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Los pelotazos en contra

La agenda de los pampeanos sigue bailando al ritmo de la pandemia. Este nuevo regreso a la fase dos en Santa Rosa nos coloca frente a un escenario que ya había sido anticipado por las autoridades sanitarias. Ninguna decisión está descartada, las evaluaciones corren día a día y se adoptan en función del teatro de operaciones. La medida se veía venir luego del incremento notable de contagiados que se registró a lo largo de la última semana. En verdad, no es tan distinto a lo que viene sucediendo en el resto de la provincia con otras localidades; la diferencia es cuantitativa: la capital tiene un peso poblacional muy superior.
En la conferencia de prensa el gobernador y el ministro de Salud fueron claros al identificar la causa del salto de infectados: las reuniones sociales. Y si bien se mostraron diplomáticos, se refirieron a las «reuniones sociales» -léase convocatorias en la vía pública para llevar a cabo reclamos políticos contra los gobiernos provincial y nacional-. El jefe de gobierno también habló de los que se reúnen en puntos limítrofes de la provincia para exigir la apertura del tránsito. Apeló a una descripción que a esta altura de las cosas debería estar fuera de todo debate: estamos rodeados de provincias con altos niveles de contagio y resultaría muy nocivo para los pampeanos liberar la circulación de personas entre las jurisdicciones vecinas.
Un cambio no menor que hoy se advierte es que se comenzó a hablar de temas que no eran motivo de preocupación hasta ahora: el nivel de ocupación de camas y el estado anímico y general de los trabajadores de la salud que son los que están realizando, por lejos, los mayores esfuerzos en la lucha contra la pandemia. Conviene no subestimar este punto. Si bien las autoridades de la Provincia como del Hospital Molas no dudaron en destacar la «alta moral de la tropa» es sabido que la actitud negligente de un sector -minoritario pero muy ruidoso- de la sociedad conspira contra este activo de enorme valor. Los grupos que salen a la calle sin cuidarse ni cuidar al prójimo, que niegan la gravedad de la pandemia, que exaltan la «libertad individual» por encima de todo compromiso con la comunidad son, como se dice vulgarmente, «un pelotazo en contra». La antítesis de la responsabilidad social. Contra estas expresiones tóxicas también hay que luchar, como si no fuera suficiente la batalla que está presentando el coronavirus y que desafía a los gobiernos de todo el planeta.
En Europa los países más desarrollados están regresando a fases restrictivas de circulación ante un rebrote muy preocupante del virus. En París, nada menos, se está aplicando el toque de queda. Frente a esa realidad, ¿qué pueden alegar los terraplanistas locales con sus consignas premodernas contra las vacunas y los cuidados sanitarios, que se despliegan en la provincia y el país?
Quizás la mejor respuesta llegó de dos voces autorizadas que pertenecen a dos espacios políticos antagónicos: el ministro de Salud de la Nación y su par de la Ciudad de Buenos Aires. Ambos insistieron en una cuestión central que ya -también- debería estar fuera de discusión: el aislamiento social sirve, y cumple un rol sanitario clave.