Las dos Corea anduvieron a los tiros y luego acordaron

NACIONES UNIDAS SALUDO EL ACUERDO TEMPORAL

Este mes las dos Corea tuvieron serios enfrentamientos. Hubo riesgo de una guerra que luego declinó. Las dos partes negociaron un acuerdo que es sólo temporal. En cualquier momento el diferendo se vuelve a plantear.
EMILIO MARÍN
Es un clásico de los conflictos internacionales del siglo XX, proyectado al XXI: la pulseada sistemática entre las dos Corea. Agosto no fue la excepción a la regla de que cada dos años hay un nuevo round de una pelea interminable, que incluye intercambios de disparos de artillería. No sólo eso, también hay sanciones económicas y comerciales, que aplica el sur capitalista contra el norte socialista, en forma impiadosa desde 2010. En esa ocasión Seúl acusó a Pyongyang de ser responsable del hundimiento del barco surcoreano, Cheonan, donde murieron 46 tripulantes. Esto ocurrió en el medio de ejercicios militares surcoreanos-estadounidenses, con miles de efectivos, aviones y barcos, preparados para agredir a la República Popular Democrática de Corea (RPDC).
Ese es un aspecto fundamental del conflicto: no sólo se oponen por el vértice dos países divididos por el paralelo 38, luego de la guerra librada entre 1950 y 1953. Además hay una tercera y decisiva parte en ese problema regional y mundial: Estados Unidos.
Ese imperio provocó la guerra mencionada, que le costó a los norcoreanos dirigidos por por Kim Il Sung, fundador de la RPDC, 3 millones de muertos. Washington quiso poner un pie en la frontera con China y acercarse más a la entonces URSS, como en los ’60 invadió Vietnam, Laos y Camboya para apuntar la misma lanza, desde el sur, contra esos países socialistas de gran porte.
El problema reciente fue que el 4 de agosto un militar surcoreano sufrió la amputación de las piernas, y otro militar perdió un pie, por la explosión de minas antipersonales en la zona desmilitarizada fronteriza. El gobierno de Seúl atribuyó la colocación de esos explosivos al gobierno de Kim Jong-un y a modo de réplica propaló agitación anticomunista desde parlantes ubicados en la frontera, que estaban silenciados desde hace once años. Los mensajes invitan a los norcoreanos a vivir en el sur, un país idílico, y agravian a los gobernantes del Norte.
La respuesta de Pyongyang fue disparar artillería a la zona fronteriza aunque sin apuntar a blancos específicos, al punto que no se reportaron muertos ni heridos, sólo 80 evacuados. El sur no se quedó atrás y también hizo hablar a su artillería.
De ese modo quedaba servido un posible estallido de guerra que no casualmente volvió a coincidir con la realización del importante ejercicio militar surcoreano-estadounidense, el “Ulchi Freedom Guardian”, del que participaron 80.000 soldados.

Siguen planes de agresión.
Por suerte esta vez la sangre no llegó al río. Después de cruzar fuego de artillería sin bajas en ninguna de las partes -como en octubre de 2014, cuando también se libró un round similar, sin bajas-, los dos gobiernos enviaron delegaciones de primer nivel a negociar en la aldea Panmunjom, cerca de la frontera. Por el sur estuvieron el asesor de seguridad nacionalKim Kyou-hyun y el ministro de Unificación; por el norte el vicemariscalHwang Pyong So y un funcionario de alto rango en asuntos entre ambas Coreas.
Luego de dos reuniones se arribó a una fórmula de compromiso. El Norte dijo “lamentar” el estallido de las minas antipersonales que hirieron a los dos soldados del Sur, y éste llamó otra vez a silencio a sus altavoces. De esa manera se evitó una escalada del conflicto, aunque no se sabe por cuánto tiempo.
Hay dos razones para ser prudentes y no caer en el optimismo de pensar que ahora viene una etapa de fraternidad entre Pyongyang y Seúl.
Una, de mucho peso, es la cuestión histórica. Hubo una guerra que al Norte le costó, como se citó, 3 millones de muertos y al Sur, entre muertos y heridos, algo más de 1.2 millones. Al finalizar, el 27 de julio de 1953, no se firmó un tratado de paz sino un armisticio o tregua, que por lo visto se rompe dos por tres.
La otra causa para ser escépticos es que apenas se firmó el acuerdo del pasado 24 de agosto, se supo que Corea del Sur y EE UU ya estaban pergeñando, en rigor perfeccionando, su plan para agredir a la RPDC. Telesur, tres días después de esa tregua, denunció: “‘el plan actualizado incluye la supresión de emergencia de las armas de destrucción masiva, incluidas las armas nucleares, químicas y biológicas de Corea del Norte’, explicó un representante del Ministerio de Defensa Nacional de Corea del Sur, citado por la agencia TASS. El funcionario explicó que algunos elementos del plan se están ensayando en la República de Corea en el marco de unas maniobras conjuntas de Corea del Sur y EE.UU”.
Como siempre, el acusado es el gobierno norcoreano. Resulta que -si de armas atómicas se trata- aquél dispondría de menos de 6 ojivas nucleares, mientras que el Pentágono atesora unas 5.500 con modernos sistemas para arrojarlos desde tierra, agua y aire. Y entre sus 872 bases militares distribuidas a lo largo del mundo, varias están en Corea del Sur, donde tiene acantonados 28.500 efectivos (sin contar los que llegan anualmente para los ejercicios bélicos). Es posible que en algunas de esas bases haya también munición atómica. ¿Y ellos acusan a la RPDC de tener armas nucleares?

