Las sombras que vuelven del pasado

La denuncia de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas debe haberle caído muy mal al ex gobernador Oscar Jorge pues toca el costado que seguramente más le duele: su imagen de administrador prolijo y profundo conocedor de las normas que rigen el funcionamiento del Estado. La presentación apunta al corazón mismo de su gestión pues involucra también a sus entonces ministros de Obras Públicas y de Hacienda y los cargos que les atribuye no son menores: abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público, administración infiel y falsedad ideológica.
El epicentro de este terremoto es la licitación del segundo tramo del Acueducto del río Colorado que, de acuerdo a la denuncia de la FIA, se convirtió en un compendio de todas las irregularidades posibles de cometer en un acto de gobierno. Como se recordará, el asunto estuvo entre los motivo que derivaron en la renuncia en masa en el Ministerio de Obras Públicas, en julio del año pasado, cuando se fueron todos los integrantes del equipo de esa cartera. En aquel momento, aunque en voz baja, algunos de los funcionarios renunciantes no ocultaron su estupor frente al cerrado empecinamiento del gobernador por continuar con un proceso licitatorio viciado, que ponía en riesgo la legalidad de todo el procedimiento y en una situación de zozobra a los propios funcionarios. La decisión de no consultar tan importantes modificaciones en los pliegos con los equipos legales del Estado terminó de convencer a los subalternos del entonces gobernador de presentar sus renuncias. Hoy, con esta investigación penal en trámite, seguramente se sentirán aliviados por aquella decisión.
Lo que resulta más llamativo es que ese rasgo del carácter del ex gobernador, que le provocó más de un dolor de cabeza en el terreno de la política, lo condujo al extremo de involucrarlo en un proceso penal. Y también de poner en entredicho su fama de hombre cauteloso y diestro en el manejo de las reglas de la administración pública.
En el ámbito político se podrán recordar los tropiezos que tuvo durante su gestión de ocho años. Los periódicos enfrentamientos con el movimiento cooperativo lo llevaron a mantener posturas indefendibles, como aquélla de poner en entredicho la propiedad de las columnas del servicio eléctrico en una provincia en donde los propios usuarios, organizados en cooperativas de servicios públicos, se prestan el servicio desde antes de la propia organización política de la Provincia. En esa lamentable contienda llegó a sostener posturas más cercanas a los intereses de la gran empresa foránea prestadora de la TV por cable que de las entidades solidarias pampeanas.
La lista de casos similares es muy larga y sería tediosa su enumeración, pero hay un ejemplo muy ilustrativo: la política de alianzas para las elecciones internas en el justicialismo. El ex gobernador, en su tozudez, se fabricó su propia derrota al pretender enfrentar por sí solo a todas las restantes líneas del PJ. Así le dejó el camino despejado a su archirrival quien, inteligentemente, logró sumarlas a su tren para imponerse en la interna y avanzar hacia el Centro Cívico.

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