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Los que tiran para atrás

La muerte por Covid-19 de dos dirigentes pampeanos -uno político, otro religioso- y las últimas cifras de afectados por la pandemia -76 casos y cuatro muertes- nos deben prevenir de los que piensan que, por volver a la fase cinco, ya estamos libres de la peste.
El intendente fallecido que hoy llora la comunidad de Realicó debería hacer reflexionar a quienes en esa localidad organizaron y participaron en reuniones sociales clandestinas y en manifestaciones en favor del levantamiento prematuro de los controles interprovinciales, los que finalmente llegaron en los últimos días con la paulatina flexibilización de los viajes a provincias vecinas. El dolor de un funcionario de la municipalidad realiquense lo llevó a decir lo que otros prefirieron callar: los que no se cuidaron fueron quienes propagaron el virus a quien, por atender y escuchar a todos, finalmente terminó contagiado y pagando con su vida.
Algo parecido, aunque con características sociológicas propias, sucedió en la colonia menonita de Guatraché en donde un ministro de esa colectividad murió a causa del Covid-19. Lo peor es que el fundamentalismo religioso de esa comunidad actúa como un serio obstáculo pues sus integrantes se niegan a aceptar las medidas sanitarias preventivas. Los médicos del sistema de salud pública no pueden desarrollar su labor a pesar de que han constatado la presencia del virus en no pocos individuos y por ello se impuso la fase uno. La resistencia a la ley civil en nombre de un credo religioso no puede ser aceptada, y menos todavía en una situación de pandemia como la actual. La colonia podría convertirse en un nido infeccioso de mucho peligro para toda la zona y eso desbarataría los esfuerzos, que no son pocos, que está haciendo el Estado provincial.
En tanto La Pampa fue epicentro de una de las campañas de mentiras de los grandes medios porteños que se han vuelto adictos a este tipo de operaciones. Sin constatar la veracidad de una denuncia, y además otorgándole mayor entidad deliberadamente, desde el canal de noticias de la mayor corporación mediática del país se afirmó que el gobierno pampeano se desentendió de la suerte de un menor internado en Buenos Aires y de su familia. En verdad, el Estado provincial cubrió el viaje y la internación del menor y de dos miembros de su familia, algo que no hizo la obra social contratada. Desde el Ejecutivo provincial debieron realizar la aclaración ante la divulgación de la fake news. En este caso no se trató de ceguera religiosa -como lo que sucede con los menonitas- sino de fanatismo ideológico; la causa puede ser distinta pero las consecuencias se le parecen mucho: negar la realidad a pesar de las evidencias.
Y una muestra más de la presencia del Estado frente a la pandemia se conoció en las últimas horas cuando familiares de enfermos renales hicieron saber que todas las operaciones de diálisis que se realizan en la provincia se están realizando en establecimientos públicos con el fin de minimizar los riesgos de contagio en el sector privado. Mientras los seres racionales esperan la llegada de la vacuna y valoran los cuidados de la salud pública, los irracionales parecen apostar a ver quién pone el palo más grande en la rueda.