la temporada fría, provocando un aumento significativo de contagios y muertes. Es un fenómeno biológico pero también social y económico, y sus secuelas se sufren en todo el planeta.
El otro factor es la gran crisis económica en que se halla sumido nuestro país, producto de los cuatro años de experiencia neoliberal. Esa calamidad llegó antes que la pandemia y dejó maltrechas las defensas del Estado para afrontar la durísima lucha contra el Covid-19 tanto en el frente sanitario como en el económico. Ejemplo irrefutable: bajo el gobierno de Mauricio Macri se redujo a la mitad el presupuesto del Instituto Malbrán, herramienta estratégica en la lucha contra el virus. El híper-endeudamiento externo es otra enorme carga que soporta el Estado a la hora de disponer de recursos para atender los desmesurados requerimientos sanitarios y las consecuencias dramáticas en el campo económico-social.
Frente a semejante cuadro la oposición de derecha, menospreciando su enorme responsabilidad por la funesta herencia económica dejada en 2019, está empecinada en obstruir cualquier iniciativa del gobierno, incluso aquellas destinadas a combatir la pandemia en todo el país, con un discurso belicoso, cargado de furia. La última denuncia de la presidenta del PRO, lanzada contra el propio presidente, es una prueba cabal, como también el llamado a movilizaciones públicas en pleno pico de la pandemia, boicoteando las restricciones sanitarias y con supina indiferencia por sistema de salud y sus trabajadores. A esto debe sumarse el discurso crispado de los grandes medios, con proliferación de noticias falsas que no son desmentidas ni siquiera cuando quedan al descubierto, lo cual desnuda la intención de dañar al gobierno.
En este complicado panorama, el estallido de una bomba en el local partidario del FdeT no hace más que añadir inquietud. El texto del panfleto que se encontró en el lugar identifica perfectamente la ideología de los violentos, pero las escasas manifestaciones de repudio escuchadas hasta el momento, son tan inquietantes como la propia explosión.