Lluvia de fuego

I – “Apocalipsis”, “infierno”; las palabras hablan por sí solas y dan cuenta del estremecimiento que provocan los grandes incendios en nuestra provincia. En algún momento hubo 80 focos ígneos vivos lo cual da idea de la magnitud que alcanzaron ahora. Nuestra provincia es ducha en fuegos; no hay verano que no arda la tierra por los calores “infernales”, los pastizales secos, los fuertes vientos y las lluvias de rayos. Aunque no siempre en las proporciones “dantescas” que se vieron por estas horas.

II – La pampa argentina es una de las llanuras de pastizales más extensas de todo el mundo. Hay muy pocas que puedan rivalizar con ella. Una de las teorías que explica el origen de estas enormes regiones con gramíneas y sin árboles, sostiene que el “culpable” es el fuego. Los científicos de la naturaleza piensan que periódicos y grandes incendios barrieron con la masa forestal y modelaron estos territorios que hoy son los principales proveedores de alimentos de la sociedad global.

III – El humano apareció mucho después en la escala del tiempo; invadió estos territorios tan pródigos en agua y comida para instalarse, inventar la agricultura, abandonar el nomadismo, levantar ciudades y alcanzar un desarrollo cultural como nunca antes. Pero el fuego, ese ser que llevaba millones de años instalado en la llanura, no iba a ceder tan fácil su señorío. Periódicamente vuelve en malones imparables para recordarle al homo sapiens quién llegó primero.

IV – Sirva esta breve introducción para intentar desentrañar la cantidad “infernal” de cosas que se dijeron a propósito de los grandes incendios de este verano que afectan a varias provincias argentinas. De paso, el fuego no respeta fronteras políticas, esas líneas de los mapas que para la naturaleza son menos que nada. Uno no espera demasiado de algunos políticos, es cierto, muchos de ellos son más destructores que los incendios y han dejado esta tierra peor que carbonizada y con infinidad de sufrientes quemados. Pero al menos deberían mostrar algún empeño en aprender cómo evitar convertirse en oportunistas parloteadores.

V – La TV suele mostrarnos grandes catástrofes en todo el mundo que afectan a miles de personas y provocan cuantiosos daños materiales. Pero también la -por lo general- inmediata reacción de las máximas autoridades para hacerse presente en esos lugares dolientes. Acá, desde Nación solo aterrizó el ministro de Ambiente, muchos días después de iniciado el fuego y cuando ya había pasado lo peor. Trajo mucho “aliento” y pocas “soluciones” -es decir, respaldo económico- para los expectantes, y abundantes, afectados. Eso sí, prometió que “iba a trasladar” los pedidos como si antes que ministro fuera un simple delegado. ¿El presidente y los otros ministros? Bien gracias. De vacaciones, mirando por TV y tuiteando mensajes.

VI – El mundillo político pampeano también tuvo lo suyo. El fuego despertó el ardor por la polémica y hubo fuertes cruces entre funcionarios provinciales y diputados y dirigentes del macrismo. Ni siquiera tuvieron la delicadeza de aguardar que cedan las llamas. Sintiéndose más importantes que los brigadistas y bomberos que le pusieron el cuerpo al fuego se lanzaron con imputaciones cruzadas sobre si Nación ayudó mucho, poquito o nada, o si es más importante la “emergencia” que la “urgencia”. Si así empieza el año electoral…

VII – Un dato nada menor pero que pasó desapercibido entre tanto ruido lo soltó el subsecretario de Agricultura. Dijo que Nación todavía no envió ayuda económica a La Pampa por las enormes inundaciones que afectaron el norte provincial. Si eso es cierto contrasta con el fuerte aporte dinerario que acaba de recibir la Provincia de Buenos Aires para irritación de muchos gobernadores. Parece que el apoyo económico es solo para algunos mientras que otros se deben conformar con el apoyo “moral”.