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Los límites del marketing

«Es la economía, estúpido», le dijo Bill Clinton a George Bush (padre) en 1992 durante la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de Estados Unidos. Las mismas palabras, exactamente, caben hoy para explicarle al gobierno argentino las razones de su aplastante derrota en las PASO de este domingo.
El desconcierto, la ausencia de autocrítica y la descortesía de no saludar al triunfador fueron, además de sus palabras: «vayan a dormir», lo que más se recordará de la intervención del presidente de la Nación aquella noche. En su mente no alcanzaba a procesar semejante derrota electoral por un margen tan amplio que nadie previó. La dependencia del marketing, de la ingeniería de los focus group, de la intervención sin escrúpulos en las redes sociales, del blindaje de los grandes medios dejó un resquicio por donde se coló la causa primordial de este resultado que descolocó al macrismo: la economía.
Como dijo un analista: «los mercados no votan, votan los ciudadanos». Y eso fue, precisamente, lo que las usinas publicitarias macristas pretendieron ignorar. Grave error. La economía viene pegando muy fuerte en los sectores sociales mayoritarios, en las clases medias y bajas, aunque la indiferencia por el sufrimiento de tanta gente, la insensibilidad por el otro, impidieran verlo a un gobierno que estiró demasiado la cuerda confiado únicamente en las estrategias comunicacionales.
El castigo fue demasiado impiadoso y agotó la paciencia de un electorado que había acompañado al macrismo en 2015 y en 2017. Tantas promesas incumplidas no podían volver a pasarse por alto: inflación, pobreza, devaluación, Ganancias, tarifazos, viviendas, unir a los argentinos… despertaron un cúmulo de expectativas tan altas que cuando fueron destrozadas por la realidad y la mentira quedó expuesta de manera tan brutal la reacción no se demoró en llegar. Y lo hizo en las urnas, en estas PASO, con la contundencia de un tsunami.
Otra frase que cabe como anillo al dedo en esta ocasión: «No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo». Tarde lo aprendió el macrismo confiado como estaba en su relato tan alejado de la realidad. La antipolítica fue puesta en su lugar por la política: el marketing por sí solo no alcanza para gobernar, apenas para ganar un par de elecciones. Buen ejemplo el que muestra hoy la Argentina al continente, al que muchos pretendieron ver rendido definitivamente ante el avance de la restauración conservadora fogoneada por Estados Unidos.
En cuanto a la elección en La Pampa no hubo cambios significativos con relación a los resultados de mayo. El frente encabezado por el justicialismo volvió a ganar con holgura si bien el candidato radical tuvo una mejor performance a pesar de haber afrontado el desafío en una soledad desconcertante. Y esto tanto por parte de su propio partido como de sus socios del PRO, quienes hasta le retacearon la estructura de fiscales necesaria para afrontar la partida.
El PJ ratificó su fortaleza y volvió a recibir el apoyo de un electorado extrapartidario que castigó en las urnas la evidente discriminación política y económica que el gobierno nacional aplicó sin miramientos contra los pampeanos.