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Los negacionistas entre nosotros

La pandemia de coronavirus que se extendió por todo el planeta ha provocado hechos e interpretaciones verdaderamente sorprendentes. Desde ya que no faltan las visiones catastrofistas, surgidas de religiones o de sectas, que vaticinan finales apocalípticos, pero al margen de estas exégesis -frecuentes cuando irrumpe una anomalía en el cielo o en la tierra- también hubo ocurrencias asombrosas, tanto por sus protagonistas como por su índole.
Un ejemplo es el de los pretendidos estadistas, y no de países pequeños, como Trump o Bolsonaro, que en medio de cantidades pavorosas de muertos y enfermos recomiendan medicamentos descartados por la ciencia y hasta peligrosos, tanto que ya causaron infinidad de víctimas.
Otro rasgo sorprendente, rayano en lo patológico, lo constituyen las no pocas personas que dicen que «no creen» en la pandemia. Suelen convocar a multitudes en la vía pública, y en varios países del mundo, a pesar de las cifras inquietantes de muertos y contagiados. Se niegan a dar por cierta la existencia de la epidemia, hablan de conspiraciones internacionales y de otras fantasías paranoicas, pero lo más peligroso es que tal convicción los lleva a ignorar y despreciar las medidas de protección para evitar el contagio.
Es sorprendente ver que en sociedades tenidas por cultas o avanzadas campean estas ideas afiebradas y se manifiestan públicamente. Los sociólogos -y los políticos- van cobrando conciencia de los peligros de esta postura que sigue prosperando pese a las evidencias de millones de muertos e infectados en todo el mundo.
En nuestra provincia el fenómeno tiene características desconcertantes. Bien puede decirse que La Pampa fue una de las provincias que mejor se preservó del Covid-19, al menos hasta que la ola masiva de contagios se desplazó hasta el interior del país. Basta con observar las calles ciudadanas o pueblerinas para advertir que la mayoría de las personas observa las recomendaciones básicas para prevenir contagios.
Sin embargo es evidente que en la sociedad pampeana también existen núcleos que comulgan con las ideas negacionistas como lo refleja la crónica diaria de los medios. Por no citar ejemplos más lejanos en el tiempo, solo en las últimas semanas se registraron varias intervenciones de las autoridades por denuncias de reuniones sociales clandestinas con participación de decenas de personas que se desbandan ante la presencia policial.
Resulta difícil de entender pero los hechos son innegables. Tratándose de gente mayoritariamente joven sería bueno investigar cuáles son las razones de fondo que conducen a semejante falta de solidaridad en un momento tan grave para la sociedad.
Los números de contagios en la provincia se mantienen elevados a pesar de haberse implantado la fase dos desde el 15 de octubre en Santa Rosa y al día siguiente en General Pico. En principio las medidas restrictivas se adoptaron por diez días aunque luego se prorrogaron hasta el 3 de noviembre en virtud de que la pandemia no dio signos de ceder. Ni siquiera frente a este panorama tan preocupante parecen disminuir las conductas indolentes de muchos que prefieren no ver los riesgos, personales y sociales, que asumen.