Los que hablan en nombre de “el mundo”

COMO SALIR DEL POZO AL QUE NOS LLEVO EL MACRISMO

Endeudamiento descomunal, empobrecimiento masivo,
retroceso industrial no son resultado del populismo
sino de prácticas de los amigos de los mercados.
RICARDO ARONSKIND
Se escribió en una publicación financiera: “El mundo, esta vez, sí quiere saber si la sociedad argentina aprendió y optará por el rumbo del desarrollo o volverá a insistir sumergiéndose en otro experimento populista”. El actual experimento -que no es considerado precisamente como “populista” por el mundo- nos regala algunos datos y hechos notables:
1. El stock de automotores fabricados en la Argentina, que se acumula en depósitos equivale a medio año de ventas. Las terminales ofrecen descuentos de hasta el 40% para desagotar el capital inmovilizado.
2. Los cheques rechazados superan en un 75% a los rebotados el año pasado. El fenómeno acompaña la fuerte contracción en las ventas minoristas en todos los rubros.
3. El desempleo ya superó el 9% en promedio nacional. Pero en regiones muy castigadas está en el 11%. Es peor entre los jóvenes y las mujeres.
4. El gobierno debió suspender las licitaciones del Programa Público Privado por inviabilidad en el actual contexto financiero y político.
5. El riesgo país de la Argentina superó los 800 puntos, lo que indica un progresivo alejamiento de los inversores.
6. Se puede observar un fuerte contraste entre las tasas que pagan los títulos argentinos que vencen en 2019 de aquellos que vencen en años posteriores. Se explica porque todos creen que el país estaría eventualmente en condiciones de cumplir sus compromisos externos el año próximo, pero no después.
7. El FMI “liberó al gobierno” de la obligación de proceder en 2019 a las reformas laborales y previsionales. Con clara simpatía política, se postergan reformas que tienen considerable rechazo social, lo que podría afectar las posibilidades electorales de Cambiemos.
Estos datos forman parte de un panorama económico y social muy malo, que sólo es negado en los medios en estrecha relación con el gobierno y el conjunto de intereses que representa.

“El mundo”.
Es probable que para el lector habituado a las publicaciones económicas la expresión “el mundo” le parezca natural. Pero en realidad es uno de los recursos discursivos más ideológicos. Si el mundo es el planeta Tierra, es claro que no quiere saber si los argentinos votarán por el populismo. Buena parte de ese mundo ni siquiera tiene claro dónde queda la Argentina. Si vamos afinando el uso que hace de la palabra mundo la prensa de derecha hasta llegar a una definición más puntual: el mundo es la parte de las finanzas internacionales, las firmas multinacionales -y los gobiernos de las principales potencias- que tienen intereses concretos en la continuidad de la actual gestión macrista. Es decir, se le presenta a los lectores la idea que los poderosos hablan en nombre del mundo, o que directamente son el mundo.

¿La sociedad aprendió?
La pregunta nos la hacemos muchos, pero en muy distintos sentidos. Es claro que una parte de la sociedad es liberal-conservadora, y desde el punto de vista de la pregunta, ya aprendió que siempre hay que estar contra el populismo, o sea, contra los gobiernos populares. Otra fracción, por el contrario, “no aprende más” y seguirá votando por los intereses de las mayorías. Y hay un importante porcentaje indeterminado, que aprende y desaprende por un rato. Seguramente “el mundo” quisiera que estos últimos aprendieran que no deben votar populismo, y que deben seguir apoyando los experimentos “no populistas” como el de la actual gestión macrista.
Por el contrario, otros esperamos que muchos aprendan de la actual gestión neoliberal y que se descarte masivamente la posibilidad de seguir apostando a semejante fracaso y degradación de la vida colectiva.

“El rumbo del desarrollo”.
Hoy la definición sobre el desarrollo puede diferir considerablemente de la de hace 60 años: en el camino sucumbió la idea de que el desarrollo es posible para todos, ocurrió la revolución informática y telecomunicacional, creció la conciencia ecológica sobre los límites de los modelos consumistas y en nuestra región va cobrando fuerza un desafío conceptual a la imitación del estilo de vida occidental: la idea del “buen vivir”. Con esto queremos decir que hoy se requiere una redefinición actualizada sobre en qué consiste desarrollarse.
Pero lo que sí es más fácil de visualizar es en qué consiste subdesarrollarse: deterioro de las condiciones de vida materiales y espirituales individuales y colectivas; retrocesos a situaciones existenciales precarias que parecían superadas en salud, educación, vivienda, protección social; angostamiento de la esperanza en un futuro mejor para próximas generaciones; pérdida de capacidades colectivas para producir, crear y desplegar la propia potencialidad.
Exactamente eso han sido cada una de las experiencias neoliberales en la Argentina. Cuando el comentario del periódico financiero invita a optar por el desarrollo frente a la opción populista, pasa de la reflexión político-económica a la metafísica, ya que se despega completamente de la realidad. En el caso argentino, donde las dificultades para desarrollarse son evidentes, las grandes contribuciones al subdesarrollo las han hecho gobiernos explícitamente anti-populistas.
Los retrocesos industriales, los empobrecimientos masivos, los endeudamientos descomunales no han sido resultados del populismo sino de las prácticas de los amigos de los mercados. Son hechos de la historia, datos de la realidad.

Sumergirse en el populismo.
Es difícil pensar que desde el fondo de un abismo alguien se pueda sumergir en algún lado más profundo. La actual experiencia argentina es de inmersión profunda en el abismo de la desinversión, el endeudamiento inviable y la crisis de toda actividad productiva.
El discurso seudo económico, en nombre del mundo que nos estaría observando preocupado para que no caigamos en el populismo -y suponiendo que el “mundo” y nosotros compartimos intereses y perspectivas-, se replica en diciembre de 2018 en un país que ha sido hundido hasta niveles insólitos e inesperados durante los últimos tres años.
Si este es el paraíso que debe ser convalidado en las urnas para agradarle al mundo, mucha gente va a terminar queriendo sumergirse en el populismo, a pesar de que al mundo no le parezca bien. (Extractado de El Cohete a la Luna).