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Los que creen ser dueños del agua

El descuido que muestran los gobiernos centrales contra los intereses de la provincia de La Pampa a lo largo de su historia acaba de tener una nueva manifestación: la Nación firmó un convenio con la provincia de San Juan para la construcción sobre el río homónimo, de la represa El Tambolar, una obra que forma parte del sistema de aprovechamiento múltiple que la provincia cuyana realiza sobre aquel río y de la que ya se han levantado cuatro represas: Ullum, La Olla, Caracoles y Punta Negra, todas con un estricto sentido localista.
En ese aspecto los sanjuaninos comparten pensamiento con sus vecinos mendocinos en cuanto a que los ríos que pasan por su territorio son de su exclusiva propiedad y aprovechamiento, un pensamiento curioso y a contramano de los últimos avances técnicos, ecológicos y jurídicos. El río San Juan es el principal aportante a la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, la mayor íntegramente argentina y sobre la cual los gobiernos provinciales que la integran han avanzado desde hace más de un siglo, atendiendo exclusivamente a sus intereses e ignorando el daño sobre el ambiente y la economía aguas abajo.
En otros tiempos, cuando el país parecía atender a la demanda de «bienestar general» que ordena la Constitución Nacional esa cuenca fue considerada como la posibilidad de constituir una vía fluvial que hubiera cambiado la geopolítica del país. Pero los criterios mezquinos y la falta de visión determinaron que un territorio tan grande como Italia, que posee un río más caudaloso que el Colorado, terminara creando un desierto de varios miles de kilómetros cuadrados en el último tramo de recepción de las aguas, es decir en La Pampa.
Esa visión estrecha sobre la cuenca queda acreditada por las palabras de las autoridades nacionales que comentaron la noticia en San Juan: la represa será un elemento generador de desarrollo, creando trabajo y riqueza para los sanjuaninos. Ni una palabra sobre los reclamos de La Pampa, presentados en el más alto nivel judicial del país. El contenido de semejantes declaraciones justifican lo dicho por las autoridades pampeanas acerca de que «el futuro hídrico de La Pampa es sin Macri».
Esa aseveración empalma con la realidad que se vive en el país con respecto al tema: incorporación de la provincia de La Rioja a la concepción de los «ríos propios», deterioro del Coirco en su condición de autoridad de cuenca y falta de interés (o comprensión) de la provincia de Buenos Aires para con el concepto de unidad de cuenca.
En fecha reciente se conoció la decisión de la Corte Suprema de Justicia de trasformar el amparo presentado por La Pampa con respecto al río en un juicio ordinario; la decisión poco agrega de positivo al caso: las obras seguirán adelante y la implementación del juicio seguirá los lentos caminos de la justicia argentina; el final ya lo conocemos: nada se podrá hacer ante los hechos consumados. La «mañana histórica» que dijera el gobernador sanjuanino al recibir al ministro del Interior, que llegaba con la financiación de la obra, también lo será para nuestra provincia, aunque de signo opuesto ya que significará ignorar los derechos que tiene sobre la cuenca.