Leve arritmia presidencial y grave parate económico del país

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – El presidente Macri estuvo internado en una clínica por un problema de arritmia. Mucho más grave es el parate económico y una alta inflación que deja de cama a millones de argentinos. Semana pésima para el gobierno.
“Lo importante es la salud, la plata va y viene” habrá pensado Mauricio Macri el viernes, cuando fue internado unas horas en una clínica privada de Olivos, por una arritmia cardíaca.
Es verdad. La plata de MM va y viene de Buenos Aires a Bahamas y hace escala en Brasil, según las denuncias de Panamá Papers, profundizadas en otras investigaciones periodísticas y que escudriñan el fiscal Federico Delgado y el juez Sebastián Casanello.
La salud es lo verdaderamente importante, para un tipo pobre y un pobre tipo con 108 millones de pesos, que siempre tendrá mejores posibilidades de atención que aquél en una Argentina desigual.
Pequeño detalle, que no es menor: la dolencia del jefe de Estado fue primero negada por su círculo íntimo, hasta que debió admitirlo. Hasta Clarín se quejó de esas idas y venidas, aunque si las contradicciones hubieran sido de Cristina Fernández de Kirchner habría habido denuncias rimbombantes.
Afortunadamente para Macri, su salud no será de hierro pero es buena. Hubo unos estudios y lo mandaron para casa, con reposo de fin de semana. Todo indica que se pondrá bien y podrá retomar sus funciones mañana. Quizás el hombre no llevaba un tren de trabajo como el que afronta desde el 10 de diciembre pasado; vacacionaba más de la cuenta en la jefatura de gobierno de una ciudad que lo mimaba en exceso.
La arritmia puede haber aparecido ante circunstancias adversas con que debió lidiar en estos casi seis meses en Balcarce 50, fruto de sus equivocadas decisiones que lo malquistaron con una parte de sus votantes. ¿Será que su imagen positiva bajó unos puntos y el ritmo de su cuore los subió en la misma medida, al galope?
Nadie debe alegrarse de los dolores o enfermedades del otro, aún cuando políticamente sea alguien que causa mucho daño a la mayoría de la población. Que se reponga el presidente. Eso sí, que la pausa le sirva para reflexionar que sus dolores son importantes pero los de la gente son mucho peores, por falta de empleo, reducción del salario, alta inflación e impiadosos tarifazos. ¿Será capaz de esa introspección? El cronista cree que no, pero no se pierde nada con una exhortación a un corazón alborotado.

País revuelto.
En una semana durísima, el gobierno recibió muchas ayudas de supuestos adversarios y buenos amigos, como los que pululan en el sindicalismo empresarial. Los tres tristes tigres de las CGT, Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló, en vez de ponerse al frente de los reclamos de trabajadores por la difícil situación laboral, optaron por mirarse el ombligo en Azopardo 802 y trenzar un congreso de unidad entre sus diferentes facciones, para el 22 de agosto. El prometido paro general si Macri vetaba la ley antidespidos pasó para las calendas griegas.
Por su actitud colaboracionista este sindicalismo se parece al de Augusto Vandor y otros que fueron de traje y corbata en junio de 1966 a la asunción del dictador Juan C. Onganía. Todo fue en el marco de la tregua ofrecida desde Puerta de Hierro con el “desensillar hasta que aclare”.
Pero a despecho de esa mano que Moyano dio a Macri, facilitando el ajuste, hay una fuerte corriente de protesta social, desde la Plaza de Mayo, donde se encontraron las dos CTA, hasta Tierra del Fuego, donde los docentes mantuvieron un acampe de 93 días.
Esas movilizaciones tienen como protagonista a los asalariados, pero cuentan con el respaldo de muchos sectores sociales, cooperativas, capas medias y Pymes ligados al mercado interno y pequeños exportadores que ven negro su presente. La producción nacional cae en todos los órdenes, desde la fabricación de autos hasta el despacho de cemento, la venta de electrodomésticos, ladrillos y hasta alimentos.
Muy a su pesar el Indec oficialista tuvo que medir ese impacto en la industria y en la construcción, con números de espanto. Y la inflación de abril fue de terror: superó el 6,5 por ciento medida por la Ciudad de Buenos Aires, que no es precisamente cristinista.
Todo gobierno antipopular tiene su gorila mayor. Y hoy ese rol lo juega Juan J. Aranguren, ministro de Energía, alias “Tarifazo Aranguren”, por los aumentos que dispuso sin audiencias públicas en los servicios de luz, gas y agua. Por supuesto que no lo hizo solo, porque semejantes decisiones no pudo tomarlas sino en consulta y con luz verde del presidente, Alfonso Prat-Gay y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien bardeó a los patagónicos con que pagaban mucho porque andaban de remerita.
La protesta fue tan contundente y el costo político pagado por el oficialismo fue tan alto, que Aranguren debió dar pasos atrás, fijando topes del 400 y 500 por ciento para los aumentos domiciliarios y de Pymes, dando facilidades de pagos a las segundas, etc. De todas maneras sigue siendo una brutalidad. En vez de ahogar a la gente a 5.000 metros de profundidad del mar, el gobierno la subió a 4.000 metros con lo que el resultado funerario es igual.
Encima, como Aranguren favoreció a una empresa de la que fue CEO por décadas y tiene millones de pesos en acciones, y la premió en 7 de las 8 adquisiciones de gas, se ganó denuncias penales. Si Macri no lo despide en estos días se le habrá traspasado el desprestigio de su ministro y, peor aún, quedará en claro que éste dictó los tarifazos por su orden y cuenta.

