Lejos de estar aislada como quería EE UU, Cuba está más relacionada con el mundo

El 1 de enero próximo Cuba conmemorará medio siglo de revolución. Aunque las autoridades de Estados Unidos intentaron de mil formas aislar a la isla, y aún la bloquean, ésta tiene una política exterior abierta y exitosa.
EMILIO MARÍN
Después de intentar derrocar al proceso revolucionario triunfante en 1959, liderado por Fidel Castro (aunque no era el presidente de Cuba), por medios económicos y el comienzo del bloqueo, Washington probó con la receta militar. Tras reclutar, organizar y armar a la contrarrevolución cubana en Guatemala y Nicaragua, los mercenarios financiados por la CIA quisieron desembarcar en Bahía de Cochinos en abril de 1961. Y les fue realmente muy mal pues en tres días estaban fuera de combate, con numerosos muertos y casi la totalidad de los desembarcados presos.
Peor aún les fue en el terreno político, pues el gobierno cubano viró al socialismo, proclamando sus líderes el carácter socialista de la revolución que había atravesado etapas democráticas y antidictatoriales durante su comienzo en el ataque al Cuartel Moncada (1953) y la posterior lucha de Sierra Maestra (1956-1958).
Para el presidente John F. Kennedy, que había heredado planes contrarrevolucionarios de la administración de Dwight D. Eisenhower, fue una gran contrariedad. Entonces imaginó otro libreto: se aislaría a la isla expulsándola de la Organización de Estados Americanos y, por otro lado, se pondría en marcha la “Alianza para el Progreso”, inyectando algunos centenares de millones de dólares en la región latinoamericana para mejorar algunos aspectos agrarios, sanitarios y de desarrollo.
El objetivo norteamericano era el mismo: tirar abajo la revolución cubana. Fue el sueño de Eisenhower, Kennedy y todos los presidentes que se alternaron en el Salón Oval. Solamente podría decirse que en los cuatro años de James Carter hubo algún matiz más civilizado, aunque sin levantarse el bloqueo total impuesto a La Habana en febrero de 1962.
De toda la lista de energúmenos, obviamente sobresale George W. Bush como el peor de todos, pues amén de recrudecer medidas de bloqueo, destinó 86 millones de dólares en agredir a la isla. Lo hizo con emisiones ilegales de radio y televisión, con financiación de los mal llamados disidentes (mercenarios se ajusta mejor al rol de los Vladimiro Roca, Marta Beatriz Roque e Hilda Molina) y la aprobación de un plan para la transición a una “Cuba democrática” que contuvo un capítulo secreto, de muy probable contenido bélico.
Volviendo atrás en el calendario, hay que recordar que la OEA excluyó a Cuba por resolución de la VIII Reunión de Consulta de Punta del Este, en 1962. Se fundamentó que “el actual gobierno de Cuba, que oficialmente se ha identificado como un gobierno marxista-leninista, es incompatible con los propósitos y principios del sistema interamericano”.
Los Somoza de Nicaragua y otros dictadores por el estilo que arribaron algo más de una década después -como Augusto Pinochet en Chile y Jorge Rafael Videla en Argentina- sí eran compatibles con ese sistema. A la patria de José Martí, en cambio, había que echarla como a un perro de la OEA.

