Los fabricantes de mentiras

En un mismo día dos famosos periodistas del Grupo Clarín -Jorge Lanata y Daniel Santoro- quedaron al descubierto por sus mentiras. Y no por aclaraciones formuladas en otros medios sino por un fallo judicial y un testimonio ante un tribunal.
El financista Federico Elaskar fue contundente en su declaración durante el juicio que se sustancia contra Lázaro Báez por lavado de dinero. En su exposición relató que Lanata y el gremialista Luis Barrionuevo lo incitaron a mentir en lo que calificó como “una operación contra Cristina (Kirchner), porque querían instalar que el dinero era del kirchnerismo”. Expresó ante los jueces que, aprovechándose de su vulnerabilidad y su juventud -tenía 25 años-, el periodista y el gremialista le hicieron creer que Báez lo quería “matar”.
En las audiencias están quedando en expuestas las mentiras que el Grupo Clarín y otros medios porteños publicaron sobre “La Rosadita”, a la que presentaron como una “cueva” financiera cuando, en realidad, funcionaba bajo todas las exigencias de la ley al punto que grandes empresas como Iecsa (que el presidente Mauricio Macri le vendió a su primo Angelo Calcaterra) operaba con esa firma.
El otro gran embuste periodístico fue desnudado por una sentencia judicial del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi que demostró que el diputado Máximo Kirchner y la ex ministra de Defensa, Nilda Garré, no tenían una fortuna de 61 millones de dólares depositados en bancos de EE.UU. y las islas Cayman. Semejante acusación se había publicado en una “investigación” de Santoro que mereció el principal titular de tapa del diario Clarín en plena campaña electoral del año 2015.
Pero no fueron estos dos los únicos papelones que sufrió el mayor grupo mediático del país. También ayer se conoció que la Justicia condenó a Infobae y el canal TN de noticias por denunciar a una ciudadana de agredir al presidente de la Nación en un acto realizado en Mar del Plata. La mujer es de Buenos Aires y nunca estuvo en el acto, por lo cual querelló a los dos medios por la mentira difundida.
Esta seguidilla de revelaciones de “fake-news” (noticias falsas) no hace más que poner al descubierto cómo las grandes corporaciones mediáticas del país han decidido abandonar el ejercicio del periodismo para convertirse en operadores políticos. Uno de sus hombres, recientemente fallecido, lo admitió cuando dijo que durante el gobierno kirchnerista habían practicado lo que definió como “periodismo de guerra”. El uso de la mentira a gran escala forma parte de esa estrategia, que no ha variado a pesar de la derrota electoral del kirchnerismo, un resultado que, en buena medida, tuvo lugar merced a esos “servicios prestados”.
La serie de operaciones y mentiras difundidas en los últimos años es abrumadora. A las que se mencionan en esta columna pueden sumarse, entre otras, la acusación contra Aníbal Fernández, a escasos días de las elecciones de octubre de 2015, de ser el autor intelectual del triple crimen de la efedrina en el programa conducido por Jorge Lanata y que contó con la participación de Elisa Carrió; la imputación a Axel Kicilloff de cobrar un sueldo de 400 mil pesos en YPF cuando era ministro de Economía; la acusación de Miriam Quiroga -quien luego se desdijo ante un juez- sobre los famosos “bolsos con plata”; la búsqueda infructuosa de “dinero K” en las islas Seichelles; las bóvedas en la casa de Cristina Kirchner…
La lista es mucho más extensa y no se agota en estos pocos ejemplos, pero alcanza para revelar la magnitud que ha alcanzado en nuestro país el uso de la mentira en los medios concentrados y cómo se la utiliza en el campo de la política para embarrar la imagen de quienes no se allanan a sus intereses, beneficiar a los que se ponen del lado “correcto” y disciplinar a los que todavía dudan.