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Lavagna, economista y político ligado a empresarios

CANDIDATO PRESIDENCIAL QUE SUELE DESHOJAR LA MARGARITA

Roberto Lavagna fue candidato a presidente en 2007, luego de deshojar la margarita dos años. Ahora hace un juego similar. Sí es muy clara su relación con el gran capital.
SERGIO ORTIZ
Los títulos de Lavagna como economista fueron alcanzados con buenas notas en la UBA y en universidades de EE.UU. y Bélgica. Sobre esa base académica fundó la consultora Ecolatina en 1975 y acumuló buena cartera de clientes no precisamente Pymes.
En la web de esa consultora se ve que sus servicios son requeridos por Adecco, Alstom, American Airlines, Barrick, Bayer, Caputo, Coca Cola, Galicia, Galicia, Grupo Clarín, DHL, Goldcorp, Johnson&Johnson, Key Market, Ledesma, Link, LP, Lufthansa, Massalin Particulares, Mastellone, Monsanto, MP, Michelin, Molinos, Nestlé, Peugeot-Citroen, Petrobras, Roche, Techint, Total, Volkswagen, Yamaha e YPF.
Se dirá que el fundador había dejado Ecolatina en 2000, pero sus vínculos siguieron porque dejó a cargo a su hijo Marco Lavagna hasta 2015, cuando asumió como diputado por el massismo.
Su carrera política es dilatada. De origen peronista, fue secretario de Industria y Comercio de Raúl Alfonsín en los ’80; entre 2000 y 2002 fue embajador ante organismos económicos en Ginebra y ante la Unión Europea, para asumir luego como ministro de Economía de Eduardo Duhalde.
Hay que reconocer que después del crac de diciembre de 2001 su labor tuvo méritos, al punto que Néstor Kirchner lo retuvo como su ministro insignia desde 2003 hasta 2005. En ese lapso impulsó la reactivación industrial y mejoramiento de la situación de los trabajadores y empresas, con tironeos y disputas con los acreedores externos y el FMI. Los kirchneristas, luego de la renuncia de Lavagna, en parte forzada por el presidente y en parte querida por él, dijeron que todos los méritos eran del santacruceño y el renunciante era un mero operador. Los aciertos del fallecido en 2010 fueron la parte principal de la historia, pero sólo los desagradecidos le negarían al otro la parte que le cupo en esos años difíciles.
El 28 de noviembre de 2015, apenas un mes después de las legislativas nacionales, Lavagna hizo las valijas y al ministerio entró Felisa Miceli. Su partida fue polémica. Se criticó que había favorecido a clientes de Ecolatina, por ejemplo, con la ley 25924 de Promoción de Inversiones, que les permitía la devolución anticipada del IVA y Ganancias. Se presentaron proyectos por $7.555 millones y se reintegraron $1.380 millones, “de los cuales $977 millones corresponden a compañías asociadas a la consultora. El 70,8% de los beneficios reembolsados beneficiaron a clientes de Ecolatina”. Entre otras Aluar, Siderar, Acindar, Siderca, Aceitera General Deheza, Alpargatas, Celulosa Argentina, Las Marías y Tenaris.
En esa lista y la actual nómina de clientes sobresale Techint, con Siderar, Siderca y Tenaris. Hoy Lavagna cavila ser candidato presidencial por segunda vez y se dice con sorna y fundamento que tendría el visto bueno del “círculo rojo” y Paolo Rocca, dueño del pulpo siderúrgico.

De un lado de la grieta.
A esta altura de su partido, es claro que Lavagna jugó para un mismo equipo patronal, aunque con distintas camisetas. Siendo peronista, hizo las inferiores en el equipo camporista de José Gelbard de 1973. Se quedó en el vestuario durante la dictadura haciendo dinero con Ecolatina y volvió a la cancha con Alfonsín. Lo transfirieron a la Champion League entre 2000 y 2002 y regresó a los estadios argentinos donde lo aplaudieron por primera vez entre 2002 y 2005.
Desde que rescindió o lo echó el DT Kirchner, nunca más tuvo buen juego. En 2007 armó fórmula de la UCR con el impresentable Gerardo Morales como vice. Ganó CFK con el 45,28 por ciento de los votos, segunda Elisa Carrió con el 23,05 y tercero él con el 16,9. Eso sí, deshojó la margarita desde noviembre de 2005 hasta agosto de 2006, cuando se decidió a competir. Y le fue mal. Lamiéndose las heridas, reporteado por “La Nación”, cuestionó la relación de los K con Venezuela: “no está bien que la Argentina sea manejada por impulsos mediáticos del presidente Chávez”. En 2006 criticó el ingreso de Caracas porque “el Mercosur va a ser menos democrático y va a tener menos economía de mercado con esos cambios”.
Después del fracaso, abandonó la actividad política. A los 77 años vio chances de terciar en la polarización Macri-Cristina. Se reunió con Sergio Massa, Miguel Pichetto y Juan Schiaretti, de Argentina Federal; también con Miguel Lifschitz, del socialismo, y Margarita Stolbizer del GEN. Y ahí, en vez de unir, empezó a provocar un efecto centrífugo, con declaraciones muy ácidas contra Massa, quien lo había desafiado a una interna o PASO del sector. Lavagna fue muy despreciativo. Dijo que el suyo era un frente superior, con peronistas, radicales y socialistas, en tanto lo del ex intendente de Tigre era una interna partidista.
El admitió que desde 2018 le piden sea candidato. En marzo de este año expresó que podría serlo, pero aún no lo confirmó. Sigue deshojando la margarita, viendo qué le conviene más a él, antes que al país. Como en 2007, su blanco es Cristina, para impedir que sea la alternativa frente a Macri, a quien acusa de dejar una “herencia peor que la del kirchnerismo”.
Lavagna despotrica contra los “setentistas” populistas y los “noventistas” neoliberales, pero resulta que con los primeros sólo estuvo dos años, entre 2003 y 2005. Con los neoliberales estuvo, no sin reproches, la mayor parte de su vida política y empresaria. En sus embajadas, Ecolatina, despachos oficiales y residencia en Cariló no recibió a piqueteros, jubilados, Camioneros ni a Abuelas de Plaza de Mayo. Sí a los clientes empresarios, periodistas y legisladores, de traje o en sandalias con medias. Para el establishment es uno de los suyos y la pinta es lo de menos.