Los cuadernos y la agenda periodística

"SALE APORTANTES TRUCHOS, ENTRA CUADERNOS"

Te clavaron la agenda. Te dijeron de qué vas a conversar los próximos días. Aunque estalle una garrafa y mate a dos docentes, o veas más gente durmiendo en las calles.
CARLOS CARAMELLO
“Los medios no determinan cómo pensar, pero sí en qué pensar”, Bernard Cohen.
“Sale aportantes truchos, entra Cuadernos”, escribí en Twitter cuando La Nación decidió sacar de la fiambrera un tema que -se trasluce de lo que escribe el periodista que, además, llevó las fotocopias a la Justicia-, hacía rato que tenían en el gancho. El resto es anecdótico, casi. El chofer arrepentido; los empresarios detenidos arrepentidos; las víctimas arrepentidas (?), los funcionarios detenidos sin oportunidad de arrepentirse. Cruce de acusaciones en un sumario que, al menos en lo formal, aparece como secreto.
“La noticia periodística es una construcción de la realidad que existe en función de que la comunicación permite disponer de un mecanismo de relación (de interacción) entre los individuos”, nos explicaba el semiólogo Eliseo Verón, y agregaba que “El sentido de credibilidad de un discurso periodístico se cruza con otras series de verosímiles culturalmente compartidas que permiten su legitimación. La noticia es un discurso verosímil”.

Te la debo.
Es decir que el padre de “La semiosis social” advertía que el relato que creaba la realidad tenía que estar sostenido por verosímiles que los lectores compartieran. Pero, claro: Verón ya no está y los medios han adquirido un poder omnímodo, lo que hace que ni siquiera cuiden las formas en las que le van a mentir a sus lectores y escuchadores. Como dice esa blonda diputada que es, en sí misma, una realidad de los medios, “esto es así porque yo te lo digo”. Auto de fe. La verdad… te la debo.
Y lo demás no importa. Ni el verosímil que reclamaba el viejo Verón. Ni la realidad cotidiana que atormenta a muchos ciudadanos (para usar una imagen que también instalaron). Ni nada más que aquello que, ni aún los medios críticos, pueden evitar. Porque, la gente habla de eso. Te clavaron la agenda. Te dijeron de qué vas a conversar los próximos días. Aunque estalle una garrafa y mate a dos docentes. Aunque el país estalle en mil pedazos. Aunque veas cada vez más gente durmiendo en las calles. Aunque los pibes se desmayen de hambre en las escuelas… Lo que importa son unos cuadernos que, por ahora, no existen.

Un tema de agendas.
¿Por qué ahora?, se preguntaría cualquier individuo más o menos inquieto cuando ve que los cuadernos (las fotocopias, en realidad) datan de 2008.
La respuesta es simple: había que cambiar la agenda. La Gran Esperanza Núbil de la República (porque Macri ya no importa: se ha consolidado como víctima propiciatoria de toda esta carnicería. Tanto que ya ha avisado por ahí que se va a vivir a otro país), la Ninfa de Flores mudada a la Base Aérea de Morón, no soportaba una línea más en los medios sobre aportes truchos, lavado de dinero, robo de identidad y la posibilidad de que ni siquiera tuviera los afiliados necesarios para inscribir el partido en la Provincia (lo que sería un fraude monumental). No aguantaba más a intendentes y concejales de su propio espacio declarando que ellos jamás habían aportado ni un centavo. No podía resistir la sonrisa socarrona de Marcos Peña mientras la apoyaba. Ni ella ni los que tienen todas sus fichas puestas a jugarla como candidata de Cambiemos para 2019. Había que cambiar la agenda.
La teoría política dice que existen al menos cuatro tipo de agendas: la social; la periodística, la política y la gubernamental. Y que, aunque a veces se complementen, distan bastante unas de otras ya que los intereses que persiguen son absolutamente diferentes. La agenda social, que reflejaría los problemas, prioridades y preocupaciones de la sociedad en sus diferentes niveles (local, provincial o nacional); la periodística: que es la que construyen los medios masivos de acuerdo a sus intereses; la política: que es la impuesta por los partidos políticos y (sostienen) es “un elemento fundamental para un régimen democrático” y la gubernamental: que es la del conjunto de problemas que se conocen como políticas de estado.

La teoría atrasa.
La teoría política se equivoca. O, mejor dicho, atrasa. Al menos por estos lares. En Sud América, la agenda periodística se sobre imprime en el resto de las agendas. Determina las preocupaciones de los pueblos, le ordena las políticas a los gobiernos y desvanece cualquier idea de partidos políticos. En Brasil, en Colombia, en Chile y aquí, en esta bendita Argentina.
Thomas Patterson, uno de los más importantes analistas de medios de Estados Unidos advierte que “la sociedad pide a los medios de comunicación que no sólo denuncien los hechos censurables, sino que también tengan un rol protagónico en la fijación de la agenda pública”. Sin embargo, sostiene Patterson, “los medios de comunicación masiva no están diseñados para organizar la opinión y el debate públicos”, y transfiere esta responsabilidad a las instituciones políticas.
Pero los hombres y las mujeres que representan estas instituciones no siempre están dispuestos a organizar nada. Y mucho menos si los medios de comunicación masiva los aprietan con copiosas carpetas, clausuradas puertas de placares o esqueletos de antiguos muertos.

Lo que importa.
Y entonces los medios, y sus agendas, y sus intereses, te organizan la vida. A través de cámaras ocultas, reportajes indirectos, imágenes editadas repetidas hasta el cansancio, encuestas amañadas, entrevistas a supuestos testigos que reservan su identidad y editorialistas serios que, con caras impertérritas, te dicen barbaridades que un niño no creería, los medios concentrados, a fuerza de expansión y reiteración de estas herramientas, moldean la realidad en el imaginario colectivo. Es decir: “la construcción de la noticia, construye la realidad”. Y ésta, marca la cancha del discurso social.
Cuentan las pésimas lenguas que Samuel “Chiche” Gelblung dijo, alguna vez: “No dejes que la verdad te impida hacer una buena nota”. De ser así (y yo no dudo que lo sea), en poco tiempo más, el Pulitzer deberá ser renombrado Chiche Prize, o Premio Gelblung. Porque lo que importa no es la verdad, ni la realidad… ni siquiera la posverdad. Lo que importa es la agenda. (La Tecl@ Eñe).