Rodeada de amigos
La política norteamericana de bloqueo y agresión ha cosechado todo lo contrario de lo que buscó. Cuba está cada año más rodeada de amigos pues su solidaridad con el Tercer Mundo en varios programas de salud y educación, más los propios cambios de la dirección del viento a nivel internacional, con la crisis del imperio y la aparición de más presidentes progresistas, trajeron como consecuencia ese mejoramiento de los vínculos con la mayoría de los gobiernos del orbe.
Una forma de medir quién es el aislado es consultar la votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la cuestión del bloqueo estadounidense. El 29 de octubre último se votó por decimoséptima vez la moción cubana para que se levante esa medida ilegal. Y el resultado fue que 184 países sufragaron en ese sentido y sólo 3 en contra (EE UU, Israel y las Islas Marshall). Ni los representantes de Irak y El Salvador se atrevieron a votar por el imperio, ausentándose a la hora del sufragio. Desde 1992 se vienen repitiendo estas victorias isleñas aunque en los primeros años estos guarismos no eran tan abrumadoramente favorables.
El 16 de diciembre el presidente Raúl Castro entró por la puerta grande a la Cumbre del Grupo de Río en Costa de Sauípe, Brasil, donde sus colegas lo aplaudieron espontáneamente al darle la bienvenida el titular pro-témpore, Felipe Calderón (México). Al día siguiente los jefes de Estado de 33 países emitieron una declaración donde sostenían: “Pedimos al gobierno de Estados Unidos de América que cumpla con lo dispuesto en 17 resoluciones sucesivas aprobadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas y ponga fin al bloqueo económico comercial y financiero que mantiene contra Cuba”.
Algunos mandatarios, que hasta el momento no habían visitado La Habana, caso de Cristina Fernández, aceptó entonces la invitación y declaró que estará en esa ciudad a mediados de enero. Lo hizo con palabras muy elogiosas sobre los avances cubanos en materia de salud y educación, confiando en que se aumentará el intercambio bilateral porque a su vez Argentina tiene tecnología agropecuaria y otros aspectos que pueden ser de interés de la otra parte.
El propio Calderón inició con Raúl Castro un diálogo destinado a restaurar esa relación en el altísimo nivel que tuvo históricamente, dañado por la presidencia de Vicente Fox a instancias de Bush.

Dar lo que se tiene
Para el concepto de las damas ricas de beneficiencia en cualquier sociedad capitalista, ser buenos es dar lo que a uno le sobra, o para ser precisos, una pequeña parte de lo que a uno le sobra.
Los cubanos en cambio aplican una política de solidaridad distinta, que es dar lo que uno tiene. Si Cuba tiene salud, entonces da salud a los pueblos que pueden necesitarla. Y entonces van los médicos y enfermeros suyos a Pakistán, cuando hay una catástrofe natural, operando con temperaturas de varios grados bajo cero. O se ofrecen como parte de la brigada médica “Henry Reeves” a colaborar con el pueblo norteamericano afectado en 2005 en Nueva Orleans por Katrina (no fueron aceptados por el texano).
Al llegar a Nicaragua una reciente brigada médica, el vicecanciller cubano Manuel Aguilar puntualizó que su país tiene 30.000 profesionales y enfermeros en más de 60 países.
Entre otros programas médicos está “Operación Milagro”, que con oftalmólogos cubanos y financiación venezolana ha operado a centenares de miles de personas de bajos recursos, en forma totalmente gratuita. Entre los beneficiados están 20.000 argentinos humildes, que debieron ser intervenidos en clínicas de Tarija y Villazón porque las corporaciones médicas argentinos e intereses empresarios no permitieron esas operaciones en nuestro territorio.
Los maestros y facilitadores cubanos también concitan el cariño de diversas naciones porque llevan el método de alfabetización “Yo sí puedo” a todas partes donde hay gente iletrada, incluso en Argentina, donde han alfabetizado más de 13.000 compatriotas.
Esta semana el presidente Evo Morales proclamó desde Cochabamba que Bolivia era territorio libre de analfabetismo, luego que sus propios maestros y educadores, con la ayuda de los especialistas y facilitadores cubanos del “Yo sí puedo”, libraran de las telarañas de la ignorancia derivada de la explotación colonial e imperial a 820.000 bolivianos.
En definitiva, saber si la isla revolucionaria está aislada o si por el contrario goza de relaciones de respeto y mutuo beneficio con el mundo, no es una cuestión ideológica. Es política y concreta. Hay números que lo aclaran, como los del portal de la cancillería cubana, que precisa: “Cuba tiene relaciones diplomáticas con 180 países, dispone de 143 Misiones en el exterior en 116 países, de ellas, 113 Embajadas, 1 Sección de Intereses, 2 Consulados Generales, 19 Consulados, 4 Oficinas Diplomáticas y 4 Representaciones ante Organismos Internacionales”.
Esa información debe ser complementada por otra: Cuba preside el Movimiento de Países No Alineados, que realizó su XIV Conferencia en La Habana en 2007 con 114 países miembros.
Estas son paladas de tierra a la expulsión de la OEA de 1962 y al cadáver insepulto del bloqueo norteamericano, que está políticamente muerto aunque aún hace bastante daño. A estar por las votaciones en la ONU y el grupo de Río, no lo podrá hacer mucho más tiempo.