viernes, 20 septiembre 2019
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Los libros de la buena memoria

DOMINICALES

Esta semana, más precisamente el 23 de abril, se celebró internacionalmente el Día del Libro. El magnífico artefacto cuya muerte vaticinaban los ciber-profetas hace apenas diez años, goza de una salud estupenda, como seguramente lo demostrará la nueva edición de la Feria internacional que anualmente se celebra en Buenos Aires, y que acaba de inaugurarse. Pero como siempre en lo relacionado a esta genial invención humana, no todo es lo que parece.

Bardo y manco.
Comencemos por el principio: el día fue fijado por Unesco en 1996, con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La fecha fue elegida por cuanto -se dice- un 23 de abril, pero de 1616, se produjo la muerte simultánea de dos de los más grandes escritores de la historia humana: el español Miguel de Cervantes Saavedra, y el inglés William Shakespeare.
Sin embargo, los registros confiables existentes demuestran que Cervantes murió en realidad un día antes, el 22 de abril: el 23 sería la fecha de sus exequias. Y en cuanto a Shakespeare… la verdad es que, como en aquellos años Inglaterra no se guiaba por el calendario Gregoriano, sino por el Juliano, el día de su muerte para nosotros fue en realidad el 3 de mayo. En cualquier caso, no fue el mismo 23 de abril que en España. Algo similar ocurre con la Revolución Rusa «de octubre», que para nosotros, en realidad, ocurrió en noviembre.
En cualquier campo científico más o menos riguroso, estas discrepancias deberían ser corregidas de algún modo. Sin embargo, cuando se trata del libro y su embrujo -en particular, en el campo de la ficción literaria- no hacen más que alimentar el terreno de ambigüedad en que florecen las mejores obras.

Príncipe y caballero.
Tomemos por caso los dos personajes más célebres de Cervantes y Shakespeare: El Quijote y Hamlet, respectivamente. Un príncipe huérfano en la Dinamarca medieval parece tener pocas semejanzas con un lector compulsivo español, que decide adoptar la personalidad de un caballero andante, el equivalente para la época de los actuales superhéroes de historieta.
Sin embargo ambos héroes -uno trágico, el otro cómico- comparten una visión catastrófica del mundo que los rodea, que los lleva a la locura. Y en medio de su delirio, estos supuestos dementes pueden observar y caracterizar aspectos de la naturaleza humana que raramente logró desnudar la literatura, en cualquier época histórica.
Cuatro siglos después, estas obras clásicas continúan resistiendo lecturas y relecturas, del mismo modo que la sabiduría de sus autores continúa deslumbrado. Ello ocurre no «a pesar de», sino precisamente, «debido a» ese derrotero al filo de la navaja entre la realidad y el delirio.

Literatura y política.
Curiosamente uno de los protagonistas de la semana pasada -conjuntamente con ese otro personaje ficticio llamado «dólar»- ha sido un libro. Un libro que aún antes de estar disponible para la compra, y en medio de una crisis económica galopante, ya se encontraba agotado. Como agotados estamos los argentinos de escuchar comentarios de gente que no lo ha leído.
El libro se llama «Sinceramente» y su autora es una ex presidenta argentina a quien algunos vaticinios ven el año que viene ocupando nuevamente el sillón de Rivadavia, mientras otros pronósticos -o quizá deseos- la ven tras las rejas como su par brasileño el héroe trágico «Lula» Da Silva.
Aún cuando el contenido de esas seiscientas páginas se ha conocido sólo en forma muy fragmentaria, los comentarios han sido increíblemente abundantes. Desde el diseño de tapa hasta el título, desde el hecho de que su publicación tomara por sorpresa a un gobierno tan dado al espionaje, hasta los chistes sobre la alegada dificultad que tendría el oficialismo nacional con la lectoescritura, la publicación ha provocado un impacto publicitario inmejorable. En buena parte, gracias a sus detractores.
Y hete aquí que la ambigüedad vuelve a colarse en la historia de este, como de tantos otros libros. Y el chiste es que la autora no ha anunciado todavía su intención de presentarse como candidata a la presidencia. De hecho, hace meses que casi ni opina sobre la realidad nacional. Pero ahora, la presentación de esta obra se transformará en un formidable hecho político, que la colocará aún más en el centro de la escena.
Tal parece que en la campaña electoral en curso, se ha colado un personaje inesperado. Hay un libro que comenzará a recorrer escenarios, haciendo campaña en favor de su autora. Argentina es, al fin, un país literario.

PETRONIO