domingo, 22 septiembre 2019
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Libros que iluminan un tiempo oscuro

En dos días seguidos hubo dos presentaciones de libros con dos salas llenas de público. En una modesta ciudad del interior argentino está pasando algo que no está a tono con los sombríos tiempos políticos y culturales que se viven el país. Pero no fueron los únicos casos. En las últimas semanas y meses tuvieron lugar otras presentaciones similares; otros libros, discos y audiovisuales escritos, grabados y realizados por pampeanos nos hablan de una efervescencia que muestra a una sociedad estimulada y movilizada por el arte y sus creadores.
Y esto ocurre a contrapelo del retroceso de las políticas culturales que el gobierno nacional ha impuesto con su mirada mercantilista y su fervor por los negocios. No es antojadiza esta afirmación. Hay infinidad de escritores, actores o músicos que no se cansan de señalar el empobrecimiento que en la materia impuso el macrismo al país. Teatros semivacíos, televisión tanto pública como privada casi sin ficciones, las industrias del libro y del cine desmoronadas nos hablan de un proceso de destrucción oficial del arte como pocas veces se vio en la Argentina.
Pero hay otro aspecto que merece ser destacado. En nuestra provincia la publicación de libros corre por cuenta de estamentos como el Estado, la Cooperativa Popular de Electricidad, la Universidad y hasta organizaciones sindicales, por no hablar de los propios autores que con frecuencia suelen costear sus propias ediciones. Es una práctica bien alejada de la industria editorial de las grandes capitales que suele apostar a lo seguro, a los best sellers, al marketing de los autores famosos que garantizan enormes tiradas y ganancias.
Que la literatura pampeana sea impulsada de esta forma y con estos actores nos habla de una manera de entender los procesos culturales que no comulga con la visión mercadotécnica. Aquí el barro de la cultura se amasa y cocina de otra forma. Se advierte también en la notable presencia de público que llena salas para acompañar a sus artistas.
Alguien dijo en uno de estos encuentros recientes: «es la resistencia cultural», y es imposible no estar de acuerdo con esa expresión. Al igual que las pioneras del feminismo que batallaron bajo aquella consigna «lo personal es político», hoy y aquí bien podría decirse que «lo cultural es político». Y se manifiesta en estos tiempos como sostén de la identidad regional y, a la vez, como escudo frente a las políticas neoliberales de homogeneización global, de arrasamiento de las construcciones culturales periféricas.
El neoliberalismo es mucho más que una doctrina económica; es también una corriente ideológica, política y cultural que alcanzó una posición hegemónica en todo el mundo. En su altar se sacrifican las señas particulares de las tradiciones regionales, en un proceso acelerado de descarte que opera como una suerte de eugenesia cultural.
Resistir esa prepotencia en el territorio de la creación es esencialmente un acto político. Y así parecen entenderlo los pampeanos que reivindican, divulgan y disfrutan del arte propio.