Lo que se muestra y lo que se oculta

Los índices que reflejan la calidad de vida de la mayoría de los argentinos siguen mostrando un descenso implacable. Se acaban de conocer algunos datos que corroboran esa tendencia, como las ventas por el día del padre y el turismo en el último fin de semana largo. En el primer caso la caída general en las operaciones comerciales se ubicó en el 7,5 por ciento con relación al año pasado, según informó la cámara nacional que nuclea a las Pyme. También bajó sensiblemente el promedio del gasto familiar para esa fecha porque se vendieron menos unidades y, además, de menor precio. En cuanto a la actividad de los destinos turísticos, si bien no puede compararse con el año pasado porque no hubo fin de semana largo para este feriado, sí puede hacerse con relación a 2013. Y ahí se nota que el descenso fue abismal: ese año se registró un movimiento turístico en todo el país de 1,2 millones de personas frente a los apenas 610 que viajaron ahora.
Otro dato relevante que acaba de conocerse es la gran caída del valor de las jubilaciones. De mayo a septiembre -el período semestral que se considera para otorgar uno de los dos aumentos anuales, según lo dispuso el gobierno anterior- se registró una inflación minorista del 35,8 por ciento, mientras que el aumento a los jubilados dispuesto por el macrismo fue de solo el 15,3 por ciento. Esa diferencia de 20 puntos entre el incremento de los precios y el de los haberes jubilatorios está indicando que el poder de compra de los pasivos retrocedió una quinta parte. Se trata de un sacudón muy pocas veces visto en la historia reciente del país.
Estas pésimas noticias que delatan la pérdida en los niveles de bienestar de quienes no pertenecen al selecto club de los más pudientes apenas figuran en la agenda de los grandes medios aliados del gobierno. En las pantallas televisivas de los grupos mediáticos más poderosos solo hay lugar para los traslados de un corrupto ex funcionario kirchnerista que es paseado debajo de un casco y un chaleco antibalas, como si se tratara de un narcotraficante, en una estudiada puesta en escena destinada a amplificar el efecto de rechazo en la teleplatea.
El efecto demoledor que ha tenido en la oposición kirchnerista la captura del ex secretario de Obras Públicas de la Nación, sorprendido in fraganti con millones de dólares, armas y otros valores en su automóvil, viene siendo usado por el oficialismo con el imprescindible auxilio de la prensa porteña, para seguir avanzando con medidas que premian y castigan muy selectivamente a la sociedad. El blanqueo de capitales sin restricciones para los contratistas del Estado, o la pronunciada baja del impuesto a los Bienes Personales, que pagan más los que más tienen, son solo los ejemplos más visibles.
El kirchnerismo ha sido golpeado debajo de su línea de flotación. No es para menos, los bolsos de dinero encontrados en manos de un ex funcionario salpican como nunca antes a toda su gestión, a pesar de que la escena del crimen es un compendio del grotesco. Las explicaciones deficientes de quienes fueron superiores del hoy encarcelado ex secretario oscurecen las cosas en lugar de aclararlas. Esa omisión se complementa con la sobreactuación patética de quienes se dicen horrorizados por esta escena como si no hubieran conocido -y hasta protagonizado- hechos de corrupción, tanto como funcionarios o como contratistas del Estado.
Con la lógica binaria que caracteriza el discurso televisivo, se degrada el debate político y se lo encamina hacia el objetivo primordial: esconder los temas incómodos, molestos; no mostrar los acontecimientos que dejan mal parado al gobierno. La obscenidad manifiesta de este caso de corrupción que se acaba de destapar, facilita esa operación de encubrimiento de una realidad múltiple y compleja.

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