Las imágenes y el discurso para comunicar lo complejo

DOMINICALES

El pasado miércoles pudo verse, en nuestro diario, una foto y un relato.
El relato hacía saber que en un barrio hay una casa desocupada, muy antigua y poco menos que ruinosa. Allí vive una pareja joven con sus tres hijos muy pequeños (y un cuarto que ya abulta).
La foto muestra a la pareja y los tres pequeños en el frente de esa casa, que tiene una especie de marquesina o alero (el relato cuenta que ese techo está sostenido precariamente con tres palos).
La foto obliga a detener la mirada en los tres niños. Tan infantiles, tan niños. Enternecen. El relato da cuenta de los interiores de la casa, con techos deteriorados y generosos en goteras. La foto muestra a la pareja y los niños, todos de grata presencia. El relato hace saber que, al quedar el varón sin un trabajo fijo, perdieron la capacidad de alquilar y supieron de esa casa. Han tenido contacto con quienes serían propietarios, aunque existiría una sucesión demorada. Que tales personas no objetan la ocupación ni quieren consentirla porque hay riesgos por el estado de la vivienda.
Foto y relato dan cuenta de una situación que se ha repetido en el tiempo y que se hace más frecuente con la mayor densidad de población de nuestra ciudad.

Bernal.
Días atrás leí el relato periodístico que hace Mempo Giardinelli de un viaje en auto que hizo desde Ciudad de Buenos Aires hasta Bernal Oeste. Iba a visitar una escuela de un barrio de trabajadores y familias con muchas carencias. Refiere que esa escuela pública se halla al lado de un sector que es llamado Villa Itatí. Viven en este “sumidero de aguas servidas”, decenas de miles de personas en condiciones absolutamente inadmisibles. Ocupan viviendas de cartón, madera y chapas. Sin desagües ni aguas corrientes. “Toneladas de basura en las calles y avenidas…”.
“He visto mucho”, relata Mempo, “pero eso supera todo lo conocido”.
Es bueno que sepamos que Mempo es chaqueño y vive en Resistencia, donde encabeza una fundación que apoya a las bibliotecas escolares y fomenta la lectura. Mempo vivió de joven en la CABA, donde fundó y sostuvo por años una revista (Puro Cuento, si mal no recuerdo) que se especializaba en cuentos y relatos cortos. Mempo es autor de muchos relatos cortos y también novelas, cuya temática recorre con frecuencia la franja que va desde la capital federal hasta Resistencia y avanza más allá, adentrándose en Paraguay. El trayecto entre ambos extremos incluye un sector de Buenos Aires, se introduce en Córdoba, se detiene en Rosario y en Santa Fe y luego avanza hacia el norte. Muchas veces lo lleva a sectores de El Impenetrable y de Jujuy y Salta. Conoce las poblaciones aborígenes y sabe de sus padecimientos y su lucha sin reposo. Es por eso que dice que ha “visto mucho”. Aplaude la reciente creación del parque nacional del Impenetrable aunque lamenta que esté circunscripto al sector chaqueño, porque no se ha logrado integrarlo con lo que penetra en Formosa. En notas periodísticas recientes Mempo ha hecho saber que El Impenetrable ya recibe turismo.

Escuela.
Mempo Giardinelli habla de la escuela que fue a visitar. Es modesta, pero educa a mil chicos que vienen de las barriadas. No da cuenta del motivo de su visita, pero puede descontarse que tuvo relación con la biblioteca.
Estremece el relato que hace de Villa Itatí y de buena parte de Bernal Oeste. No porque se esmere en los detalles, sino porque comunica y hace participar de su “fuerte experiencia psicológica”. Y su relato (que no incluye fotos) permite pensar que esa escuela y esos maestros en ese lugar quizás se empeñan en una “misión imposible”. O no.
El consagrado autor de relatos acompaña la aventura de quienes no han tenido alternativas reales y se empeñan por vivir y multiplicarse, acatando el mandato de la vida, que las religiones convierten en dictado divino: Creced y multiplicaos.
“¿A cualquier costo?” “¿Por qué no empiezan por tener menos hijos?”
Éstas son preguntas que se hacen muchos al tener noticias de las Villa Miseria y de lo primero que salta a la vista: la abundancia de niños y menores.
No son preguntas que se hagan los dioses (pero un dios no se hace preguntas por ese rasgo de omnisciencia que lo diferencia). Ni son tales las preguntas que motivan la presencia de la escuela y sus maestros.
La respuesta puede estar en la oración del padre Carlos Mugica, el cura villero, que se consagró a la Villa 31, de Retiro. Fue asesinado a balazos en 1974. Decía en esa oración que él (que venía de familia acomodada) había aprendido a moverse en el barro. Que él entraba y salía. Los villeros viven ahí.
Jotavé