Faltazos previsibles.
En política hay faltazos de determinados partidos que no llaman la atención y son perfectamente previsibles con mucha antelación. Por ejemplo, que el PRO-Cambiemos no estuviera en las marchas del 24 de marzo por el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, a nadie le llamó la atención. Al revés, hubiera sido un acontecimiento inusual ver a Macri, Pinedo, Michetti y Prat-Gay entrar a la Plaza de Mayo junto a las Madres y Abuelas cantando contra el terrorismo de Estado “Adonde vayan los iremos a buscar”. Algo así es de ciencia ficción y ni siquiera allí se consigue…
Otro tanto con divisar una columna del PRO con globos amarillos en una Plaza como la del 2 de junio, cuando ambas CTA y algunos gremios cegetistas con dignidad se movilizaron contra el ajuste. Muy extraño iba a ser hallar un dirigente macrista allí, tanto como ver una ballena retozando en el Paraná.
Como en el PRO hay muchas mujeres y seguramente algunas han sufrido la violencia de género, no era tan alocado pensar que grupos de ese palo pudieran participar de la multitudinaria marcha “Ni una menos”, el viernes en Congreso, con cien entidades convocantes. No fueron. ¿Será que además de macristas son machistas esas féminas? ¿O son tan obtusas que creen que esas marchas son de la oposición? ¿Piensan que son cosas de negras, K o choriplaneras?
Como sea, son nuevos elementos que dan pie a pensar que el gobierno no solamente perdió en el Congreso una votación clave por la ley antidespidos. También bajó en la consideración pública, por los tarifazos. Fue dañado en su imagen por los fondos presidenciales en empresas offshore. Y finalmente, ha perdido la calle, que nunca fue su fuerte aunque bien que se alimentó de caceroleros en su oposición a CFK. ¿Cómo se remontan tantos pelotazos en contra? Ni el gurú Durán Barba debe saber cómo hacerlo.
7 días espantosos.
El lector puede creer que el cronista se ha ensañado con el gobierno, porque sigue tocando asuntos que lo dejan mal parado. ¿De quién es la culpa de tanta enumeración negativa? ¿Del que provoca esos problemas o de quienes las evidencian?
Esta semana fue pródiga en pésimas decisiones presidenciales, como el decreto 721 que derogó los mayores controles civiles sobre los altos mandos de las Fuerzas Armadas, que venían de tiempos de Raúl Alfonsín.
A partir de ahora esos jefes podrán disponer los ascensos, traslados y retiros de la oficialidad, salvo para los grados superiores, así como disponer en materia de formación, contratando a oficiales retirados (hubo casos de profesores que eran procesados por sus crímenes en la dictadura militar-cívica).
El decreto macrista levantó una ola de críticas en los organismos de Derechos Humanos, que encomiaron los controles habidos desde la restauración democrática hasta aquí. A Macri no le importó, por dos razones: ideológicamente está más cerca de las FF AA tomadas sin beneficio de inventario, que de los mencionados organismos a los que siempre consideró revanchistas, exagerados y un “curro”. El otro motivo del decreto es que el gobierno puede necesitar al aparato militar para nuevas tareas, diferentes a las de estos años, para su articulación al Comando Sur del Ejército norteamericano y el Pentágono, así como en eventuales tareas represivas en el frente interno. Puede ser porque él no piensa irse en helicóptero ni apelar solamente a la Policía Federal y el Estado de Sitio…
Si algo negativo le faltaba a MM fue la reunión especial del Papa Francisco con el juez Casanello, justo el que lo investiga por las empresas y cuentas en paraísos fiscales. El aparato oficialista y Clarín movían los hilos para afectar el prestigio del juez y apartarlo de la causa, y justo el Vaticano le brindó un fuerte apoyo y lo bendijo. A Macri no le sale una bien. Amén.