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Llamado para otra batalla épica

PENSAMIENTOS AISLADOS

Propios y extraños, más unos que otros, conocen la historia de Santa Rosa. Y entre otros aspectos destacados, saben de la enorme tradición cooperativista de la capital pampeana. Hay grandes hitos para citar, desde la generación eléctrica que dio nacimiento a la CPE hasta nuestros días.
Y las situaciones se van repitiendo en el tiempo. De un lado, poderosos intereses privados, vinculados con el capitalismo salvaje que quiere quedarse con la máxima porción del salario del pueblo trabajador, y del otro los esforzados vecinos, que cada uno desde su lugar aportan su granito de arena para vivir en una sociedad mejor, más justa, libre y soberana.
Así se dio allá por en la década de 1930 esa gesta popular por la luz. en lucha contra los abusos de una empresa extranjera que ofrecía un servicio tan malo como caro. Y después vinieron otras, todas marcadas bajo el mismo patrón. Por citar algunos ejemplos, la telefonía fija, el servicio de internet y el de televisión por cable. Todos estos casos parecen ahora naturalizados por los usuarios, que pagan un precio acorde y razonable por lo que reciben. Pero todos podrán recordar la forma en que se manejaba cada uno de esos servicios en manos de los privados, fijando los precios que se les ocurrieran por una prestación que dejaba mucho que desear. La prueba más palmaria de la forma en cómo se quedaban con nuestro dinero y para peor nunca reinvertían en nuestra ciudad, se daba cuando empezaba la competencia cooperativa en cada uno de estos rubros. Como por arte de magia empezaban a aparecer las promociones que de la noche a la mañana permitían «bonificar» el valor mensual a la mitad de lo que se venía pagando. Durante años argumentaron que debían «reajustar costos» debido a la realización «impostergable» de inversiones en nueva tecnología, pero después terminaban ofreciendo descuentos en el preciso instante en el que una cooperativa les demostraba que se podía brindar el mismo servicio y aún mejor, a menor precio. Y con beneficios agregados, como que la nueva prestación genera trabajo local y además permite que el dinero no se vaya ni de la ciudad ni de la provincia.

Largo camino.

El camino es largo, eso lo saben todos los santarroseños. Pero también saben que el logro es posible. Las obras y los servicios están a la vista. También la respuesta ante cada inconveniente. Cuando uno llama no lo atiende una voz extraña y lejana, y si se puede hacer un reclamo presencial, seguramente se va a encontrar con un empleado que además es vecino y tiene toda la predisposición cooperativista para solucionarle su problema técnico.
Las demoradas licencias para seguir sembrando de señales cooperativas a los pueblos pampeanos durante la gestión macrista dan fe de estas cuestiones y pruebas fehacientes para demostrar que mientras puedan seguirán haciendo todo lo posible para trabar cada iniciativa. Sin ir más lejos, recién esta semana, después de cuatro años de gestiones, se consiguió la licencia para prestar el servicio de la TV cooperativa en Catriló.

Histórica lucha.

Todo esto viene a cuento por otros hechos ocurridos durante esta semana. Tal vez pasaron un tanto desapercibidos, pero casi en paralelo se registraron otras dos cuestiones por demás trascendentes.
Por un lado, asumieron las autoridades de la Empresa Pampeana de Telecomunicaciones, más conocida por su sigla de Empatel. Una idea que venía de hace largo tiempo, que se comienza a materializar por estos días. El objetivo es claro: aunar esfuerzos entre actores provinciales y cooperativos para ofrecer un servicio de calidad y precio justo. Hay una fibra óptica y hay infinidad de servicios que atender, con el objetivo de achicar la brecha digital, siempre pensando en mejorar la calidad de vida de la población pampeana.
Por otro lado, prácticamente en simultáneo, el presidente de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa hizo pública su preocupación por la falta de avance a nivel nacional de todas las gestiones que tienen que ver con la prestación del servicio de telefonía móvil. Es claro: este rubro es uno de los pocos bastiones que le queda al sector privado para hacer su gran negocio por estos lares. Y como se la ven venir, las multinacionales ya han empezado con el viejo recurso de las promociones y los descuentos para retener clientes. De todos modos, saben que es una batalla que tarde o temprano también van a perder.
Aunque suene voluntarista, pareciera que solamente falta que autoridades y vecinos tomen la decisión política para avanzar y presionar con mayor firmeza y así escribir una nueva página con otro hito en la larga trayectoria cooperativista. La historia nos vuelve a llamar, y esta vez parece que es por celular…
DANIEL ESPOSITO