Los dos actos del 25 de Mayo

No pudo ser mayor la diferencia que hubo entre los dos actos que conmemoraron el 208° aniversario de la Revolución de Mayo en la capital del país. En la Casa Rosada y la Catedral el presidente de la Nación y su gabinete cumplieron con el protocolo que la fecha indica rodeados de vallas y con un gran despliegue de fuerzas de seguridad ante la ausencia absoluta de público. En el Obelisco y la Avenida 9 de Julio, en cambio, se reunió una multitud convocada por organizaciones sociales, gremiales, políticas y figuras de la cultura que, en un clima de gran fervor popular, reivindicaron la fecha patria y rechazaron a viva voz el regreso al Fondo Monetario Internacional dispuesto por el gobierno.
Cuesta encontrar en la historia de nuestro país un acontecimiento que muestre, como lo hizo el que se vivió ayer, un contraste tan categórico entre los representantes gubernamentales del pueblo por un lado y, por el otro, el propio pueblo. Y más todavía en el marco de un aniversario tan caro al sentimiento y a la historia de los argentinos.
Ni el marketing ni las operaciones mediáticas pudieron disimular esta vez la enorme distancia que se ha abierto entre ambas partes. Las imágenes de los dos actos son demasiado elocuentes y tornan inútiles los discursos justificatorios que van a llegar desde los voceros oficiales y desde tantos medios de comunicación adictos que siempre operan como guardaespaldas del macrismo. De paso, no está de más mencionar que la cobertura periodística de la gran concentración ciudadana que tuvo lugar frente al Obelisco fue seguida con detenimiento por un solo canal de noticias. Otros dos apenas lo mostraron con algunas salidas esporádicas, mientras que el canal informativo del Grupo Clarín ignoró casi por completo el principal acto político de la jornada. No deja de ser comprensible ya que sus móviles se hubieran encontrado con una concentración enorme sin figuras políticas convocantes en primer plano, con la lectura de un documento crítico hacia el gobierno y con un abanico muy amplio de sectores sociales en el lugar. Es decir, lo que menos le interesa mostrar a la corporación mediática más poderosa del país y que opera como una guardia pretoriana del macrismo.
El gobierno debería tomar nota de lo que está sucediendo en la sociedad. Sus medidas económicas son cada vez más cuestionadas por una creciente mayoría de la población que comienza a darse cuenta que, invariablemente, apuntan a beneficiar a las minorías más opulentas mientras perjudican a los sectores populares: reforma previsional, actualizaciones salariales con un cepo estricto muy por debajo de la inflación, incrementos desmesurados de las tarifas que se tornan impagables para amplias capas sociales, despidos en masa en organismos públicos… Y ahora, como frutilla del postre, y desmintiendo todas las declaraciones oficiales, este regreso al FMI que no augura nada bueno para quienes no pertenecen a la elite económica. Está muy fresca la memoria de sus anteriores incursiones y los desastres sociales que provocó. Ayer la calle lo dijo sin tapujos al manifestarse en contra de esta nueva postración ante el gendarme de las finanzas globales.