Los que buscan descifrar qué sigue a una elección

Señor Director:
En más de una ocasión he hablado en estas notas de mi modo de vivir una elección política. En una ocasión resultó una oda a mi libreta de enrolamiento, por recordar que me había acompañado desde los 18 y que daba fe de mi participación regular en estas convocatorias.
Ahora esa libreta duerme su sueño final. La ha reemplazado un cartoncito pequeño, plastificado, donde van mi imagen y mis datos personales. Nada que reemplace las decenas de hojas de la libreta, a las que inicialmente presté poca atención, pero más tarde leí con detenimiento por apreciar el esfuerzo del ente emisor (el Estado) por ponerme al tanto de la naturaleza del mundo al que ingresaba a partir de la mayoría de edad. Uno no cambiaba de toga a los 18, pero era invitado a ser habitante de otro espacio y esto hacía comprensible que los romanos quisiesen marcar tales momentos y sus responsabilidades, con el uso de una vestimenta diferente. Al pensarlo a la distancia de los siglos, me dije que la toga vestía e investía. Daba otro estatuto. Instalaba en el mundo humano. En mi tiempo la libreta hacia esa tarea.
Si bien no tengo militancia desde mi ingreso a la mayoría de edad, luego de una muy juvenil, siempre he tenido definición política y, por eso, me obligo a acudir a las citas
eleccionarias. Tengo en cuenta que el hombre es un “animal político”, según la definición que dieron los griegos.
En estos años me he interesado en leer los comentarios pos eleccionarios, sobre todo cuando puedo acceder a lo que dicen los comentaristas que respeto. Que nunca son muchos y menos en estos tiempos del reinado de la posverdad, cuando lo esencial de la comunicación ha quedado en rehén de quienes compran una empresa periodística y la utilizan para fines contrarios a los imaginados.
Con respecto a la elección del pasado domingo, el tipo de análisis que me atrae es el que da cuenta de buena formación histórica y un grado importante de objetividad, aunque no impide que se dejen conocer las preferencias personales. Siempre se tienen preferencias y es bueno ponerlas en claro como una manera de atarse a la responsabilidad profesional ante un lector que hay que presumir interesado en hacerse una adecuada composición de lugar.
El analista al que quiero referirme ahora comienza por advertir que lo habitual es que las primeras elecciones de medio término favorezcan partido o alianza que ha llegado a ser gobierno dos años antes. En consecuencia, ve como normal que el éxito haya acompañado al gobierno. Al mismo tiempo, se pregunta si la opinión que no acompaña al gobierno ha dejado una señal de lo que propone o espera. En este sentido, ve que el núcleo más fuerte de la oposición se ha expresado claramente en favor de la que fuera presidenta hasta 2015. Dice en consecuencia que “el fenómeno de estas elecciones se verifica a dos puntas: el único oficialismo es Cambiemos y la fuerza opositora clara es Unidad Ciudadana”. Otra observación es que quienes se ofrecieron como alternativas a estas dos opciones no han obtenido buen rédito. El “macrismo crítico” del gobierno de Córdoba y del gobernador de Salta tendrán que reorientar sus alianzas. Además, que todos los proyectos presidenciales que se produjeron dentro del peronismo en estos años, quedaron muy atrás. El analista (Luis Bruschtein) no hace conjeturas acerca de cómo evolucionará la opción opositora más fuerte y los apoyos que le será posible obtener (dentro del pan peronismo y fuera de él).
Por mi parte, tiendo a destacar que la forma en que el peronismo pampeano pudo cambiar, en dos meses, un resultado electoral adverso en otro favorable, es un hecho significativo, logrado a partir de haber alcanzado un grado desconocido de integración de las diversas tendencias. Otro tanto sucedió en San Luis. Ambos casos merecen un análisis más detenido, puesto que constituyen un fenómeno no habitual y deben tener más de una causa.
Atentamente:
Jotavé