Falsas acusaciones.
Cada vez que hay conflicto en la península coreana llueven mentiras para lastimar al Norte. Por ejemplo, se citó que en marzo de 2010 se hundió el barco surcoreano Cheonan, con 46 marinos muertos y que el dedo acusador apuntó en aquella dirección política. Además, en base a esas falsas acusaciones, el entonces presidente Lee Myung-bak impuso sanciones económicas y comerciales al Norte.
Entre los que contradijeron la interesada versión yanqui-surcoreana estuvo Fidel Castro, quien en una de sus reflexiones culpó a EE UU por el hundimiento del Cheonan. Escribió: “lo embarazoso para el imperio es que su aliado conozca de fuentes fidedignas que el buque fue hundido por Estados Unidos. No existe forma de eludir ese hecho que los acompañará como una sombra”. El líder cubano ya había calificado de “extrañísimo invento” que Washington responsabilizara a Corea del Norte del naufragio y respaldó la hipótesis de que fue un plan orquestado por Washington para crear tensión en la región y mantener sus bases militares en Japón. En Okinawa y otros lugares hay constantes pedidos para que no estén más allí.
El barco pudo ser impactado por “fuego amigo” de un submarino norteamericano -de hecho había uno, atómico, fondeado en la zona apuntando a barcos norcoreanos, cuya presencia no había sido ni siquiera informada a Seúl- o haber chocado con alguna mina subacuática. Sin embargo, la rápida e incomprobada acusación hizo centro en Corea del Norte, la siempre mala de la película asiática.

Desarmar prejuicios.
Para ojos latinoamericanos es difícil aprehender lo esencial de la política asiática, pero eso será directamente imposible si no se desarman los prejuicios que demonizan al Norte y a Kim Jong-un. Se pondrán algunos ejemplos.
Uno. Se cuestiona que el gobierno norcoreano fue del abuelo y fundador de la república popular, Kim Il Sung y que luego pasó a su hijo, Kim Song-il hasta que en 2011 fue el turno del mandatario.
Es verdad. Y cierto nepotismo, aún en el socialismo, no es una práctica que el cronista admita de buen grado. Pero nada se dice de que la actual presidenta surcoreana, Park Geun-hye, líder del partido conservador, es hija del ex presidente Park Chung-hee, un militar que se sumó al ejército japonés de ocupación en Manchuria, en 1940. En 1961 dio un golpe de Estado, fue un dictador, y luego se hizo elegir presidente durante 16 años, entre 1963 y 1979.
Otra ilustración de las mentiras de los medios de comunicación onda CNN y Fox. A fines de 2014 esos medios (des) informaron que el presidente norcoreano había hecho asesinar a su tío y ex número dos del gobierno Jang Song-thaek. Dijeron que éste “había sido despellejado, en una jaula a la que había sido arrojado desnudo, por una jauría de 120 perros hambrientos”.
Esa falsa historia dio la vuelta al mundo, lanzada por una publicación amarillista de Hong Kong, que la prensa surcoreana no quiso levantar por lo mendaz. Un bloguero del The Washington Post, Max Fisher, investigó y desnudó aquella mentira, pero su aclaración llegó al 2 por ciento de quienes leyeron la historia de los perros salvajes y dientes afilados…
Un tercer caso, menos sangriento pero igual de malintencionado. La Voz del Interior del 24 de julio pasado tituló: “Corea del Norte impone trabajar desde las 5 de la mañana”. Ese título hacía aparecer a Kim como un dictador con látigo que echaba a los trabajadores de sus hogares rumbo al trabajo, con frío y sueño. El diario surcoreano Daily NK informaba que “el régimen de Corea del Norte ordenó a los organismos estatales, fábricas y centros educativos comenzar la jornada diaria a los 5 de la mañana en lugar de las 8”. Hasta ahí era cierto, pero ocultaba el motivo pues más adelante se explicaba: “la nueva medida se aplicará durante el período más caluroso del verano, según el calendario lunar conocido como sambok, que dura unos 30 días”.
O sea que el título correcto de esa noticia debió haber sido: “Gobierno norcoreano protege a la población del extremo calor”.