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¿Los radicales se tragarán el sapo?

Pese a los esfuerzos de unidad, el radicalismo pampeano enfrenta en estas horas, como lo adelantó uno de sus dirigentes, al «fantasma del 2017». Esa figura fue definida a partir de la dolorosa experiencia que sufrió el centenario partido pampeano cuando en ese año no pudo conciliar una lista de unidad y enfrentó desunido a su socio el Pro con la consecuencia de perder, por primera vez desde la recuperación de la democracia, su lugar en la Cámara de Diputados de la Nación.
En los cuatro años que pasaron, la dirigencia radical parecía haber aprendido de sus errores y eso se plasmó, días atrás, en la conformación de la lista que agrupó en una sola boleta a quienes en aquél funesto año fueron divididos.
Por eso la llamada «lista de unidad» parecía por fin haber capitalizado cuatro años de aquélla pérdida de presencia en la Cámara Baja nada menos que en manos de su socio menor.
Pero está visto que en el radicalismo a la hora de postular para cargos legislativos muchas conciencias se obnubilan y una suerte de festival de pases de facturas se desatan con fuerza caníbal.
Así, por estas horas, un ex candidato a gobernador y dos veces diputados nacional, cruzó el Rubicón y, como en 2017, hizo una jugada que atenta contra las posibilidades electorales de su propio partido: tejió en secreto, entre gallos y medianoche, una alianza nada menos que con el partido que será rival de la UCR en las PASO y que ostenta la diputación nacional gracias a la estupidez política de los radicales de ir divididos. Por esa jugada se autopostuló como precandidato a senador nacional acompañado como precandidato a diputado nacional, nada menos que por quien el partido radical pampeano considera un oportunista político.
Se trata, en términos políticos, de una jugada de fuerte impacto para la ética partidaria de un partido como el radical donde una suerte de credo político aconseja el renunciamiento personal antes que la acción que atente contra el propio partido. El objetivo de la UCR plasmado en la convención fue el de recuperar ese lugar en la representación del pueblo de la provincia en el Congreso.
¿Qué lleva a alguien que saltó de un modesto pueblo de la provincia al Congreso nacional por dos períodos a atentar contra ese objetivo político y jugar políticamente para legitimar y perpetuar ese «usurpación»?
Las razones podrían rastrearse, seguramente, en rasgos de la curiosa sicología personal que desarrollan algunos políticos.
Pero en esta jugada se mueve algo más que eso.
En la oscuridad, detrás de la escena, pueden adivinarse los enjuagues decadentes de una dirigencia radical nacional que ha entregado el partido a los antojos de la derecha y en contra de las sabias advertencias de Raúl Alfonsín. Una dirigencia que juega sus fichas en La Pampa aliándose con personeros foráneos que no dudaron en intervenir el Pro cuando las elecciones locales en ese partido contrariaban sus intereses políticos.
Es revelador que una y otra jugada tengan el mismo sello. La intervención al Pro pampeano y la patada al tablero de la unidad radical coinciden en pasar por arriba los intereses políticos de ambos partidos en la provincia.
Las elecciones dirán si el estómago de los votantes se traga ese sapo.